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sábado, 5 de septiembre de 2009

Bibliografía básica sobre el horror

Con especial dedicatoria para mis alumnos en el Seminario en Literatura y Cine en la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores en Puebla, he aquí una bibliografía básica para entender el horror literario.

Saludos afectuosos hasta la Ciudad de los Ángeles.


  1. Cailloirs, Roger. Au coeur du fantastique. Galimard, Paris. 1965
  2. Duvignaud, Francois. El cuerpo del horror. Fondo de Cultura Económica, México. 1981.
  3. Freud, Sigmund. Lo siniestro. López Crespo editor, Buenos Aires. 1976.
  4. Hartwell, David G. (comp) El gran libro del terror. Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 1987.
  5. Jones, Stephen (comp.) Clive Barker´s A – Z of horror. Harper Prism, Nueva York. 1996.
  6. Jones, Stephen; Newman, Kim (comps.) Horror 100 best books. Carroll & Graf Publishers, Nueva York. 1998.
  7. King, Stephen. Danza macabra . Valdemar intempestivas, Madrid. 2006.
  8. Llopis, Rafael. Antología de cuentos de terror (3 volúmenes). Alianza Editorial, Madrid. 1981.
  9. Lovecraft, Howard Phillips. El horror sobrenatural en la literatura. Fontamara, México. 1995.
  10. Skaal, David J. The monster show, a cultural history of horror. Faber and Faber, Nueva York. 2001.
  11. Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica. Ediciones Coyoacán, México. 1994.
  12. Vax, Louis. L´art et la littérature fantastiques. Presses Universitaires de France, Paris. 1974.

domingo, 30 de agosto de 2009

Nocturna

En su Enciclopedia de los Vampiros, el Dr. J. Gordon Melton se refiere a la palabra nosferatu como una derivación de la expresión eslava nesufur-atu, proveniente a su vez del término griego nosophoros, que significa portador de plaga. Esa era una de las concepciones más populares en la antigüedad para designar al vampirismo y base de la joya expresionista de Friedrich Wilhelm Murnau de 1921. También es el cimiento en que Guillermo del Toro y Chuck Hogan sustentan su novela Nocturna (The Strain, Suma de Letras, 2009), a la cual califiqué anteriormente como una aportación refrescante, inteligente y oportuna al panorama contemporáneo de la literatura de vampiros.
La trama sigue los esfuerzos del epidemiólogo Ephraim Goodweather para detener una inminente plaga que convertirá a los habitantes de la ciudad de Nueva York en engendros sedientos de sangre. El origen de esta peste es Jusef Sardu, un vampiro rebelde y poderoso. La cruzada de Goodweather es iluminada por Abraham Setrakian, un anciano que sobrevivió horrores naturales y sobrenaturales. Setrakian no sólo comparte el nombre de un importante cazador de vampiros, sino representa el pensamiento mágico enfrentado al racionalismo del protagonista, quien vio a los ojos al monstruo y alteró irremediablemente su concepción de la realidad.
En el desarrollo de la historia podemos identificar elementos de la filmografía del cineasta tapatío, desde Hellboy 2 y Mimic hasta Cronos y Blade 2, entremezclados con homenajes a personas importantes en su vida –su esposa Lorenza y su cinefotógrafo de cabecera Guillermo Navarro-, el Drácula de Bram Stoker y Los 3 estigmas de Palmer Eldritch de Phillip K. Dick. Todo esto nos ayuda a comprender una máxima creativa: toda obra de arte es autobiográfica.
Nocturna es una novela que debe ocupar un lugar importante en la biblioteca de todo aficionado del subgénero y que, según sus creadores, es idónea para convertirse en una miniserie. Por lo pronto sólo podemos esperar el resto de las novelas que compondrán una trilogía que se vuelve relevante ante el inminente regreso de la Influenza humana.

Cuando me encontraba en las últimas páginas de la novela falleció Abigail Oviedo, amiga de mi amada Ana Luisa y una persona muy querida para mí. Libró una batalla desigual contra un enemigo implacable y poderoso que la consumió velozmente. Ella no perdió. Luchó con la alegría y la fortaleza del enamorado de la vida. Ese es su triunfo. Hasta encontrarnos nuevamente, nuestras oraciones y amor.

jueves, 13 de agosto de 2009

Reflexiones críticas sobre los vampiros

Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), teólogo, filósofo, ensayista y sabio español, escribió entre 1742 y 1760 sus Cartas eruditas y curiosas. En su tomo cuarto (1753) dedica un amplio discurso a esos seres que representan nuestros miedos y aspiraciones: los vampiros. Para introducirnos al estudio de este documento, profusamente titulado Reflexiones críticas sobre las dos Disertaciones, que en orden a Apariciones de Espíritus, y los llamados Vampiros, dio a luz poco há el célebre Benedictino, y famoso Expositor de la Biblia D. Agustín Calmet, he aquí sus primeros 10 puntos.


  1. Muy señor mío: Recibí por el Ordinario la de Vmd. juntamente con el librito de nuestro Benedictino D. Agustín Calmet, en que trata de Apariciones, Vampiros, &c. estimando mucho a Vmd. la diligencia, que hizo con su amigo, para que me le fiase prestado, después de haberle buscado inútilmente en todas las Librerías de la Corte, para regalarme con él. Digo que estimo mucho a Vmd. esta diligencia, aunque venga pensionada con el apretado ruego (que, para mi vivo deseo de complacer a Vmd. tiene fuerza de mandato) de exponer a Vmd. mi dictamen sobre dicho libro, así en orden a los hechos, que refiere, como a la crítica que hace de ellos el Autor.
  2. Contiene el libro dos Disertaciones: la primera sobre las apariciones de Ángeles, Demonios, y otros Espíritus; la segunda sobre los revinientes, o redivivos, en cuyo número entran con los Vampiros, y Brucolacos los excomulgados por los Obispos del Rito Griego. Vmd. quiere sobre todo me explique de modo, que no sólo trate el asunto de las Apariciones, pero también me extienda en orden al de los redivivos. Y procurando satisfacer a Vmd. lo menos mal que pueda, empezaré por la Disertación sobre las Apariciones. [267]
  3. Aunque ésta es una materia llena de incertidumbre, admite algunas reglas, o supuestos generales. La primera es, que ni todas las que se refieren en las Historias se deben admitir como verdaderas, ni todas reprobarse como falsas. Lo primero incluye una credulidad necia; y lo segundo una incredulidad impía. Negar las que constan de dos Libros Sagrados, es impiedad declarada. Admitir aquéllas, y negar todas las demás, es tomar un rumbo algo más que sospechoso: porque si aquéllas son verdaderas, ¿qué fundamento puede haber para negar que en el largo espacio de los siglos haya habido otras algunas que lo sean, aunque no consten de los Libros Sagrados? ¿Estaba, por ventura, obligado Dios a dar esa suprema autenticidad a todas las verdaderas? ¿O estaba ligada su Providencia a no permitir, u decretar alguna aparición, desde que aquellos Libros se escribieron?
  4. La segunda regla es, que ni para admitir una aparición, por verdadera, basta su absoluta posibilidad, ni para rechazarla como falsa es menester probar su absoluta imposibilidad. No lo primero; porque son infinitos los posibles, que no llegaron jamás a ser existentes. Tampoco lo segundo; porque para negar el asenso a algún suceso, basta su inverosimilitud; y hay innumerables inverosímiles, aunque posibles. Así la verosimilitud, o inverosimilitud es lo que pertenece a la Crítica en el examen de los hechos históricos. La posibilidad, e imposibilidad son de la jurisdicción de la Física, y Metafísica.
  5. Tercera regla. El asenso, u disenso a los hechos históricos se han de reglar por el número, y gravedad de los testimonios, que los califican. Advirtiendo, que cuanto los hechos fueren más extraordinarios, o más fuera del orden común, y natural de las cosas, tanto son menester para el asenso a ellos testimonios de mayor calificación, y peso. En esta materia discurrí con bastante extensión en el Discurso primero del quinto Tomo del Teatro Crítico, a que me remito. [268]
  6. Supuestas estas tres reglas generalísimas, entraré en la discusión de algunos pocos hechos, entresacados de los muchos, que refiere el Autor, y serán aquéllos en que se me ofrezcan algunas particulares reflexiones, las cuales juntas pueden formar como un cuerpo de instrucción general, para juzgar con alguna mayor probabilidad en esta materia. Lo que me es tanto más permitido, cuanto el Autor, en la Disertación sobre Apariciones, se muestra indeciso, y parece dejar al arbitrio de otros Críticos la determinación al asenso, o al disenso, como se ve en lo que dice en el núm. 78 con las palabras siguientes:
  7. «Mi lector dirá, que yo lo dejo en perplejidad, y que en vez de darle luz sobre las Apariciones de los Espíritus, sólo derramo dudas, e incertidumbres sobre esta materia. Convengo en ello. Pero yo más quiero dudar que asegurar lo que no sé. Y si me atengo a lo que mi Religión me enseña sobre la naturaleza de las Almas, de los Ángeles, y de los demonios, diré, que siendo puramente espirituales, es imposible que aparezcan revestidos de un cuerpo, sea el que se fuere, sino es por milagro: suponiendo, no obstante, que Dios no los haya criado capaces de estas operaciones, con subordinación a su omnipotente voluntad, que no les permite, sino rara vez, poner en ejecución esta facultad de hacerse ver corporalmente a los mortales».
  8. Es muy de notar, que en tan pocas líneas tres veces toma movimiento hacia distintos términos. En las primeras se muestra perfectamente dudoso. En las que se siguen, que empiezan: Y si me atengo, se declara por el partido del disenso a todas las Apariciones, en que los Ángeles, Damas, u Demonios se muestran revestidos de algún cuerpo, sea el que fuere, porque eso es lo que le enseña su Religión. Y en las últimas, desde las palabras suponiendo, no obstante, vuelve a meterse en la duda. Esta entera perplejidad del Autor me abre paso para exponer mis particulares reflexiones sobre algunas de las apariciones que refiere. [269]
  9. A la página 54 cita a Juan Bodino, que refiere, que un sujeto de su conocimiento desde la edad de 37 años tenía un espíritu familiar, que le dirigía en todas sus acciones, inclinándole siempre a las buenas, y disuadiéndole las malas, en que merece muy particular atención el piadoso oficio de despertarle todos los días a las cuatro de la mañana, para que se levantase a hacer oración. También le avisaba de todos los peligros, que le amenazaban, para que los evitase. Todas estas señas persuaden, que aquel Espíritu era Ángel bueno, a que es consiguiente, que la persona, a quien asistía, era de alta virtud, y muy querida de Dios. ¿Pero persona de alta virtud publicaría ser tan bien servida de un Espíritu Angélico? Añádese a esto el ridículo ceremonial, de que cuando la persona quería hacer alguna acción buena, le tocaba el Espíritu la oreja derecha; y cuando se inclinaba a alguna mala, le tocaba la izquierda. Y finalmente, merece poquísimo crédito Juan Bodino, de quien el célebre Jurisconsulto Cujacio dijo, que era un Autor insolente, que tenía por costumbre escribir mentiras manifiestas, y el Historiador Candén, que se servía para escribir de cualesquiera inciertos rumbos.
  10. A la pag. 58 hay el cuento siguiente: Un Consejero del Parlamento de París, estando de noche en profundo sueño, creyó ver un joven, que con voz fuerte le repitió varias veces unas palabras de idioma peregrino, que él no entendía; pero le hicieron tal impresión, que saliendo de la cama, encendió luz, y las escribió. El día siguiente, después de mostrar lo escrito a varios sujetos, que tampoco lo entendían, ya halló un Perito en varias lenguas, que le dijo, que aquellas voces eran Siriacas, y su sentido éste: Retírate de tu casa, porque hoy a las nueve de la noche se ha de arruinar. Creyó el Consejero del Oráculo. Sacó todo lo que pudo de la habitación, la cual, a la hora señalada, dio consigo en tierra. Dice el Autor, que es Anónimo el que refiere este caso. ¿Pero qué fe merece un Anónimo en una noticia [270] de esta clase? Si el Espíritu, que le dio el aviso, lo hizo de orden de Dios, ¿para qué el juguete de dárselo en un idioma ignorado de él? Este parece ser un remedo de la Fábula del antiguo Poeta Simónides, de quien se cuenta, que otro semejante aviso del Cielo le hizo salir de su casa, cuando estaba próximo a la ruina, que al momento padeció.

Nos leemos el lunes.

lunes, 10 de agosto de 2009

Vampiros para leer (en nuestra lengua)

En el marco del Diplomado en Literatura Fantástica y Ciencia Ficción de la Universidad del Claustro de Sor Juana Bibliografía, mi amigo y maestro Ricardo Bernal, coordinador del mismo, me pidió una bibliografía mínima sobre vampiros en nuestra lengua. Hela aquí para abrir el apetito de la imaginación y despertar la sed de sangre:

Cuento

  • Antología Criaturas de la noche (Cuentos de vampiros. Prol. de Vicente Quirarte. Instituto Coahuilense de Cultura, México. 1998. Contiene el cuento ganador del certamen “Muerte veo en tus ojos” de Sergio Santiago Madariaga.
  • Bernal, Ricardo. “Los manuscritos del vampiro”.
  • Fernández, Bernardo. “Solo salimos de noche”.
  • Fuentes, Carlos. Inquieta compañía. Alfaguara, México. 1993. Contiene el cuento “Vlad”.
  • Laurent Kulick, Patricia. “El invitado”.
  • Laurent Kulick, Patricia. “Se solicita sirvienta”.
  • Méndez Acosta, Mario. “No se duerman en el metro”.

Novela

  • Del Toro, Guillemo. Hogan, Chuck. Nocturna. Suma de Letras, México. 2009.
  • Díaz Enciso, Adriana. La sed. Ediciones Colibrí, México. 2001.
  • Zárate, José Luis. La ruta del hielo y la sal. Ediciones Vid, México, 1998.

Ensayo

  • Gubern, Román. Las raíces el miedo. Antropología del cine de horror. Tusquets Editores, Barcelona. 1979.
  • Quirarte, Vicente. Del monstruo considerado como una de las bellas artes. Paidós, México. 2006. Contiene el estupendo ensayo Sintaxis del vampiro.

Teatro y cine

  • Coria, Roberto. El hombre que fue Drácula. Libros de Godot, México. 2008.
  • Del Toro, Guillemo. La invención de Cronos. Ediciones El Milagro, México. 1992.