


Casi olvidaba mencionar sus infames secuelas, de las que del Toro -como Poncio Pilatos- se lavó las manos. Motivadas seguramente para lucrar con la idea del tapatío, las cintas fueron lanzadas directamente al video, con las peores respuestas posibles. Mimic 2 (Jean de Segonzac, 2001) y Mimic 3: Centinela (J. T. Petty, 2003) son penosas. A la última ni siquiera logra dar dignidad la presencia de Lance Henriksen como centro de atención de un voyeurista melindroso a los gérmenes. Ahora sé por qué las omití. En cambio, la cinta de Guillermo del Toro sólo produce mis mejores recuerdos.