Las fallas emanan del guión de Damon Lindelof –quien fuera parte esencial del éxito de la teleserie Lost- y John Spaihts. Pero si el espectador logra superar sus inconsistencias, podrá disfrutar el gran espectáculo. Las fallas son muchas, también es cierto. Una de las que más aborrecí fue que dos de los expedicionarios –científicos a diferencia de los pilotos de la primera aventura- se encuentran con un organismo alienígena en un planeta desconocido, luego de ver una pila de cadáveres, se aproximan a él como si se tratara de un lindo gatito. Merecieron su horrible destino. Por lo demás sus actuaciones son competentes: Noomi Rapace (la original Chica del Dragon Tatuado) como una arqueóloga que cree en Dios, Charlie Holloway como un científico desilusionado por no obtener las respuestas que anhelaba, Idris Elba como un capitán con una repentina vocación heroica, Charlize Theron –desaprovechada- como la hija del patrocinador del viaje y Guy Pierce –cubierto de kilos de maquillaje- como Peter Weyland, el malvado promotor de la desgracia y genio detrás de la ambiciosa y poco escrupulosa Weyland-Yutani –antes de fusionarse con la segunda-, una transnacional más siniestra que McDonalds, Microsoft, Walmart y Televisa Networks juntas. El mejor elemento del reparto –y posiblemente del filme- es sin duda David (Michael Fassbender), un androide que juega basketball en bicicleta, espía los sueños ajenos, se tiñe el cabello y ve Lawrence de Arabia para matar el tiempo. David se aleja notablemente de su sucesor Bishop (Lance Henriksen) en tanto viola las tres leyes de la robótica concebidas por Isaac Asimov.
jueves, 21 de junio de 2012
La sabiduría del androide
Las fallas emanan del guión de Damon Lindelof –quien fuera parte esencial del éxito de la teleserie Lost- y John Spaihts. Pero si el espectador logra superar sus inconsistencias, podrá disfrutar el gran espectáculo. Las fallas son muchas, también es cierto. Una de las que más aborrecí fue que dos de los expedicionarios –científicos a diferencia de los pilotos de la primera aventura- se encuentran con un organismo alienígena en un planeta desconocido, luego de ver una pila de cadáveres, se aproximan a él como si se tratara de un lindo gatito. Merecieron su horrible destino. Por lo demás sus actuaciones son competentes: Noomi Rapace (la original Chica del Dragon Tatuado) como una arqueóloga que cree en Dios, Charlie Holloway como un científico desilusionado por no obtener las respuestas que anhelaba, Idris Elba como un capitán con una repentina vocación heroica, Charlize Theron –desaprovechada- como la hija del patrocinador del viaje y Guy Pierce –cubierto de kilos de maquillaje- como Peter Weyland, el malvado promotor de la desgracia y genio detrás de la ambiciosa y poco escrupulosa Weyland-Yutani –antes de fusionarse con la segunda-, una transnacional más siniestra que McDonalds, Microsoft, Walmart y Televisa Networks juntas. El mejor elemento del reparto –y posiblemente del filme- es sin duda David (Michael Fassbender), un androide que juega basketball en bicicleta, espía los sueños ajenos, se tiñe el cabello y ve Lawrence de Arabia para matar el tiempo. David se aleja notablemente de su sucesor Bishop (Lance Henriksen) en tanto viola las tres leyes de la robótica concebidas por Isaac Asimov.
jueves, 29 de julio de 2010
¿Qué es la realidad?
En uno de los mejores momentos de El día de la marmota (Harold Ramis, 1993), el agrio meteorólogo Phil Connors (un estupendo Bill Murray) se enfrenta con hastío a la cotidiana contrariedad de levantarse de la cama. Sin embargo hay algo extraño. El reloj despertador se enciende a la hora del día anterior, la melodía es la misma, el discurso de los locutores del radio le parece familiar, las personas que se cruzan con él actúan de forma repetitiva. ¿Un deja vú? En absoluto. Pronto se da cuenta que está atrapado en el mismo día, el del título, condenado a vivir una y otra vez las mismas experiencias. En principio toma todo como una inexplicable broma del destino. Eventualmente descubre el auténtico horror de su experiencia. Trata de quitarse la vida de distintos modos, con éxito, sólo para despertar nuevamente la misma mañana, a la misma
hora, con la misma canción. La película fue insólitamente bautizada –por los intelectuales del subtitulaje de México- como Hechizo del tiempo. Esto fue parcialmente certero. En el fondo subyace una comedia romántica, pues Phil experimenta un viaje que le permite redescubrir su humanidad y enamorarse, pero imaginen encontrarse en el lugar del protagonista. Su drama resume la esencia de lo fantástico y del horror.
Recuerdo esta cinta porque acaba de estrenarse –de forma absurda y limitada- El Origen (Inception, 2010), el octavo largometraje del virtuoso Christopher Nolan. Esto fue la excusa para que mi amigo Carlos del Río, conductor del podcast Cinemanet, me invitara el otro día para hablar de la percepción de la realidad y el cine. Compartí micrófonos con otros dos expertos en el tema, los críticos de cine Antonio Camarillo e Iván Morales.
Dice una expresión popular que todo depende del cristal con que se mira. La visita a otras realidades en el séptimo arte puede traducirse como una necesidad de evasión de una sociedad en crisis, un escape a mundos imposibles donde no todo es lo que parece. A pesar de contar con honrosísimos ejemplos, el cine de realidades alteradas no se ha constituido como un subgénero, sino que se nutre de la ciencia ficción, el thriller, el drama, el horror y, en algunos casos, la comedia. Utiliza un lenguaje casi onírico, incomprensible a veces, donde confluyen imágenes que parecen extraídas de una pintura de Salvador Dalí o de una película temprana de Luis Buñuel. Citemos sólo un par de ejemplos de éstos temas: Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll y Las aventuras del pequeño Nemo en el mundo de los sueños de Winsor McCay. No olvidemos algunos de los mejores episodios de La dimensión desconocida, o la muy contemporánea serie Fringe.
En una costumbre muy humana, clasificar y etiquetar todo, me aventuré a elaborar una taxonomía que comparto con ustedes:
1. LA REALIDAD ALTERADA POR LA LOCURA. La mente es potente, decía Winnie Pooh, y esto lo demuestran citas que van de joyas expresionistas como El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1921), El club de la pelea (David Fincher, 1999), Spider (David Cronenberg, 2002), El maquinista (Brad Anderson, 2004), Identidad (James Mangold, 2003) y la muy reciente La isla siniestra (Martin Scorsese, 2010). Si vieron al menos uno de los títulos que menciono, saben de lo que hablo.
2. LA REALIDAD ALTERADA POR LAS DROGAS. Éstas no sólo destruyen, son un excelente tema para muchos artistas. Piensen en películas como El almuerzo desnudo (David Cronenberg, 1991) o Una mirada a la oscuridad (Richard Linklater, 2005). Ambas fueron adaptadas de las novelas homónimas de William Burroughs y Phillip K. Dick, respectivamente, exploradores de los paraísos artificiales y sus infiernos inherentes. De la primera, decía Nelson Rufino –el malandrín de Los Simpson-, que había “al menos dos grandes mentiras en su título”.
3. ESCAPE DE LA REALIDAD. Ofelia (Ivana Vaqueiro), en El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), se evade a un mundo fantástico, a veces horrorífico, donde las cosas son mejores que en la España franquista donde vive o su terrible padre sustituto. En Donde viven los monstruos (Spike Jonz, 2009), el infante Max se fuga a una isla poblada por monstruos en un intento desesperado por ser aceptado y para sustraerse de su familia fragmentada.
4. LA REALIDAD ALTERADA POR PROPIA VOLUNTAD. En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), Charlie Kauffman nos narra los esfuerzos de un hombre ordinario para olvidar a la que fue el amor de su vida. En La célula (Tarsem Singh, 2000), una psiquiatra (la infame Jennifer López) se adentra –literalmente- en la mente de un asesino en serie para descubrir el destino de su más reciente víctima. En El juego (David Fincher, 1997), el frío multimillonario Nicholas Van Orton (Michael Douglas) se enfrenta a un demencial divertimento donde no todo es lo que parece. En Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995), Ralph Fiennes trafica con las vivencias de otros y vuelve a vivir –obsesivamente- un amor perdido. Ir al cine, en esencia, es un escape de la realidad. Sea por diferentes motivos, el hombre encuentra razones para evadirse de la racionalidad. Este apartado incluyó cintas donde el hombre elige conscientemente este camino; el anterior es involuntario, lo que lo acerca a la locura.
5. LA REALIDAD ALTERADA POR FUENTES EXTERNAS. Misteriosa obsesión (Joseph Ruben, 2004), Ciudad en tinieblas (Alex Proyas, 1999) y la saga Matrix (hermanos Wachowski, iniciada en 1999) ejemplifican cómo entes ajenos a nosotros (sea máquinas u otros bichos) pueden incidir sobre nuestra percepción.
6. LA REALIDAD ALTERADA POR CAUSAS DESCONOCIDAS. La ya mencionada Día de la marmota representa este apartado. Las causas del día interminablemente repetido por Phil nunca quedan aclaradas. Lo que cuenta es el cambio interno que experimentó. En ese sentido, lejos de ser una maldición fue un regalo.
Omití deliberadamente a David Lynch, porque él y sus mundos oníricos –televisivos y cinematográficos- se cuecen aparte. El británico Terry Gilliam también. A los dos los estudiaré seguramente en entradas futuras. A punto de terminar este texto caigo en cuenta que dejé a un lado muchos otros títulos. En una realidad alterna, los incluí todos.