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lunes, 16 de abril de 2012

Sobre el placer de ver una mala película de horror

Hace meses hablé sobre los aspectos que definen a las malaspelículas de horror. Si superas la indignación, si logras suspender tu buen gusto y sensatez, puedes llegar a disfrutarlas. Debe tratarse de una suerte de placer morboso, del deseo de mofarse de los desaciertos del otro. Las situaciones inverosímiles y absurdas, las pésimas actuaciones o los malogrados efectos especiales siempre son motivo de mis más escandalosas risas. Aderezan una noche aburrida frente a la televisión o una mañana dominical. Estrictamente desde un punto de vista profesional, estas cintas pueden ser una experiencia educativa. El creativo inteligente aprenderá de los errores que debe evitar a toda costa. Conocimiento por oposición, dirían algunos.
Todo esto viene a colación porque el otro día me topé en el SyFy channel, ese semillero de películas penosas, con El ataque del tiburón de dos cabezas, dirigida por Christopher Douglas  y Olen Ray para la productora The Asylum, estudio especializado en cintas de bajo presupuesto y generalmente destinadas al video. En ella Carmen Electra, Brooke Hogan (hija de Hulk Hogan, el antiguo astro de la lucha libre) y un grupo de “actores” desconocidos luchan por salvarse del anormal escualo del título. Los detalles, si bien son terribles, son increíblemente divertidos, del tipo de “escaparé a nado del monstruo”, o “no sé usar un soplete marino ni nadar, pero repararé el barco”. Su atractivo –si puede considerarse así- es mostrar chicas voluptuosas y sin cerebro, en diminutos bikinis –o sin ellos-, que serán devoradas por el fenómeno en cuestión. Y especímenes similares abundan: Megatiburón contra el Pulpo gigante (Jack Pérez, 2009), Megapiraña (Eric Forsberg, 2010) o Megapitón contra Gatoroide (Mary Lambert, 2011), por sólo citar algunos. Los títulos son ya una advertencia por sí mismos.
Siempre me he preguntado si los productores de estas películas lo hacen con plena convicción de que están realizando una aportación valiosa al género, o si sólo ofrecen un producto comercial, sin ambiciones, que será desechado pronto de la memoria del espectador. Me inclino por lo segundo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Ejercicio de ocio (vampírico)

¿Se han preguntado quiénes habrían sido los actores convocados si se hubiera filmado una versión de Drácula en la Época de Oro del cine nacional? He aquí mi dramatis personae:

Jonathan Harker. Pedro Infante. no se puede negar que el hombre arrastraba a las multitudes a los cines.
Arthur Holmwood. Jorge Negrete. Eso habría abierto las puertas a un dueto con Pedro.
Jack Seward. David Silva, para dar dimensión dramática al asunto.
Quincey Morris. Abel Salazar, lo que permitiría otro número musical.
Van Helsing. Andrés, Domingo o Fernando Soler. Todos eran muy buenos.
Mina Harker. Marga López.
Lucy Westenra. Miroslava.
La mamá de Lucy. Sara García.
Renfield. Germán Valdés "Tin Tán". En papeles serios era increíblemente eficaz. Y de paso, su hermano "El loco", "Borolas" y el "Ranilla" hubieran sido internos del manicomio del Dr. Seward.
Las 3 novias de Drácula. Ninón Sevilla, Yolanda Montes "Tongolele" y Rosita Quintana.
Gitanos de Drácula. Wolf Ruvinskis, Yeryé Beirute y similares.
Drácula. Carlos López Moctezuma. Mi amada Ana Luisa piensa que Ricardo Montalbán, por su aire de galán exótico. Germán Robles queda descartado por su aparición en El vampiro.
Todos dirigidos por Rafael Baledón o Juan Bustillo Oro.
Hagan su casting ideal...

sábado, 14 de agosto de 2010

Cuando el tamaño importa...

Recientemente hablé de los enfrentamientos cinematográficos y mencioné a King Kong contra Godzilla (Ishiro Honda, 1962) como un ejemplo de ellos. Pero si nos atenemos a las reinterpretaciones para el nuevo milenio de Roland Emmerich (Godzilla, 1998) y Peter Jackson (King Kong, 2005), vean ustedes de qué cuero salen más correas. La imagen es cortesía del ocio y el Internet.

jueves, 12 de agosto de 2010

En esta esquina…

Una costumbre curiosa, casi morbosa, del ser humano es preguntarnos quién triunfaría en un combate entre dos conocidos, cuando más disímiles, mejor. Eso explica la proliferación de programas de la televisión cultural norteamericana donde, por ejemplo, un tiburón blanco se enfrenta a un cocodrilo, o donde un gladiador romano se bate en duelo contra un guerrero samurai, situaciones por demás imposibles. ¿Ocioso? Si duda. ¿Divertido? Indiscutiblemente.
Pensé en eso el otro día en que vi nuevamente –en la televisión- el encuentro entre dos monstruos indispensables de la década de los ochenta. Alien contra Depredador (Paul S. W. Anderson, 2004) se anunció desde la segunda entrega del cazador alienígeno (Depredador 2, Renny Harlin, 1990), cuando en los momentos finales de la cinta Danny Glover descubre el muro de trofeos del protagonista donde, en un lugar privilegiado, descansaba un cráneo del alien diseñado por Hans Rudi Giger para la película de Ridley Scott (1979).
Esto de los enfrentamientos, crossovers, o como quieran llamarle no es nada nuevo. Ya en 1943, en el ocaso de la llamada “época de oro” de las películas de horror, los ejecutivos de Universal Pictures decidieron reunir a dos de sus creaciones más famosas. El resultado fue Frankenstein contra el hombre lobo (Roy William Neill), donde sin duda el mejor elemento fue la espléndida historia de Curt Siodmak donde narraba un capítulo más de las aventuras del desafortunado licántropo Larry Talbot (Lon Chaney, Jr.), quien escuchó que un doctor de apellido Frankenstein podía librarlo de su maldición. En su lugar se encontró con su furioso hijo armado con partes de cadáveres. La fortuna económica que representó esta idea a los productores fue efímera, pues sólo aseguró el desgaste un género que tuvo que ceder su lugar a otro tipo de horror: el de la era atómica, representado en las dos bombas nucleares que los aliados arrojaron sobre Japón para terminar la Segunda Guerra Mundial. Precisamente el pueblo nipón, como un reflejo del episodio, tradujo al cine esta catástrofe en la forma de un reptil gigante llamado GojiraGodzilla para los cuates y las audiencias norteamericanas- (Ishiro Honda, 1954) que devastaba sin misericordia a las grandes ciudades del archipiélago y diezmaba a sus valerosos ejércitos. Esto significó el nacimiento de un popular subgénero que llamaron Kajigu eiga –o de monstruos gigantes- que prosperó y ganó una infinidad de adeptos. Pronto la idea de enfrentas a este coloso a su par occidental, con King Kong contra Godzilla (Honda, 1962) como fruto. Los voluminosos disfraces de látex son entrañables. Godzilla también se enfrentó a la polilla gigante Mothra en Godzilla contra Mothra (Honda, 1964). A ellos les siguieron un casi interminable desfile de monstruos del que seguramente podría dar mejor cuenta mi amigo Jorge Grajales, experto en cine oriental, pero haré mi mejor esfuerzo. Destaca la tortuga gigante Gamera, quien se enfrentó a una gran variedad de enemigos como en Gamera contra Gyasou (Noriaki Yuasa, 1967) o Gamera contra Guillon (Yuasa, 1969). Ya en el nuevo milenio debemos recordar el esperado combate entre Freddy Krueger y Jason Voorhies, estrellas de dos de las más populares franquicias de los años ochenta en Freddy contra Jason (Ronny Yu, 2003), batalla que no deja de recordaros a las películas de Bud Spencer y Terence Hill o a las caricaturas de Bugs Bunny.Más recientemente disfrutamos Monstruos contra aliens (Rob Letterman y Corad Vernon, 2009), delicia animada que rinde homenaje a clásicos como El mostruo de la laguna negra (Jack Arnold, 1954), La mosca (Kurt Neumann, 1958), La mancha voraz (Irvin S. Yeaworth Jr., 1958) y El ataque de la mujer de 50 pies (Nathan Juran, 1958).
En nuestro país brilla esa joya del incomprendido Juan Orol –el Ed Wood del cine nacional- titulada Charros contra Gángters (1948), donde insólitamente podía verse el Monumento a la Revolución Mexicana durante una persecución por las supuestas calles de Chicago. Mejor forma de recordar el centenario de esta gesta, imposible.

martes, 10 de agosto de 2010

Geografía lovecraftiana

Internet es amigo del ocio. Para todos los que aman a H. P. Lovecraft, he aquí un feliz hallazgo, disponible en esta dirección.