Mostrando entradas con la etiqueta grandes espernzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta grandes espernzas. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de enero de 2014

Crónica de un regreso anunciado

Volví la cabeza para mirar la estantería que tenía detrás y cuando miré de nuevo hacia delante vi a Sherlock Holmes sonriéndome al otro lado de mi mesa. Me puse en pie, lo contemplé durante algunos segundos con el más absoluto asombro, y luego creo que me desmayé por primera y última vez en mi vida. Recuerdo que vi una niebla gris girando ante mis ojos, y cuando se despejó noté que me habían desabrochado el cuello y sentí en los labios un regusto picante a brandy. Holmes estaba inclinado sobre mi silla con una botellita en la mano.
Todos lo sabíamos. Desde los últimos momentos de La caída de Reichenbach, el último episodio de la segunda  temporada de la brillante teleserie británica Sherlock, y pese a los nefastos acontecimientos que todos conocemos, observamos al protagonista (Benedict Cumberbatch) contemplar a su acongojado socio John Watson (Martin Freeman) hacer una petición frente a su tumba: “por favor no estés muerto”.
El deseo del galeno, dos años y un abundante bigote después –para nosotros fueron 20 larguísimos meses-, se hizo realidad. Su reacción no fue lo civilizada –completamente británica- que nos mostró Arthur Conan Doyle en su regreso triunfal en 1903 –en La aventura de la casa vacía-. Se le fue lanzó a golpes encima, con la contagiosa ¿Qué pasó, Yolanda? de Pink Martini como música de fondo. Su respuesta fue congruente, pese al improvisado disfraz del héroe. El homenaje no podía hacerse esperar, como bien nos han enseñado los creadores del programa, Steven Mofat y Mark Gatiss. “No voy a aparecérmele como un anciano”. El abrazo entusiasta que le dio el Inspector Lestrade (Rupert Graves) al volver a verlo fue el de sus miles de fieles. Y todos sonreímos satisfechos.
Los 86 minutos que duró el episodio, precedido por lo que nos enseñó la literatura y el afortunado mini capítulo Muchos felices regresos, fue una delicia de principio a fin, con incontables alusiones a casos memorables de Holmes –la Rata Gigante de Sumatra como es mencionada en El vampiro de Sussex, el duelo intelectual entre los dos Holmes en La aventura del intérprete griego y La aventura del carbunclo azul, la introducción de Mary Morstan (Amanda Abbington) como la vimos en El signo de los cuatro o esa desaparición que Holmes resuelve rápidamente, clara mención a Un caso de identidad. Además, Gatiss (quien escribió el guión) se permitió incluir referencias holmesianas tomadas del cine, de la cinta Estudio en terror (James Hill, 1965) al reciente díptico dirigido por Guy Ritchie.
El feliz retorno, con nuestro héroe reivindicado y la solución de un atentado terrorista de grandes proporciones, sólo propicia grandes preguntas: ¿quién es el misterioso individuo que al final observa a nuestro héroe en video? ¿Moriarty está realmente muerto? ¿El Moriarty que vimos suicidarse es realmente James Moriarty, el Napoleón del Crimen?
El próximo jueves veré el penúltimo capítulo de esta tercera temporada. “De lo bueno, poco”, dicen popularmente. Para finalizar me regodearé citando lo que escribí en abril de 2012:

La clave seguramente se encuentra no en lo que reveló la última escena, sino en los detalles que pasamos por alto: la aparente traición fraterna, la charla con la médica forense Molly Hooper (Louise Brealey), el ciclista que derriba a Watson. “La gente ve, no observa”, dice Holmes todo el tiempo. 

jueves, 10 de febrero de 2011

Legítimas aspiraciones, o un duelo de poder a poder.

El Internet es una maravilla. No sólo por el infinito cúmulo de información que puede ofrecernos. Es amigo de la ansiedad del devorador de series de televisión: nos ofrece la posibilidad de ver programas antes de su estreno en la televisión latinoamericana. Ayer vi el final de la cuarta temporada de las aventuras de Dexter Morgan, personaje del que he platicado ampliamente. Lo primero que debo decir es que superó mis expectativas después de una tercera temporada que no fue de mi entero agrado. No es que fuera mala. Su conflicto general –la necesidad de aceptación y pertenencia del héroe-, es legítimo desde su punto de vista y parte esencial de su máscara de sanidad. Para mimetizarse en la sociedad Dexter llevó un paso adelante su relación sentimental, asumió el rol de padre sustituto y, eventualmente, engendró un hijo natural. Ante esta abrumadora carga de deberes era inevitable que necesitara alguien ante el cual exhibir su verdadera naturaleza. Lo hizo ante el fiscal de distrito Miguel Prado(Jimmy Smiths), hombre próspero y estable que representaba un modelo para el protagonista pero no era todo lo que aparentaba.
En la cuarta temporada Sánchez fue sustituido por Arthur Mitchell (John Lithgow, quien ganó un premio Emmy por su interpretación), un feliz padre de familia, diácono local y benefactor de los desamparados que oculta un terrible secreto. Él, como Dexter, es un asesino en serie. Fue bautizado como Trinity por el cazador de psicópatas Frank Lundy (Keith Carradine) debido a su atroz modus operandi a lo largo de 30 años: asesinar a sus víctimas en grupos de tres. Si Sánchez fue una guía atractiva para Dexter, Mitchell es su par, el ejemplo para lograr el matrimonio ideal entre su carrera homicida y su vida social. Para el anecdotario, este tipo de papel no es extraño para Lithgow, pues ya interpretó a un desquiciado en Demente (1992) de Brian de Palma.
Lo que no me gusta es que Dexter, en el intento de construir su fachada, se humaniza a partir de ella. Para mí es un asesino sin sentimientos, una máquina perfecta de matar semejante a un tiburón blanco. Agotado por su rol de padre, sufre un accidente de tránsito y comete los errores que esperaríamos de un ser humano. Creo que él está más allá de eso, pero concedo que a la vez nos acerca más a él. Nos mantiene en una continua angustia.
Lamentablemente no todo resultó como Dexter esperaba. En la escena final de la temporada advierte respecto a su vástago, mientras se aferra a él, una realidad fatal: “ambos nacimos en sangre”. En la reflexión está implícita la vulnerabilidad a la que lo hace susceptible su parte humana y que será sin duda el eje de su quinta temporada. ¿Cuál es el futuro al que puede aspirar un personaje como Dexter? Lo descubriremos en los nuevos episodios, que por cierto están también disponibles en Internet.

miércoles, 5 de enero de 2011

El avispón vuela de nuevo

Otro reto para El Avispón Verde, su ayudante Kato y su arsenal móvil la Belleza Negra. En los archivos policíacos, el Avispón aparece como criminal, pero es en realidad Britt Reid, dueño del periódico Centinela. Su doble identidad es conocida sólo por su secretaria y el Fiscal de Distrito. Ahora, para proteger los derechos y las vidas de los ciudadanos, aparece el Avispón Verde. –De la narración inicial de la serie de televisión El Avispón Verde, 1966.
En mi más tierna infancia, consideré al Avispón Verde como un héroe de segunda división. La percepción que tuve de él se definió por el éxito y el colorido de las repeticiones de la popular serie televisiva protagonizada por Adam West. Y es que quedé cautivado por los simpáticos combates del paladín de Ciudad Gótica, por sus grotescos y caricaturescos adversarios –que eran para mí lo mejor del programa-, por la vistosa y extensa parafernalia de la que disponía y por el candor del Departamento de Policía de esa imaginaria urbe –y de todos los personajes-. Todo contrastaba con los austeros y cotidianos escenarios en los que se movía el Avispón Verde, por más que fuera auxiliado por un hábil artemarcialista –que a la postre descubrí era el talentoso Bruce Lee-, tuviera una fortuna similar a la de Bruno Díaz –o Bruce Wayne, para ser correctos- y dispusiera de un lujoso sedán negro dotado de todo tipo de armas. La competencia era desleal. Así lo advirtió uno de sus creadores, Frank W. Trendle, cuando trató de impulsar el proyecto televisivo durante los años sesenta. Esto se reflejó en la breve vida del programa, de apenas un año. Ni el crossover entre ambas emisiones televisivas benefició al héroe de abrigo, sombrero y antifaz verde.
A la distancia, reconozco que el Avispón es un héroe menos atractivo que Batman, pero éste no existiría sin los cimientos que le ofreció el primero. De hecho, es un personaje muy digno. El Avispón apareció en enero de 1936, tres años antes que el Caballero Oscuro. Fue creado por el ya mencionado Trendle y Fran Striker y protagonizaba un serial radiofónico –el medio más popular de la era- y posteriormente uno cinematográfico. Todo en la época posterior a la Gran Depresión y en pleno esplendor de los grandes gángsteres. Era, como Batman, un paladín que la gente decente anhelaba. Era un justiciero que no se tentaba el corazón para perseguir a la maldad.  Estos elementos, su realismo y brutalidad, lo convirtieron en un éxito. Pero también fueron responsables de la pobre respuesta de su adaptación televisiva.
Una sorpresa fue descubrir, mientras hacía mis compras navideñas, el cartel de su nueva encarnación cinematográfica –de próximo estreno- dirigida por el francés Michel GondryEterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), La ciencia del sueño (2006)- y protagonizada por el actor –comediante, de hecho- y guionista canadiense Seth Rogen. Mi emoción se mezcló con escepticismo, pues de entrada los involucrados me parecen una elección insólita  para tal empresa. La incertidumbre sobre el tono de la película creció -¿sería una comedia, una parodia, algo onírico?- tras ver su avance. Dudo sobre la elección del protagonista, sobre todo cuando la imagen del actor Van Williams –su intérprete de la serie sesentera- está tan arraigada en el imaginario colectivo y cuando recuerdo a Rogen, joven gordito y bonachón que está por entrar en sus treintas. Personalmente hubiera preferido, como se contempló hace algunos años, a George Clooney. Pero concedamos el beneficio de la duda a los productores. En su momento el grueso de los fanáticos desconfió de que Heath Ledger interpretara al Guasón. Por lo demás, la película presume la participación de Tom Wilkinson, Christoph Waltz –el malvado Hans Landa de Bastardos sin gloria (Quentin Tarantino, 2009)- y Cameron Díaz. En un par de semanas se disiparán las dudas. Un sitio de Internet recomienda verla con cautela, así que procedamos con precaución. Esperemos sea la primera película venturosa de este naciente año. Y a propósito, muy feliz 2011 a todos.