El malestar que en muchos produjeron los comentarios de los conductores de un programa de la
British Broadcasting Company es más grande de lo que pensé. El incidente, casi un conflicto internacional –
Radio educación promovió un boicot al que renunció pues le eran indispensables muchos de sus contenidos-, me recuerda la tendencia que tenemos a generalizar. Las opiniones expresadas en
Top Gear no representan a toda la cadena, mucho menos al pueblo inglés, en el mismo sentido que no todos los servidores públicos –pues como saben trabajo para el gobierno de esta ciudad- somos corruptos, ni todos los conductores del trasporte público son unos cafres descorteces. A la BBC, empresa pública fundada en 1922, siempre tendré una especial estima. Sus programas, todos de una producción impecable, están dirigidos a un público sensible e inteligente. En lo que nos concierne, la fantasía y el horror, mencionaré algunos ejemplos que bien pueden disminuir –incluso desaparecer- cualquier malestar.
1. La adaptación de
El sabueso de los Baskerville (David Attwood, 2002), con
Richard Roxburgh (el
Drácula de
Van Helsing y el
Moriarty de
La liga extraordinaria) como
Sherlock Holmes, el príncipe de los detectives. Algo digno de celebrarse, es que la BBC ha adaptado incontables obras literarias inglesas, con respeto a la fuente original y los mejores valores de producción. A este esfuerzo siguió
Sherlock Holmes y el caso de las medias de seda (Simon Cellan Jones, 2004), ahora con
Rupert Everett (el amigo gay de Julia Roberts en
La boda de mi mejor amigo) como Holmes. La aparición del actor
Ian Hart (el profesor
Quirrell de
Harry Potter y la piedra filosofal) como el
Dr. Watson os permite verlas como una serie. Esta película, escrita también por Alan Cubitt, no está basada directamente en un relato de
Arthur Conan Doyle y contiene un detalle curioso: al detective le obsequian un ejemplar de
Psicopathia sexualiis, el libro canónico sobre desviaciones sexuales de
Richard von Krafft-Ebing, pieza importante en la resolución del misterio.
2. La película
El extraño caso de Sherlock Holmes y Arthur Conan Doyle (Cilla Ware, 2005), una historia conjetural sobre los eventos que llevaron a Arthur Conan Doyle (
Douglas Henshall) –abrumado por la fama, la muerte de su padre, la enfermedad de su esposa y la necesidad de explorar otros territorios- a asesinar a su personaje más notable. Selden (
Tim McInerry), un misterioso biógrafo, lo ayuda a enfrentar sus demonios y a sanar el hueco en su corazón, con el resultado más afortunado para todos:
El sabueso de los Baskervilles, la resurrección de Sherlock Holmes. Uno de los muchos aciertos de la cinta es la aparición de
Joseph Bell (
Brian Cox, magnífico), mentor y maestro de Doyle en sus días de estudiante y modelo más fuerte en la creación de su personaje, y las continuas alusiones a
Sydney Paget, ilustrador de cabecera de las mejores aventuras de Holmes.
3. La serie de televisión
Jekyll (2007), escrita por Steven Moffat y basada en el clásico de
Robert Louis Stevenson. En nuestros días,
Tom Jackman (
James Nesbitt, brillante) es un médico prominente, un feliz padre de familia y un descendiente directo del
Dr. Henry Jekyll que no puede escapar de los lazos familiares. Tampoco de una malvada empresa de biotecnología (
Klein and Utterson, en un homenaje a un importante personaje del relato original) que busca apoderarse de sus secreto. Lo más destacado es que, sin una pizca de maquillaje, el protagonista logra un desdoblamiento convincente, como lo hiciera en su momento
John Barrymore en la adaptación silente de la novela. Y no pierdan de vista a un personaje importante en la trama: el propio Stevenson.
4. La serie de televisión
Whitechapel (2009), una ingeniosa puesta al día de los crímenes de
Jack el destripador. La historia de Ben Court y Caroline Ip pone en duda la capacidad de la policía contemporánea, con todos sus avances metodológicos y científicos, para atrapar a un asesino semejante. Acaba de estrenarse una segunda temporada, ahora basada en la carrera delictiva de los gemelos
Reggie y Ronald Kray, dos figuras prominentes del mundo criminal de los años 60.
Lo mejor es que en unos días, como somos una sociedad sin memoria, todo se habrá olvidado. Y al final, al que le quede el saco, que se lo ponga.