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martes, 26 de agosto de 2014

Lo que bien empieza, bien acaba.

Hace casi un año que se transmitió su último episodio en la televisión estadounidense. Pese a las innumerables recomendaciones y al alud de premios que recibió a lo largo de su vida de 5 temporadas, nunca me había dado la oportunidad de ver un episodio de Breaking bad (algo así como Volviéndose malo). Grave error. Hace unos meses decidí ponerme al corriente. Y todo el tiempo que invertí fue recompensado con creces. Superó gratamente todas mis expectativas. Fueron muchos los factores que contribuyeron a esto. Fue un programa que nunca perdió el rumbo. Concluyó en el momento preciso. No sucumbió a la tentación del éxito y las paletadas de dinero que éste trae consigo. La serie creada por Vince Gilligan, uno de los más brillantes guionistas de Los Expedientes Sercetos X (también fue su productor ejecutivo), fue congruente de principio a fin y supo mantener un alto nivel argumental. No en balde ha sido considerada por la crítica como una de las mejores series de la Historia de la Televisión. A diferencia de muchas de sus contemporáneas, cuyos desenlaces no me dejaron del todo –o nada- satisfecho, logró mantenerme en el filo del asiento hasta el último momento.
Ayer, durante la entrega número 66 de los prestigiados premios Emmy, al recoger su bien merecido galardón como Mejor actor en una serie dramática, Bryan Cranston, el rostro de la serie, agradeció a sus seguidores por su respuesta al que calificó como “el papel de su vida”. Y es que la historia de Walter White, el apocado pero brillante profesor de Química en una escuela preparatoria de Albuquerque, Nuevo México, recién convertido en cincuentón, que sufre la abulia y falta de respeto de sus alumnos, humillado empleado de medio tiempo de un lavado de autos, cuya mediocre existencia es interrumpida por el Cáncer y decide internarse en los infiernos de la producción de Metanfetaminas y la violencia del Narcotráfico, es simplemente magnífica.
Repito que Cranston es sólo la parte más visible, pero en todo momento estuvo acompañado de un reparto sólido: Anna Gunn como su abnegada esposa Skyler, Aaron Paul como su discípulo y socio Jesse Pinkman, RJ Mitte como su minusválido hijo Walter White, Jr., Dean Norris como su cuñado Hank Schrader (mi personaje secundario favorito), Betsy Brandt como su cleptómana y anoréxica cuñada Marie Schrader, Giancarlo Esposito como el cerebral y terrible narcotraficante Gustavo Fring, Jonathan Banks como el ex policía y mortal sicario Mike Ehrmantraut y, la esperanza de continuidad del proyecto, Bob Odenkirk como el facineroso abogado Saul Goodman, estrella del futuro spin-off de la serie, Better call Saul.
Su gran desempeño no hubiera sido posible sin un gran equipo de guionistas, desde el mismo Gilligan, Sam Catlin, Peter Gould, Gennifer Hutchison, Patty Lin, George Mastras, Thomas Schnauz, John Shiban y Moira Walley-Beckett, quien también fue galardonada con el Emmy por el libreto de Ozymandias, el decimocuarto episodio de la quinta temporada de la serie. Más allá del mero suspenso, el programa les dio la oportunidad para reflexionar sobre la complejidad de las relaciones interpersonales, las transformaciones de los roles en la familia, las consecuencia de nuestras acciones, los lindes morales entre el bien y el mal y sobre los eventos que pueden llevar a un buen hombre a convertirse en una persona malvada. Todo llevado de la mejor manera hasta su inevitable desenlace, Felina, en cuyos últimos momentos vemos a nuestro héroe caído con el tema Baby Blue del grupo británico Badfinger como melancólico marco.

Breaking bad macó una pauta en la televisión contemporánea y sin duda estableció parámetros difíciles de emular. Anoche Vince Gilligan, en el podio del Teatro Nokia de Los Ángeles, dijo algo que bien definió el espíritu de su hijo recientemente fallecido pero más vivo que nunca: “Esta es la maravillosa cereza del pastel”.

martes, 25 de febrero de 2014

Réquiem por Harold Ramis

El guionista, productor, actor y director Harold Allen Raimis dejó de respirar en su casa, la mañana del pasado lunes, debido a complicaciones de la vasculitis inflamatoria autoinmune con la que luchó por cuatro años. Acababa de cumplir 69.
En muchos sentidos fue un héroe anónimo. Inició su carrera como escritor en su natal Chicago, donde descubrió una afinidad natural por la comedia, género en el que se movió cómodamente por cuatro décadas y le permitió posicionarse en el negocio del espectáculo. Su labor cimentó populares programas de televisión como el canadiense Second City Television y Saturday Night Live, verdadera tradición estadounidense, donde se relacionó con celebridades de la comedia de la época como John Belushi, Rodney Dangerfield, Chevy Chase, John Candy, Rick Mornis, Martin Short, Dan Aykroyd y, tal vez el más popular de todos, Bill Murray. Sobra decir que Ramis tuvo una discreta participación actoral en muchos de ellos, pero el campo en el que recibió mayor reconocimiento fue la escritura y la dirección, que rebasó la televisión y lo instaló sólidamente en la industria cinematográfica. 
Le debemos hilarantes cintas como Caddyshack (creo que aquí la rebautizaron como Los locos del golf, 1980), los guiones de El pelotón chiflado (Stripes, Ivan Reitman, 1981), las películas desprendidas de la revista National Lampoon (Sátira nacional), Colegio de animales (National Lampoon´s Animal House, John Landis, 1978), Vacaciones (National Lampoon´s Vacation, dirigida también por él en1983), Mis otros yo (Multiplicity, 1996), Analízame (Analyze this, 1999), Al diablo con el diablo (Bedazzled, 2000) y, la mejor de todas, Hechizo del tiempo (Groundhog day 1993), aparente comedia romántica que resume la esencia del horror y lo fantástico.
Pero sin duda será mejor recordado por su papel del cerebral parapsicólogo Egon Spengler en Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), filme que fusiona exitosamente la comedia y el horror a partir de un libreto del mismo Ramis y su colega Dan Aykroyd. Su éxito abrumador propició una dispareja pero entrañable secuela –en 1989- y un colorido serial de dibujos animados. Todos forman parte indispensable de mi educación sentimental. De ellos disertaré en un futuro no distante. Es una deuda de honor.
La partida de Ramis deja en la orfandad parcial un proyecto muchas veces aplazado: su idea de escribir con Aykroyd una tercera aventura de Los Cazafantasmas. Su iniciativa me parecía riesgosa en muchos sentidos. El propio Bill Murray, cuya carrera se benefició de su socarrón parapsicólogo Peter Venkman, negó en repetidas ocasiones cualquier vínculo con la producción. Seguramente advertía el inclemente paso del tiempo. Ramis, por su parte, debió estar convencido de la vigencia de los clásicos y del potencial económico de la nostalgia –pregunten si sirve a Sylvester Stallone-. Porque en apariencia su comedia parecería superada por lo escatológico, el cinismo y la vulgaridad que reina en nuestros días. No sé si veremos cristalizado su anhelo. Una parte de mí, en el fondo, lo desea.

Ramis fue al encuentro del mundo que exploró su personaje más popular. Su legado pervivirá sin duda alguna. Debió partir con la satisfacción del que gozó plenamente su oficio y conoció en vida, más allá de cualquier duda, las risas y la gratitud de su público y generaciones posteriores. Descanse en paz. 

viernes, 14 de febrero de 2014

Tercera caída

"Dígame, Watson: ¿no siente usted una especie de escalofrío o estremecimiento cuando mira las serpientes en el parque zoológico y ve esos bichos deslizantes, sinuosos, venenosos, con su mirada asesina y sus rostros malignos y achatados? A lo largo de mi carrera he tenido que vérmelas con cincuenta asesinos, pero ni el peor de todos ellos me ha inspirado la repulsión que siento por este individuo".-Sherlock Holmes en La aventura de Charles Augustus Milverton (1904) de Arthur Conn Doyle.

Han pasado varias semanas desde el final de la tercera temporada de la teleserie británica Sherlock, así que asumo que todos lo han visto y puedo escribir libremente. Su último voto (His last vow), cuyo guión es autoría del co creador del programa Steven Moffat, toma como base uno de los cuentos escritos por Arthur Conan Doyle sobre su personaje más prestigiado, La aventura de Charles Augustus Milverton, y juega con el título –y hace referencias- de su aparición final, Su último saludo al escenario (His last bow, 1917).
Para comenzar, muchos podrían cuestionar su desenlace. El mismo Holmes (Benedict Cumberbatch) aclara su posición. Dice a su enemigo “No soy un héroe. Soy un sociópata altamente funcional”, antes de hacer lo inesperado. Su decisión, pese a lo que nos aclara, es la de la persona que está dispuesta a sacrificarse, a mancharse las manos y renunciar a su esencia, en aras de lograr el bienestar de otros. ¿No es eso ser un héroe? El malo del capítulo es Charles Augustus Magnussen, encarnado por el actor danés Lars Mikkelsen (muchas seguramente le dirán cuñado, pues es hermano del muy famado Mads Mikkelsen, mejor conocido por ser el Hannibal Lecter televisivo). Su apellido original seguramente fue cambiado pues Milverton suena muy semejante a Middleton, la madre de un potencial heredero al trono de Inglaterra. De ser un tratante de arte –como lo describe Conan Doyle- se nos presenta como un magnate de los medios de comunicación, muy en deuda con William Randoph Hearst o Rupert Murdoch. Es un sujeto poderosísimo, frío, sin escrúpulos y vulgar que usa los secretos de los demás para beneficiarse. Un chantajista de altos vuelos, que opera ante la mirada impávida del Gobierno Británico. Es justo por ello que una de sus víctimas decide acudir a la Calle Baker. Conan Doyle seguramente tuvo en cuenta un caso de la vida real para escribir su historia: el del chantajista Charles Augustus Howell, muerto en condiciones misteriosas en 1890.
Otras referencias holmesianas no se hacen esperar, desde la adicción del protagonista, Los irregulares de la Calle Baker o la primera aparición literaria de la Señora Watson, con esas enigmáticas letras A. G. RA. Luego está la presentación de Holmes como un hombre de familia, la segunda aparición de sus papás (los veteranos actores Wanda Ventham y Timothy Carlton, verdaderos progenitores del protagonista) y la muestra del poder de Mycroft Holmes (Mark Gatiss). Los giros de la historia, que no dejan de recordarme a Señor y Señora Smith (Doug Liman, 2005), no me hacen del todo feliz pero son congruentes con la personalidad de Watson (Martin Freeman), adicto inconsciente a relacionase con personas conflictivas.
Los momentos finales del capítulo, el regreso inmediato del Viento del Este de su aparente exilio para enfrentar a su Némesis resucitado, no deja de causarme la más grande emoción y abre las puertas a un verdadero reto para Moffat y Gatiss: crear una historia completamente nueva, no basada inmediatamente en un texto de Conan Doyle. Porque desde un principio nunca visualicé a James Moriarty (Andrew Scott) como un criminal ávido de una presencia mediática. Mucho menos de intervenir todas las señales de televisión de un país entero para preguntar burlonamente “¿Me extrañaron?”.

Lo único cierto: “Inglaterra siempre necesitará a Sherlock Holmes” y “el juego nunca termina”. Pero para cerciorarnos tendrá que pasar –al menos- un largo año. Espero ansioso.

sábado, 25 de enero de 2014

Sabias palabras para decirse en una boda

Palabras dichas por Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch) en el banquete de bodas de Mary Mostan (Amanda Abbingtony John Watson (Martin Freeman), tomadas del guión de Mark Gatiss Steven Moffat y Stephen Thompson para El signo de los tres, segundo episodio de la tercera temporada de la teleserie británica Sherlock:

Todas las emociones, y en particular el amor, se oponen a la razón pura y fría que defiendo por sobre todas las cosas. Una boda es, en mi ponderada opinión, nada menos que una celebración de todo lo que es falso, engañoso, ilógico y sentimental en este mundo enfermo y moralmente comprometido. Hoy honramos la ruina de la sociedad y, eventualmente –estoy seguro- de toda nuestra especie.
Pero igualmente hablemos de John. Si durante mis aventuras me he allegado de su ayuda, no me alejo del sentimentalismo o del capricho cuando digo que tiene muy buenas cualidades propias además de su obsesión por mí. En efecto, cualquier reputación sobre mi agudeza mental, en verdad, proviene del extraordinario contraste que John ofrece de manera desinteresada. De hecho, creo que las novias tienden a elegir damas de honor excepcionalmente planas en su gran día. Hay cierta analogía aquí. Y el contraste es, después de todo, el plan de Dios para realzar la belleza de su creación, o lo sería si Dios no fuera una fantasía ridícula diseñada para dar una oportunidad de empleo al idiota de la familia.
Lo que trato de decir es que soy el individuo más desagradable, grosero, ignorante y cretino que tendrán el infortunio de encontrarse en la calle. Desprecio lo virtuoso, soy incapaz de reconocer la belleza y no puedo comprender la felicidad. Por eso no entendí por qué me pidieron ser Padrino, más porque nunca esperé ser el mejor amigo de nadie. Y ciertamente no del más valiente, bondadoso y sabio ser humano que jamás he tenido la fortuna de conocer. John, soy un hombre ridículo, redimido solamente por la calidez y constancia de tu amistad. Y como aparentemente soy tu mejor amigo, no puedo felicitarte por la compañera que elegiste. Pero de hecho sí puedo. Mary, cuando digo que te mereces a este hombre es el cumplido más grande que soy capaz de hacer. John, has sobrevivido la guerra, lesiones y trágicas pérdidas –de nuevo, lo siento por la más reciente- así que debes saber, hoy que estás sentado en medio de la mujer que has hecho tu esposa y del hombre que has salvado –en breve, las dos personas que más te aman en este mundo,- y sé que hablo por Mary, cuando digo que nunca te decepcionaremos y tenemos una vida para demostrártelo.


martes, 31 de diciembre de 2013

Post scriptum sobre Guillermo del Toro

He dado cuenta de una carrera que comprende incursiones en la televisión, 8 largometrajes y toda una vida. Porque Guillermo del Toro inició su travesía como todos los que siguen este espacio, cuando se maravilló por vez primera con los mundos de la imaginación. Hoy ha extendido sus alas de vampiro a muchas manifestaciones de la cultura contemporánea. Recomiendo ampliamente su literaria Trilogía de la Oscuridad (de la que mucho he hablado), que será trasladada a la televisión el muy cercano 2014 y que espero con ansiedad. También su caro pero indispensable Gabinete de curiosidades (Editorial Norma, 2013). Es un artista que ha abrazado a jóvenes talentos que aseguran la supervivencia del género. Su buen nombre es casi un sello de garantía. “Guillermo del Toro presenta”, pueden presumir algunos. Desde el muy logrado relato de fantasmas El Orfanato (José Antonio Bayona, 2007), Los ojos de Julia (Guillem Morales, 2010) o Mamá(Andrés Muschietti, 2013). Sus miles de adeptos se incrementan cotidianamente, y sus proyectos futuros son vorazmente anticipados. Nos encontramos frente a un autor renacentista poseedor de un enorme potencial, digno de todas las reverencias y del que estoy seguro todavía no hemos visto su mejor trabajo.


Y así concluyo este año. Espero que 2014 sólo nos traiga cosas buenas, en la vida real y en los otros mundos. Les mando a todos un abrazo afectuoso. 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Matrimonios hechos en el espacio

En los momentos finales de Depredador 2 (Stephen Hopkins, 1990), el apaleado Tte. Michael Harrigan (Danny Glover), luego de salir airoso de una batalla que parecía imposible ganar, es recompensado por el líder del safari extraterrestre que da pie a la cinta con un souvenir: una bella pistola de avancarga con la inscripción "Raphael Adolini, 1715". Ello confirmaba una certeza que se ha presentado en numerosos medios: los alienígenos nos han visitado desde la antigüedad. De existir vida inteligente más allá del espacio, esto no es improbable.
Por esto la premisa de la novela gráfica de Scott Mitchell Rosenberg, Fred Van Lente y Andrew Foley, Vaqueros contra Aliens (2006), no me parecía descabellada. Fue llevada –inevitablemente- a la pantalla grande por el actor y director Jon Favreau, quien ha recibido el favor del público –y la taquilla- con sus dos películas sobre Ironman (2008 y 2010) protagonizadas por Robert Downey, Jr. El primer obstáculo que supuso el proyecto –tanto en historieta como en cine- fue la aversión de muchos al matrimonio de géneros, más con una historia que significara la unión entre el western y la ciencia ficción. Esta tendencia ha tenido dignísimos ejemplos. Por citar uno inmediato –no necesariamente un western-, recuerdo el cuento La bestia ha muerto (incluido en la antología El llanto de los niños muertos, Tierra adentro, 2004) donde mi amigo Bernardo Fernández Bef reúne con fortuna a figuras del México decimonónico como Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo y Guillermo Prieto en un escenario con imaginería arrancada de las novelas de Julio Verne y las películas de Matrix.
La película, como hemos visto en el pasado, omite personajes y situaciones de la novela gráfica al servicio de la maquinaria hollywoodense, con la consabida pirotecnia visual. La historia puede resumirse así: Arizona, 1873. Un vaquero sin nombre (Daniel Craig) recupera la conciencia en terreno abierto, bajo el inclemente sol. No recuerda su nombre ni cómo llegó ahí. A su muñeca izquierda está atado un extraño artefacto, de procedencia desconocida. Cruza su camino con el cruel terrateniente y coronel retirado Woodrow Dolarhyde (Harrison Ford), con quien tiene cuentas pendientes. Su conflicto es interrumpido por un encuentro cercano del tercer tipo, que desconcierta por completo a los lugareños quienes observan, impotentes, cómo los forasteros abducen a sus seres queridos. El protagonista se convierte, involuntariamente, en el líder de un grupo de rescate formado por una misteriosa mujer (Olivia Wilde), el predicador local (Clancy Brown), el comisario (Keith Carradine), el mozo de Dolarhyde (Adam Beach), el dueño de la cantina (Sam Rockwell), un grupo de asaltantes y una tribu Apache.  Poco a poco, las brumas en la memoria del héroe se disipan y se convierten en un enfrentamiento entre los vaqueros y extraterrestres del título.
Lo mejor es que este cóctel no decepciona. Es una cinta de estudio, un blockbuster espectacular. El guión de Alex Kurtzman, Roberto Orci, Damon Lindelof, Mark Fergus y Hawk Ostby, a pesar de alejarse de la fuente original, es competente y da gran importancia a un aspecto que definió la era: la fiebre de oro. Incluso la participación de Harrison Ford –secundaria a todas luces- es muy digna. Posiblemente el aspecto que muchos pueden criticar es al británico Daniel Craig, ocupando un papel que debió interpretar un “gringo” hecho y derecho. Es cierto que no es John Wayne, Glenn Ford o Clint Eastwood, pero captura la esencia del justiciero rudo y solitario que dio vida a los mejores especímenes del género. Todo rematado, como en las buenas películas de vaqueros, con el héroe que se aleja a caballo hacia el horizonte. 

viernes, 1 de abril de 2011

Sherlock Holmes vive, o cómo traer –con gracia- un clásico al nuevo milenio.

A Steven Moffat, galardonado guionista de televisión británico, los aficionados de la ciencia ficción deben notables episodios de la más reciente época de la popular serie Dr. Who. Los diletantes del horror literario el breve proyecto titulado Jekyll, puesta al día de la emblemática obra El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Lo primero que admiré de ella fue su profundo conocimiento y respeto de la novela, así como la incorporación del indispensable escritor escocés –Stevenson mismo- en la trama. Posteriormente el trabajo del actor James Nesbitt, quien consigue un brillante desdoblamiento sin una pizca de maquillaje ni efectos de computadora. Y no olvido los guiños al lector fiel: la malvada compañía de biotecnología –Klein and Utterson- toma su nombre del personaje que narra la historia original. Moffat también será el responsable de la venidera encarnación fílmica de Tintin, el popular personaje del historietista belga Georges Rémi, mejor conocido como Hergé, bajo la batuta de Steven Spielberg.
Ahora Moffat centró su atención –en colaboración con Mark Gatiss- en otro personaje clave de la ficción victoriana. El resultado es Sherlock, serie que no sólo comprueba la vigencia de la creación más famosa de Arthur Conan Doyle, sino su capacidad de adaptarse a cualquier época. El pasado martes vi el tercer episodio –y final- de su primera temporada y no puedo disimular mi fascinación. Son muchos los factores que contribuyeron a esto y que alimentan mi ansiedad por ver la continuación del relato. Los resumiré así:
1. La historia comienza –como lo planteó en su momento Conan Doyle- con el encuentro entre Sherlock Holmes (Benedict Cumberbatch) y el Dr. John H. Watson (Martin Freeman). El segundo, al igual que su par victoriano, es un veterano de guerra –de Afganistán, coincidencia histórica- que busca alojamiento en la ciudad de Londres. Un amigo lo presenta al excéntrico detective consultor –calificativo que se ufana de haber inventado-, quien deduce la pasada ocupación y costumbres del médico mediante la observación. Ambos se instalan en el 221B de la calle Baker, bajo los cuidados de su casera la Sra. Hudson (Una Stubbs), una jovial señora adicta a la televisión matinal. Conocemos también al hermano de Holmes, Mycroft (el mismo Mark Gatiss), funcionario de primer nivel de los servicios de inteligencia británica que recurre a él cuando la Corona lo requiere. “Volvió a amenazarme con hacerme Sir”.
2. La cojera característica de Watson, fruto de una herida de combate, es rápidamente descartada con una explicación convincente: se debe al estrés postraumático de su experiencia bélica, una especie de afección psicosomática de la que el personaje se libra con la adrenalina de la acción al lado de su nuevo asociado porque Watson, como bien se advirtió recientemente, es un hombre de acción, adiestrado en combate cuerpo a cuerpo y manejo de armas por su formación militar.
3. El seguidor celoso de las aventuras del Príncipe de los Detectives podría alegar que el escenario victoriano, con sus carruajes, vestimenta y sus modales refinados son indispensables en el relato holmesiano, pero los guionistas prescinden de ellos. Hoy Holmes posee su propia página web –La ciencia de la deducción- y Watson su blog personal, en el que dará cuenta de sus aventuras al lado del detective. “No puedo salir de casa sin mi bloguero”, le dijo Holmes a su compañero. Holmes también utiliza el Internet, los dispositivos de localización GPS y los mensajes de texto en sus investigaciones. Los últimos incluso para evidenciar ante la prensa la ineficacia del Detective Inspector Lestrade (Rupert Graves), servidor público del Nuevo Scotland Yard. Y el resto de los agentes policíacos no toleran la intervención de Holmes en sus pesquisas –permitida y propiciada por Lestrade-. Cuando una detective califica a Holmes de psicópata, éste la corrige enérgicamente: “no soy un psicópata, soy un sociópata funcional”. Uno de los hábitos más arraigados del detective, fumar su inseparable pipa cuando realiza sus reflexiones, es eliminado de la historia porque, como bien advierte Holmes, hoy ese vicio es censurado socialmente. Para mitigarlo utiliza parches de nicotina. “Es un problema de tres parches”. Y su gusto por la literatura sensacionalista se ha transformado en una afición por los programas chatarra de televisión, tipo “Laura de América”. “Ellos me permiten observar la naturaleza de las personas”.
4. La diversidad cultural y sexual del Londres contemporáneo es palpable. En un restaurante, Holmes y Watson bromean sobre las sospechas que pueden despertar dos hombres que comparten un departamento.
5. El estilo narrativo de la serie. Las observaciones de Holmes, veloces y profundas, son acompañadas de breves textos que ilustran al espectador sobre el razonamiento del personaje.
6. Las continuas referencias a la mitología holmesiana porque, como indican los créditos iniciales, la serie se basa en los trabajos de Arthur Conan Doyle, no en obras concretas. Así podemos encontrar aspectos de Estudio en escarlata (1887), La aventura de los seis Napoleones (1899), Los planos del Bruce-Partington (1908) y, por supuesto, El problema final (1891), entre otros.
7. La presencia, ausente pero poderosa, de su Némesis, quien se presentó a sí mismo como Jim Moriarty (Andrew Scott) en los últimos momentos del programa. Es un rival a la altura del protagonista. Con él comparte un vínculo profundo. Es su opuesto, un criminal consultor, en palabras del villano.
Y todo esto me llevó al Internet para averiguar los avances de Sherlock Holmes: A game of shadows, la secuela de la cinta protagonizada por Robert Downey, Jr. y dirigida por Guy Ritchie. Lei con agrado que a la historia se unirá Mycroft Holmes, que será interpretado por Stephen Frye –quien encarnara a Oscar Wilde- y que Jared Harris –el malvado científico de la primera temporada de la serie Fringe- será el Profesor Moriarty. La película se estrenará en diciembre de este año. Sin duda contribuirá para pasar una feliz navidad.