En su día, hablemos de dos niños ejemplares. En el
imaginario popular siempre destacarán los cándidos juegos de Merlina (Wednesdy) y Pericles (Pugsley) Addams, quienes se regodeaban con venenos, se sometían en
una silla eléctrica, jugaban con dinamita o una muñeca decapitada. Según su
creador, Charles Addams, la niña
dormía en una cama con una cabecera con un tenebroso pulpo labrado, que es
imposible desligar del famoso Cthulhu creado por Howard Phillips Lovecraft. Su relación
fue fielmente retratada más en el cine que en la serie televisiva que todos
adoramos. En Los locos Addams (Barry
Sonnenfeld, 1991), ambos representan un homenaje a Hamlet de William Shakespeare. Mientras se
enfrentan con espadas, él (Jimmy Workman)
le corta la muñeca. La sangre fluye a chorros y salpica a los espectadores.
Como respuesta, ella (Christina Ricci)
le corta el brazo, con el mismo efecto. Él da el estoque final, que rebana el
cuello de la pequeña. Mientras desfallece y baña de rojo a la audiencia,
recita: “¡Dulce olvido, abre tus brazos!” Los asistentes permanecen mudos,
horrorizados. En contraste, la orgullosa familia les aplaude de pie. Uno de los
mejores homenajes al grand guignol que he visto en los
últimos años. Véanlo con sus propios ojos. Cuidado con las salpicaduras.
Mostrando entradas con la etiqueta ocio y web. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ocio y web. Mostrar todas las entradas
martes, 30 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
La ropa no hace al villano
Uno de los principales
retos, al momento de trasladar al celuloide las aventuras de un personaje del
cómic, es el que concierne a su aspecto. Las quejas más frecuentes de los
aficionados “de hueso colorado” de estos mundos es que suelen omitirse, a veces
completamente, aspectos que caracterizan a un héroe o un villano. En Hombres X (Bryan Singer, 2000), cuando Wolverine
(Hugh Jackman) se queja de su
uniforme de batalla (un traje de piel negra), Cíclope (James Marsden) le pregunta tajantemente
“¿Qué prefieres, spandex amarillo?”. Las cosas que funcionan bien en la página
impresa, no necesariamente lo hacen al adaptarse a otros medios. Ahí se
encuentra el éxito: lograr la fusión satisfactoria de ambos mundos. Sobre todo si se
trata de un planteamiento realista. Christopher
Nolan, en la segunda entrega de su trilogía sobre Batman (Batman,
el Caballero de la Noche ,
2008), a la hora de recrear al Guasón (Heath Ledger), se aparta de la historieta, con el villano que cae a
un depósito de químicos que quita la pigmentación de su rostro y cabello, y le
provoca una sonrisa permanente. En su lugar, rodea su boca de dos cicatrices,
cubre su rostro de maquillaje y le tiñe el cabello, lo que le da un aspecto
atemorizante, como el de un payaso salido del infierno. Conserva su vestimenta
morada y verde, con la elegancia extravagante que le distingue. Algo similar hizo Sam Raimi con la apariencia de Otto
Octavius (Alfred Molina),
mejor conocido como el Dr. Pulpo en El Hombre Araña 2 (2004).
En lugar de vestirlo con un disfraz verde y anteojos que parece pertenecieron a
Elton John, se limita a una elemental gabardina verde olivo y gafas oscuras
comunes y corrientes. Incluso podría perdonársele que se alejara tanto de la
imagen tradicional del Duende Verde (Willem Dafoe) en El Hombre Araña (2002), con un
resultado que parece un híbrido del malvado y C3-PO, o uno de los Power Rangers. Esto podría explicarse
por su cercanía con la tecnología, como CEO de la enorme corporación Osborn.
En una de tantas alucinantes historias que a lo largo de los años nos han
ofrecido la familia Simpson, en una que recrea el origen de mi héroe favorito (creo
que a estas alturas no necesito decir cuál es), un agonizante Homero
le dice a Bart: “Véngame, hijo. De manera extravagante y poco práctica”.
Esta mañana
me encontré con una de las primeras fotografías en locación del galardonado actor
Jamie Foxx, que en la venidera
secuela de El sorprendente Hombre Araña (Marc Webb, 2012) encarnará al
criminal Maxwell Dillon, alias Electro. De entrada la barrera
racial se suponía poderosa, pues el actor afroamericano se pondrá los zapatos
un personaje de raza blanca. La imagen lo muestra cubierto de un maquillaje
azulado, que no deja de recordarme al Dr. Manhattan (Billy Crudup) de Watchmen (Zack Snyder, 2009), a Maxie Zeus en la novela gráfica Arham
Asylum (1989) de Grant Morrison
y Dave McKean o a las recientes –y
de corta vida- aventuras animadas del arácnido que televisaba la cadena MTV.
Creo que ese es el camino lógico: mostrarlo como un ser de energía eléctrica,
no ataviarlo con un extraño disfraz verde con amarillo, con una gigantesca
estrella cubriéndole el rostro. El mismo Foxx se negó a esta posibilidad. Evidentemente los efectos por computadora
complementarán su actuación. Comprobaremos el resultado, como anunciaron los Estudios Marvel, el 2 de mayo de 2014.
lunes, 15 de abril de 2013
De juguetes y zombis
En los últimos días he leído sobre la interacción que Robert Kirkman -creador de la popular
historieta The Walking Dead y productor ejecutivo de su versión
televisiva- tuvo con seguidores del programa, donde le hacían notar las
similitudes con la trilogía fílmica Toy
Story. Divertido, declaró lo siguiente:
Hay muchas coincidencias. Toy Story es una gran producción, es un honor
ser comparado con ella, pero sí que es verdad que algunas similitudes son muy
forzadas. He visto las tres películas (Toy Story) y es emocionante ver esos
juguetes antropomórficos y su relación con los niños a los que pertenecen, pero
no creo que haya ningún tipo de inspiración extraída para The Walking Dead.
Y como era de esperarse, casi al instante comenzaron a
aparecer materiales en la red. Uno de los mejor logrados es una versión de sus
créditos iniciales con los juguetes que bien conocemos, aderezado con el
inquietante tema musical de Bear
McCreary. Advierto. Causa adicción.
viernes, 8 de febrero de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)