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martes, 15 de octubre de 2013
lunes, 14 de octubre de 2013
viernes, 26 de julio de 2013
Pixar y el maravilloso mundo de los monstruos
Monsters, Inc.,
la maravillosa película animada dirigida en 2001 por Pete Docter (en contubernio con Lee Unkrich y David
Silverman) para los estudios Pixar
–distribuída por la casa Disney-, es
una obra cercana a la perfección. La historia del propio Docter, Jill Culton, Jeff
Pidgeon y Ralph Eggleston nos presentó a dos personajes entrañables: el “asustador”
profesional James T. Sullivan (voz
en ingles de John Goodman) y su
asistente ciclópeo Mike Wazowski
(voz original de Billy Cristal), dupla
que labora en una gran factoría –que da nombre a la cinta- y emplea tecnología que
comunica su mundo con el nuestro a través de las puertas de los armarios de los
dormitorios de los niños. Todas las noches las cruzan sigilosamente, y al
aterrar a los inocentes habitantes del otro lado obtenían energía para su orbe,
lo que hacía su labor indispensable para la supervivencia de su sociedad. El
dilema surgía con la pequeña de dos años Mary –Boo para los cuates-,
quien cambió en más de una manera su percepción de la realidad. El resultado nos
hace experimentar un sinfín de emociones –desde la risa más estridente, ternura
y sobresalto- y nos permite comprobar la magia de ese territorio llamado
infancia. Entre los méritos de su versión hablada en español destaca el logrado
doblaje de Víctor Trujillo como Sullivan y Andrés Bustamante como Wazowski,
comediantes fundamentales de mi adolescencia. Su anécdota y mensaje final –la risa
es más poderosa que el miedo y no todo lo diferente es malo- son insuperables. El
filme es un paquete muy bien cerrado que ofrecía pocas posibilidades de una
secuela directa. Su inmenso éxito comercial –más de medio billón de dólares alrededor del mundo- hizo inevitable que Disney –hoy
dueña de Pixar- pensara en otra película. El dinero manda. Y la verdad es que
se tardó demasiado. Como era difícil ir hacia adelante, eligieron el camino
obvio: ver hacia atrás.
Esa es la premisa de Monsters
University (Dan Scanlon,
2013), una precuela impecable y
deslumbrante, que hace alarde del avance de los recursos tecnológicos que no dispuso
la primera aventura. El guión de Daniel Gerson, Robert L. Baird y Dan Scanlon
se remonta a la infancia de Wasowski
(voz nuevamente de Billy Cristal y Andrés Bustamante) y su resolución para
convertirse en un “asustador” a pesar de su simpático aspecto. Al llegar a la
adolescencia ingresa al recinto educativo que del título de la película, donde
conoce al joven Sullivan (otra vez John Goodman y Víctor Trujillo), miembro de
una popular familia de “asustadores”. Diametralmente opuestos, entablan una
gran amistad que habrá de convertirlos en una de los más fructíferos dúos de su
medio. La coincidencia se encuentra en las diferencias. El conjunto, si bien es
divertidísimo y espectacular, no deja de hacerme sentir que es innecesario. No
iguala remotamente a la contundencia de la primera película. La veo como un gran
divertimento, como un producto realizado con la intención de arrastrar a las grandes
multitudes de niños al cine, que sus padres les compren cuantas golosinas les
permita su bolsillo, consuman “cajitas felices” en la hamburguesería de su
preferencia y hagan filas para adquirir el DVD –o BluRay- cuando salga a la
venta. La gracia de Monsters University
radica en la curiosidad, en ese ensamble de inadaptados convocados por
Wasowski, en la aparición del “pejelagarto” Randall Boggs (Steve Buscemi de nuevo), en ver
enfundada en un uniforme de trabajo a la malhumorada Roz o en esa fotografía del pasado con Henry J. Waternoose III, otrora
cabeza de la empresa que usaba un look
similar al del pintor Bob Ross o los
jugadores de los Harlem Globetrotters.
E instalándonos en nuestros terrenos –el horror-, el susto final que ejecutan Wasowski y Sullivan en una cabaña con una vista semejante a la de Crystal
Lake, es un momento estupendo. La gran moraleja, “puedes llegar tan
alto como desees si verdaderamente te lo propones, sin importar tu origen o
aptitudes”, entra en conflicto con otra que advertí, alarmado: “No importa una
carrera universitaria o romper las reglas. Siempre puedes escalar posiciones
desde abajo”. Rescatando lo mejor, la honestidad de Sullivan puede enseñar a
los niños que todas las acciones tienen consecuencias. La conclusión de la
cinta, el primer día de trabajo del par, es sólo el preámbulo a una experiencia
mayor que resume el entusiasmo de Wasowski:
“no puedo esperar”.
jueves, 21 de marzo de 2013
El complemento ideal
Los
primeros días de este año hablé de la grata sorpresa que me causó Batman: el regreso del Caballero Nocturno,
parte 1 (Jay Oliva, 2012), película animada –lanzada directamente al
video- basada en la emblemática novela gráfica que Frank Miller nos ofreció –por entregas- en 1986. Casi
inmediatamente pregunté a sus distribuidores –por la magia del Twitter-
cuándo estaría a la venta su segunda parte y conclusión. Me respondieron que en
el mes de marzo. Sin esperarlo, el otro día que visité mi videoclub de
confianza –Blockbuster domina el
mercado, así que no me molestaré en ocultar su nombre- la vi, reluciente, en el
mostrador. La idea de dividir el relato en dos partes, comercial a primera
vista, tiene mucho sentido en aras de respetar todos los acontecimientos que
describe.
Batman: el regreso del
Caballero Nocturno, parte 2 (Jay Oliva, 2013) es estupenda, una digna conclusión que supera a su
predecesora. No sólo es más fiel al estilo de su fuente original, sino que hace
añadidos mínimos que refuerzan la acción, como el Guasón y esa taza de café
previa a la matanza en el talk-show
nocturno, la persecución en el parque de diversiones y, sobre todo, el combate
climático entre dos colosos, opuestos perfectos si consideramos que uno es hijo
del sol y el otro de la noche. Casi todos conocen la novela, así que no corro
el riesgo de estropeársela a muchos. Cuando el aparentemente retirado Batman
regresa a la actividad, el Gobierno de los Estados Unidos y su presidente que
se parece mucho a Ronald Reagan
piden a su servidor más poderoso que “lo vuelva a meter al redil”. El que Superman
se haya vuelto un vasallo del Imperio no es difícil de digerir. De hecho lo ha
sido en muchas formas desde su creación en 1938. El duelo, magnificado, me
emocionó tanto como la primera vez que lo atestigüé. Los pensamientos del
héroe, plasmados en didascalias en su fuente primaria, se convierten en
diálogos muy afortunados. Y aunque reproduje en mi entrada anterior el mejor,
lo repito porque es mi favorito: “Quiero que recuerdes, en los años por venir, en tus momentos más íntimos, mi
mano en tu garganta. Quiero que recuerdes al único hombre que te derrotó”.
Acabo de
enterarme que en unos días la exhibidora Cinemex,
de forma limitada, proyectará el díptico para deleite de los fans de Batman,
que somos muchos. Será un éxito. Lo comprueban sus localidades agotadas. No pierdo la esperanza de que, en un futuro, Warner Bros. tome
la decisión de hacerla en live action.
miércoles, 2 de enero de 2013
El regreso a lo básico
En mi
primer escrito para este blog en el naciente 2013 decidí regresar a una de mis pasiones fundamentales. Los monstruos y Batman
son los primeros romances de mi vida. Tengo la fortuna de mantener un diálogo
constante con ellos desde entonces. Los abrazo todos los días. A horas de
concluir el año pasado, me topé con una pequeña sorpresa: la adaptación animada
de una de las historias que más entraño, El regreso del Caballero Oscuro. La
dirigió en 2012, directamente para el video, Jay Oliva. Para mi inmensa frustración, la dividió en dos partes.
La segunda estará disponible los últimos días de este mes. Pero volveré a ella
más tarde.
El regreso del
Caballero Oscuro
fue la primera de cuatro historietas originalmente escritas e ilustradas por Frank Miller, entintadas por Klaus Janson y brillantemente
coloreadas por Lynn Varley, publicadas
en abril y junio de 1986. Le siguieron El Caballero Oscuro triunfante, La
caza al Caballero Oscuro y La caída del Caballero Oscuro. Un
año después fueron compiladas en un solo tomo, que recibió el título del primer
relato. Todos los elogios que tengo para esta historia son pocos. El crítico y
escritor Les Daniels la considera
seminal para el universo de Batman.
Forma parte de la mayor parte de las listas de las 10 mejores novelas gráficas de superhéroes que conozco. Por si
fuera poco, la compilación cuenta con un lúcido ensayo introductorio de Alan Moore, autor de Watchmen,
otra historia decisiva durante la década de los 80. Richard Reynolds, en Superheroes, a modern mithology,
califica ambas como puntos decisivos de evolución de la historieta de
superhéroes. El mensaje final de Moore, dirigido a quienes conocían por vez
primera la historia, es certero: “para el resto de ustedes, que están a punto
de entrar a un nuevo territorio, sólo puedo expresarles mi extrema envidia.
Están a punto de encontrarse con un nuevo nivel de narración de historietas. Un
nuevo mundo con nuevos placeres y dolores. Un nuevo héroe”.

En la
narración es muy importante la enorme influencia de los medios de comunicación
en la sociedad contemporánea, desde los debates televisivos sobre las nuevas
correrías del héroe, el seguimiento noticioso a conflictos armados (como el de Corto Maltese, visto en el primer Batman de Tim Burton, quien le reconoce una gran influencia en la película que catapultó su carrera), la masacre del Guasón en un popular talk show nocturno
conducido por alguien muy parecido a David
Letterman o las apariciones triunfalistas de un colorido Presidente de los Estados
Unidos que no deja de recordarnos a Ronald
Reagan. Lo cual no deja de verificar lo dicho por el Dr. Emmet L. Brown (Christopher Lloyd) en Volver
al futuro (Robert Zemeckis,
1985), que vi nuevamente estos días: “ahora entiendo por qué tienen un
Presidente actor: para que se vea bien en televisión”.
Regresando
a la versión animada, sólo puedo reprocharle la ausencia de los pensamientos de
Batman, que dan un tono introspectivo
al relato: “Debería ser una agonía. Debería ser una masa de músculos adoloridos,
rotos, incapaces de moverse. Pero soy de nuevo un hombre de treinta, de veinte
años. La lluvia en mi pecho es un bautizo. Volví a nacer” o “Este es el fin
para ambos. Pudimos cambiar el mundo, pero míranos. Me he convertido en un botín
político y tú en una broma. Quiero que recuerdes, en los años por venir, en tus
momentos más íntimos, mi mano en tu garganta. Quiero que recuerdes al único
hombre que te derrotó”.
Miller dio
una tardía continuación a su historia, publicada entre 2000 y 2001 como El
Caballero Oscuro ataca de nuevo, también conocida como DK2.
La obra dividió la opinión de la crítica y los aficionados, pero de ninguna
manera alcanzó el impacto y originalidad de su predecesora. Por eso me quedo
con ella, ansioso por la segunda parte animada, que será un estupendo regalo de
Reyes Magos.
Para todos
ustedes mis mejores deseos en este naciente año. Háganlo más interesante y
productivo que el anterior. Den el mejor sentido a su existencia y a la de las
personas que los rodean.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Apología del crítico
La vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos: arriesgamos poco y tenemos poder sobre aquellos que someten su trabajo y su servicio a nuestro juicio. Prosperamos con las críticas negativas, divertidas de escribir y de leer. Pero la triste verdad que debemos afrontar es que en el gran orden de las cosas, cualquier basura tiene más significado que lo que deja ver nuestra crítica.
Pero en ocasiones el crítico sí se arriesga cada vez que descubre y defiende algo nuevo. El mundo suele ser cruel con el nuevo talento. Las nuevas creaciones, lo nuevo, necesitan amigos. Anoche experimenté algo nuevo. Una extraordinaria cena de una fuente singular e inesperada. Decir sólo que la comida y su creador han desafiado mis prejuicios sobre la buena cocina, subestimaría la realidad. Me han tocado en lo más profundo. En el pasado jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau: “cualquiera puede cocinar”. Pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado. Es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que ahora cocina en el restaurant de Gusteau y quien, en opinión de este crítico, es nada menos que el mejor chef de Francia.
Pronto volveré a Gusteau, hambriento.
-Reseña hecha por el crítico culinario Anton Ego sobre las habilidades del pequeño chef Remy, según el guión de Brad Bird y Jim Capobianco para la película Ratatoille (2007). Voz en español del grandioso Germán Robles, en inglés del igualmente talentoso Peter O´Toole.
Pero en ocasiones el crítico sí se arriesga cada vez que descubre y defiende algo nuevo. El mundo suele ser cruel con el nuevo talento. Las nuevas creaciones, lo nuevo, necesitan amigos. Anoche experimenté algo nuevo. Una extraordinaria cena de una fuente singular e inesperada. Decir sólo que la comida y su creador han desafiado mis prejuicios sobre la buena cocina, subestimaría la realidad. Me han tocado en lo más profundo. En el pasado jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau: “cualquiera puede cocinar”. Pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad. No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado. Es difícil imaginar un origen más humilde que el del genio que ahora cocina en el restaurant de Gusteau y quien, en opinión de este crítico, es nada menos que el mejor chef de Francia.
Pronto volveré a Gusteau, hambriento.
-Reseña hecha por el crítico culinario Anton Ego sobre las habilidades del pequeño chef Remy, según el guión de Brad Bird y Jim Capobianco para la película Ratatoille (2007). Voz en español del grandioso Germán Robles, en inglés del igualmente talentoso Peter O´Toole.
lunes, 7 de junio de 2010
Los niños de hoy y el cine

Vayamos por partes, como el descuartizador. A Jonz debemos interesantes cintas como ¿Quieres ser John Malkovich? (1999) y El ladrón de orquídeas (2002). En ambas demuestra su buen oficio y predilección por historias poco convencionales. Donde viven lo monstruos narra las andanzas de Max (Max Records), un niño de 8 años que persigue a su perro y comete todo tipo de estropicios enfundado en un inocente disfraz de lobo. Su indisciplina se desprende del divorcio de sus padres, del desapego de su hermana y del intento de su madre (Catherine Keener) por rehacer su vida sentimental.



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