Solían llamarse penny dreadfuls a las
publicaciones periódicas que proliferaron en la Inglaterra del siglo XIX.
Su baja calidad de impresión se reflejaba en su costo (el penique de su nombre) y eran dirigidas fundamentalmente a la clase
trabajadora, ávida de una lectura de evasión acorde a sus magras posibilidades
económicas. Sus temas eran mórbidos a todas luces: asesinatos arrancados de la
nota roja, incestos, violaciones, accidentes ferroviarios, noticias de
nacimientos de bebés deformes y demás tragedias. Uno de los más vendidos fue The
string of pearls: A romance, aparecido entre 1846 y 1847 en The
People's Periodical and Family Library. Daba cuenta del supuesto caso
criminal, elevado a leyenda, de Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la
calle Fleet. Traté el tema con Guadalupe
Gutiérrez en el desaparecido podcast Testigosdel Crimen.
Pero no nos desviemos. Todo era mayormente tomado de la realidad pero había
cabida para la ficción. De la mano a los albores de la revolución industrial,
los editores se dieron cuenta de su enorme potencial pues la lectura era
considerada algo exclusivo de las clases acomodadas, quienes podían darse el
“lujo” de comprar libros. Fue el momento donde se cobró consciencia del horror
como un gran negocio.
El calificativo también da título a la serie
de televisión coproducida por Estados Unidos e Inglaterra y creada por el
laureado John Logan. El hombre es
responsable de los guiones de Gladiador (Ridley Scott, 2000), La máquina del tiempo (Simon Wells y
Gore Verbinski, 2002), El Aviador (Martin Scorsese, 2004), Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la
calle Fleet (Tim Burton,
2007), Hugo (Martin Scorsese, 2011), Operación Skyfall (Sam Mendes, 2012) y la venidera
aventura del espía al Servicio de su Majestad, Spectre, que también será
dirigida por Mendes. En muchas formas, el premiado cineasta es también
responsable de estas líneas. Logan, un dramaturgo oriundo de San Diego,
California, escribe una propuesta profundamente respetuosa al espíritu de la
época que tanto adoro, un auténtico homenaje a los mitos básicos de la
literatura de horror que los amalgama a la perfección, de manera orgánica, sin
lucir como un pastiche forzado ni pretensioso. En lo que a mí respecta, a unos
cuantos días de finalizar el año, Penny dreadful es la mejor teleserie
de 2014.
Londres, 22 de septiembre de 1891. En un
sombrío y humilde hogar victoriano, una madre y su hija son brutalmente
masacradas por un ser que no vemos a cuadro, mientras en otro lugar, de manera
casi frenética, la psíquica Vanessa Ives (Eva Green) reza a una cruz colgada en su pared. El hecho despierta
la duda del regreso del célebre criminal conocido como Jack el destripador. A la
mañana siguiente, Ives asiste al
espectáculo del encantador y sobresaliente tirador estadounidense Ethan
Chadler (Josh Hartnett), a
quien recluta para una misteriosa misión. Esa misma noche se reúnen con el
acaudalado expedicionario Sir Malcolm Murray (Timothy Dalton), con quien acuden a un
fumadero de opio y enfrentan la otredad, un mundo oculto para el resto de los
mortales. Su encuentro los lleva a consultar al arrogante Víctor Frankenstein (Harry Treadaway), joven médico
obsesionado con el estudio del cuerpo humano que aporta información relacionada,
como revela en excéntrico egiptólogo Ferdinand Lyle (Simon Russell Beale), con el Libro de los Muertos de la cultura
egipcia y un extraño significado relacionado con la sangre. Él invita a Sir Malcolm y Vanessa a una suntuosa reunión donde conocen al intrigante Dorian
Gray (Reeve Carney) y a la
espiritista Madame Kali (Helen
McCrory), quien ayuda a abrir puertas que no deben ser cruzadas. Todos
poseen demonios internos que inevitablemente saldrán a la luz.
En ocho episodios, el programa nos
presenta con habilidad las principales preocupaciones de una época y la
imaginación poderosa y perdurable de algunos de sus autores más sobresalientes,
como Mary Shelley, Bram Stoker y Oscar Wilde, además de hacer alusiones
a brillantes poetas románticos como Percy
Shelley, William Wordsworth y John Keats. Y ni qué decir del Paraíso
perdido de John Milton o de
la poderosa presencia de William
Shakespeare, inevitable dados los inicios creativos de Logan. Al bondadoso Vincent
Brand (Alun Armstrong), cabeza
de una compañía de Grand Guignol,
debo una de las líneas que más me conmovió de la serie. Y está dirigida a uno
de los seres más inocentes e incomprendidos de la literatura: “Hay un lugar
donde los malformados consiguen gracia. Donde los feos pueden ser hermosos. Donde
lo extraño no es rechazado, sino celebrado. Ese lugar es el teatro”.

Quería escuchar el podcast que mencionan pero el link no funciona, ¿pueden proporcionarme otro para eschucharlo?
ResponderEliminarPor cierto, una entrada breve y muy completa a la vez, gracias!