Mi
reencuentro televisivo, accidental, con el remake
de Viernes 13 (Marcus Nispel, 2009)
confirmó lo que sentí cuando lo vi por vez primera: fue un esfuerzo inútil,
insatisfactorio, casi irrespetuoso, por tratar de revivir una redituable
franquicia. Sucedió algo similar con la intentona (que si tuvo una secuela) del
músico y cineasta Rob Zombie por
traer a los nuevos públicos la indispensable Halloween (en 2007). Un poco más afortunada fue la puesta al día de
Pesadilla
en la calle del infierno, rebautizada apropiadamente como Pesadilla en Elm Street (Samuel Bayer,
2010), y aún a pesar de sus aportaciones (abundar en el pasado pedófilo de Freddy
Krueger) y su competente protagonista (Jackie Earle Haley) queda a deber al aficionado de la saga, al que
añora tiempos sencillos y sanguinolentos. Pareciera que los aspectos que
definieron a las slasher movies han quedado atrás. La ausencia de nuevos
especímenes me lleva a preguntarme si es posible que haya un resurgimiento de
este subgénero del cine de horror. El más atractivo en tiempos recientes fue Scream,
grita antes de morir (Wes Craven,
1996). Lo terrible es que desde su estreno han pasado casi dos décadas. Su
aportación consistió en deconstruir sus convenciones: el inteligente guión de Kevin Williamson nos presentaba a Randy
Meeks (Jamie Kennedy), un
joven como ustedes o yo (aunque ya no lo soy tanto) que adoraba las versiones
originales de los títulos que mencioné y enunciaba una serie de reglas para
sobrevivir en una historia de este tipo. En ellas definía sus elementos
infaltables:
1. Una locación con personalidad
propia, sea una entidad (el Estado de Texas), un campamento en el bosque (Crystal Lake) o una comunidad
suburbana (Haddonfield, Illinois, Woodsboro,
California, o Springwood, California, todas ficticias). Porque el villano,
como muchos depredadores, es territorial.
2. Un asesino terrible, preferentemente enmascarado, con un pasado tortuoso que busca venganza y víctimas a cualquier costo, débala o no el desafortunado que se cruce en su camino.
3. Corderos de sacrificio, es
decir jovencitos de diferente naturaleza, desde la chica virtuosa y
virginal, el estudiante sensato e inteligente, el popular y atractivo
atleta, el borrachito impertinente, la voluptuosa y casquivana porrista, el rebelde sin causa o el impopular nerd. Todos jugarán diversos
papeles en la intriga. No todos sobrevivirán.2. Un asesino terrible, preferentemente enmascarado, con un pasado tortuoso que busca venganza y víctimas a cualquier costo, débala o no el desafortunado que se cruce en su camino.
4. Sexo, actividad que el malvado
castigará sin piedad. Todos recordamos a las parejitas que se encontraban
en pleno fornicio y eran despachadas cruelmente por el homicida en turno. En muchas
maneras el slasher era un
guardián de las buenas costumbres y un vigilente de la sexualidad irresponsable
en la era de Ronald Reagan, el SIDA y las enfermedades infecto
contagiosas.
5. Mucha, mucha sangre, que incluso debe salpicar la cámara.
5. Mucha, mucha sangre, que incluso debe salpicar la cámara.
Casualmente
todos confluyeron en la muy afortunada La cabaña del terror (The
cabin in the woods, Drew Goddard,
2012). Esta es la luz de esperanza que busco. Así que los futuros cineastas
tienen un gran reto por delante.
Dentro de los subgéneros del cine de horror, el slasher es sin duda uno de mis favoritos. Puede que utilice siempre la misma fórmula y que esté lleno de clichés, pero funciona.
ResponderEliminarOjalá pronto surgieran más proyectos relacionados con él, y si no es así, algo tendremos que hacer al respecto.
¡Saludos!
Muy cierto, querido Calavera. El slasher debe renacer. Gracias por pasar por esta tu casa. Un abrazo.
ResponderEliminar17 años ya desde el estreno de Scream... aunque para mi aún esta lejos de las cintas de antaño. Tendré en cuenta "La cabaña del terror" en mi próxima visita de renta :D
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