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lunes, 3 de marzo de 2014

Horrible inmortalidad (2)

El sábado pasado, en la trigésima quinta emisión de la fiesta de los libros y la imaginación que se celebra tradicionalmente en el Palacio de Minería, recinto brillante de mi Universidad Nacional, tuve el honor de acompañar a Alberto Cué, Bernardo Esquinca y Rafael Aviña en la presentación de su nuevo libro Orson Welles en Acapulco y el misterio de la Dalia Negra, un texto que converge tres veces –desde su título- en la mutilación: de la obra del cineasta, el lugar paradisíaco y la víctima a los que hace referencia. Este es el texto que preparé para la ocasión.
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Horrible inmortalidad
(Texto para la presentación de “Orson Welles en Acapulco”)
Roberto Coria

El cuerpo sin vida de la joven aspirante a actriz Elizabeth Short, bautizada por los medios de comunicación de su tiempo y conocida por la posteridad como la Dalia Negra, fue descubierto la mañana del 15 de enero de 1947 en un lote baldío en la intersección de las avenidas South Norton, Coliseo y Oeste 39, distrito de Leimert Park, en Los Ángeles, California. Si su cadáver no hubiera sido dispuesto de una forma tan brutal, posiblemente su caso no habría trascendido en la Historia del Crimen: desnuda, eviscerada y desangrada, partida en dos por la cintura, mutilada facialmente para simular una grotesca sonrisa. Omito deliberadamente más detalles. Éstos sólo nos envilecen como especie. La imagen perturbó la opinión pública de su época e incendió la imaginación de una innumerable cantidad de personas. Sobra decir que su asesino –o asesinos- nunca fue identificado.
Este es precisamente el punto del que parte el comunicador y crítico de cine Rafael Aviña en Orson Welles en Acapulco y el misterio de la Dalia Negra (CONACULTA, 2013), un libro inclasificable que transita con gracia entre el periodismo de investigación, la llamada non fiction novel, el ensayo, el guión cinematográfico y la biografía. Todo en su conjunto trata de dar solución al enigma, una teoría tan válida por los hallazgos que realiza el autor y van más allá de la mera coincidencia. Todos nos remiten a una de las más prestigiadas figuras del Séptimo Arte: Orson Welles, ese genio que en 1941 pasó a la historia por escribir, dirigir y protagonizar El ciudadano Kane, una joya indispensable para todo amante del cine.
Aviña, como el ficticio reportero Jerry Thompson (William Alland) que trata de descubrir el significado de las últimas palabras del magnate de los medios de comunicación Charles Foster Kane (Welles), escarba en el tiempo y nos traslada a un lugar inmediato y vinculado al crimen que a primera vista nos parecería improbable: el paradisíaco puerto de Acapulco de finales de los años cuarenta, un lugar belleza incomparable. Hace un vivo retrato de su historia –a través de una profusión de publicaciones y testimonios-, su  gente, sus grandes carencias, los afanes de los políticos por convertirlo en un punto obligado del turismo y la industria cinematográfica extranjera y nacional. Rafael no pierde a oportunidad de expresar su amor por el sitio, mismo que lo une irremediablemente con su querido Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo, el mítico Tin Tán, que hizo de Acapulco su segundo hogar, recorrió sus aguas a bordo de sus Tintaventos y realizó ahí en 1969 –escrita, dirigida y estelarizada por él- una de sus últimas películas, El capitán Mantarraya.
Rafael también nos presenta un viaje tras la filmación de una de las cintas más recordadas de Welles, espécimen fundamental del llamado Cine Noir –sobre el que nos da una verdadera cátedra en su doceavo capítulo: La dama de Shanghai (1947), escrita, dirigida y protagonizada por él y su entonces esposa Rita Hayworth. Precisamente su relación intermitente y contradictoria nos permite formarnos una imagen de Welles, el hombre: un individuo fuerte y corpulento que rebasaba los 1.85 metros de estatura, violento, irascible, misógino, taurópata, con un bajo umbral de tolerancia a la frustración, megalómano e increíblemente creativo. Aviña no lo señala gratuitamente como un sospechoso potencial. Estuvo en la mira del Departamento de Policía de la Ciudad de los Ángeles y del escrutinio de numerosas investigaciones como la de Mary Pacios, amiga entrañable de la infancia de Short que ha emprendido una cruzada por vindicar su imagen. ¿Welles pudo encontrarse tras el asesinato de la Dalia? Esa es una teoría más, tan probable como las muchas otras que a lo largo de los años se han producido. Si quieren corroborarlo, deberán comprar el libro.
Sólo me resta invitarlos a conocer el texto y agradecer a Rafael Aviña por esta carta de amor al cine, a uno de sus lugares extraordinarios y a la búsqueda de la verdad para dignificar a una trágica figura en un país y una época donde nuevas Dalias aparecen todos los días.

Finalizo mi participación dedicándola a la memoria de Elizabeth Short, como hizo Rafael en el principio de su libro. No imagino qué pasaba por su mente los días previos a ese fatídico 15 de enero de 1947. Sólo imaginarlo resume la esencia del horror y puede provocarnos las peores pesadillas. Sin embargo sus sueños –aunque no como los esperaba- se volvieron realidad. Cito a Aviña: “La figura bellísima de La Dalia Negra se mantiene incorruptible en el deseo, la fantasía y el tiempo. Su cuerpo, exánime y profanado, se convirtió en un cadáver exquisito en toda la extensión de la palabra, y su hermoso rostro, fascinante y perturbador, no supo jamás de los estragos de la vejez. El hecho relevante es que la Dalia no pudo rehuir a su destino. Si Elizabeth Short no hubiera sido sacrificada, hoy en día sería una respetable anciana de ochenta y nueve años”. 

jueves, 27 de febrero de 2014

El extraño caso del Señor Disney y la Señora Poppins

Lo primero que hay que aclarar es que la película El sueño de Walt Disney (2013), producción británica-australiana-estadounidense dirigida por John Lee Hancock a partir de un guión de Kelly Marcel y Sue Smith, se llama originalmente Salvando al Señor Banks. El título por el que la conocemos en nuestro país se debe sin duda al enorme peso de la figura del animador y empresario en la historia, aunque no es el protagonista. Esto me da pretexto para hablar del sentimiento amor-odio que tengo por él. Confieso que jugó un papel decisivo en mi interés por la fantasía desde temprana edad. Las visitas con mi madre al extinto Cine Continental de esta gloriosa y decadente Ciudad de México, recinto sagrado que está a meses de ser derrumbado, son parte de mi formación como amante del Séptimo Arte. Y lo mismo ocurrió a muchos, pese a que comúnmente se niegue. Gracias a esas películas, de Blanca Nieves (1937) a Bambi (1942), de Dumbo (1941) a Peter Pan (1953), de 20 mil leguas de viaje submarino (1954) a El gran ratón detective (1986), me interesé en conocer las versiones originales que las propiciaron. Ahí nació mi romance con la literatura y la razón que me hizo despreciar sus productos. Basta leer Cenicienta –en la versión de su preferencia, sea la escrita por Charles Perrault o los Hermanos Grimm- para darse cuenta de las enormes diferencias respecto a lo que conocimos en la pantalla grande: adaptaciones edulcoradas de relatos que nos ayudaban a lidiar con los temores de nuestra infancia en la transición a la adolescencia. En muchos modos no podemos culpar a Disney. Esa fue la fórmula que le permitió convertirse de un humilde dibujante en un magnate que conquistó todos los medios de comunicación. Supo beneficiarse de la fantasía de los niños y los bolsillos de sus padres para construir un gran negocio. Y eso no lo que me disgusta. Ya lo dijo el Guasón del difunto Heath Ledger: “si eres bueno en algo, nunca lo hagas gratis”. Lo que me causa serios conflictos es que lo comercial corrompa la esencia de las cosas. De ahí viene mi temor por su reciente adquisición de Marvel Comics y la franquicia Star Wars. Me indigna profundamente ver al robot R2-D2 (conocido como Arturito en estos rumbos) con unas orejitas de Mickey Mouse.
Pero regresemos a Salvando al Señor Banks. Es un recuento, que oscila entre el drama y la comedia, de los hechos que hicieron que la novelista británico-australiana Pamela Lyndon Travers (Emma Thompson) vendiera a Walt Disney (Tom Hanks) los derechos para trasladar al cine a su más popular creación –la niñera mágica Mary Poppins-, una negociación que se prolongó por veinte años y demostró una de dos cosas: el genuino anhelo de Disney por contar la historia (“es una promesa que hice a mis hijas”) o su convencimiento por su potencial económico. Si toda obra de arte posee rasgos autobiográficos, la de Travers –nacida como Helen Lyndon Goff- no es la excepción y relaciona terribles recuerdos de su infancia con el personaje que detona los acontecimientos de Mary Poppins, el rígido banquero George Banks. Esto la convirtió en una mujer absurdamente exigente que grababa en audio todas sus sesiones de trabajo de escritorio –cosa que acompaña los créditos finales- y despreciaba cualquier intento porque su texto –el primero de una serie- se convirtiera en un musical animado. Al final descubrimos que ambos, Disney y Travers, son perseguidos por demonios similares. Sólo que eligen exorcizarlos de maneras diferentes. Y de paso conocemos un poco de Disney, descripción que deliberadamente lo engrandece (“odia que lo llamen Señor Disney. Prefiere que le digan Walt”) como un individuo generoso, amable y tenaz pero evade profundizar en la especulación sobre los derechos autorales de la insignia de su Imperio. “El ratón es mi familia”. Era previsible que la Compañía Disney, parte obligada del proyecto por razones legales, solicitara que su fundador fuera interpretado por un actor reconocido, en este caso uno que ha ganado dos veces el codiciado Óscar y, como está más allá del bien y del mal, ha aparecido en la película de Los Simpson (“Hola, soy Tom Hanks. Como el Gobierno de Estados Unidos ha perdido su credibilidad, me ha pedido prestada la mía”) o bailando “El chicharito” en un programa de la cadena de televisión latina Univisión.

Salvando al Señor Banks es una película impecablemente realizada, con una muy competente fotografía de John Schwartzman, una gran recreación de época de Lauren E. Polizzi y Susan Benjamin, y una emotiva partitura de Thomas Newman. También cuenta con las actuaciones secundarias de Paul Giamatti, Bradley Whitford y Collin Farrell. En resumidas cuentas, es una buen biopic. No más, no menos. Sigo en espera de un filme que profundice en los claroscuros de Disney, el hombre. Porque en la vida real no todo es hermoso. Pero eso seguramente sería obstruido por una industria que protege y busca dar un aura de santidad a sus mitos porque, nos guste o no, Walt Disney lo es. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Fantasmas bajo la luz eléctrica inicia el 17 de febrero

Coordinación de Humanidades
Casa Universitaria del Libro

FANTASMAS BAJO LA LUZ ELÉCTRICA

Curso interdisciplinario
(Literatura, historia, cine y otros medios)

Coordinadores:

Vicente Quirarte
y
Paulo Roberto Coria Monter

17 de febrero a 30 de junio de 2014
Lunes de 17 a 20 horas


El verdadero amor es como  el fantasma: todo mundo habla de él pero pocos lo han visto
François, duc de La Rochefoucauld


Antecedentes. Al escribir de noche, Edgar Allan Poe lo hacía con luz de vela. No obstante ser artículo de apremiante necesidad, sobre todo para un poeta, su costo era elevado. Lo mismo sucedía con lámparas que utilizaban purísimo aceite de ballena, lo cual explica el apogeo que la cacería del Leviatán tuvo durante parte considerable del siglo XIX. Derivada del petróleo, la parafina contribuyó igualmente a la iluminación. Las velas adquirieron inusitada calidad mediante los descubrimientos del químico francés Michel Eugène Chevreul (1786-188), cuya longevidad de 103 años le permitió ser testigo de la electricidad y su actuación protagónica.
Poe fue plenamente leído y asimilado en nuestro país con la llegada de la luz eléctrica. En 1880 se instalaron 40 focos alimentados por la nueva energía en la Plaza Mayor de la Ciudad de México y en la arteria que al desembocar en ella con distintos nombres era la  más privilegiada de la urbe: Plateros, San Francisco, Corpus Christi.
Ante la irrupción de la intrusa que amenazaba clausurar el imperio de las sombras, las presencias cambiaron de armas y estrategias. El estudio científico de las complejidades del alma humana y la amplitud del espectro sensorial permitió a nuestros grandes torturados comprender la afirmación de Poe en el sentido de que sus cuentos no eran imitación de modelos alemanes sino nacían de las profundidades de su propio corazón.

Objetivos. Con la participación de académicos de varias instituciones y artistas de diferentes disciplinas, el presente curso aspira a hacer una anatomía del fantasma para tratar de responder al planteamiento formulado por Guillermo del Toro como epígrafe a su película El espinazo del diablo: “¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor quizá, algo muerto que parece por momentos vivo, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía dolorosa, como un insecto atrapado en ámbar”.

Temario

  • 17 de febrero de 2014, Historia natural de los cuentos de fantasmas. Por Paulo Roberto Coria Monter (ENAP, UNAM).
  • 24 de febrero de 2014, Poe entre nosotros. Por Vicente Quirarte (IIB, UNAM).
  • 3 de marzo de 2014, México heterodoxo. Por José Ricardo Chaves (IIFL, UNAM).
  • 10 de marzo de 2014, William Mumler y Laureana Wright, fotógrafo y cazadora de fantasmas. Novela con fantasma. Por Darío Jaramillo Argudelo.
  • 17 de marzo de 2014. No hay sesión. Día festivo.
  • 24 de marzo de 2014. Arthur Conan Doyle, cazador de fantasmas. Por José Luis Zárate.
  • 31 de marzo de 2014. Fantasmas finiseculares. Espectros de Henrik Ibsen. Por Víctor Grovas Hajj (Universidad del Claustro de Sor Juana).
  • 7 de abril de 2014. Fantasmas en la capital mexicana. Ciudad fantasma. Taller teórico-práctico. Por Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte.
  • 14 de abril de 2014. No hay sesión. Semana Santa.
  • 21 de abril de 2014.  Fantasmas, espectros y otros trapos sucios I. Por Jaime Alfonso Sandoval.
  • 28 de abril de 2014. Fantasmas, espectros y otros trapos sucios II. Taller de escritura. Por Jaime Alfonso Sandoval.
  • 5 de mayo de 2014. No hay sesión. Día festivo.
  • 12 de mayo de 2014. Fantasmas en el celuoide. Por Pablo Guisa (Festival Mórbido).
  • 19 de mayo de 2014. Proyección de El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001). Comentarios de Abraham Castillo (Instituto Ruso Mexicano Serguei Eisenstein y Festival Mórbido).
  • 26 de mayo de 2014. Fantasmas en el cine mexicano. Proyección de El escapulario (Servando González, 1968). Por Pablo Guisa (Festival Mórbido)
  • 2 de junio de 2014. El fantasma visto por el oriente. Por Jorge Grajales.
  • 9 de junio de 2014. Presencia de lo invisible. Los escritores y el ocultismo. Por Ignacio Solares.
  • 16 de junio de 2014. Parapsicología, o los verdaderos cazafantasmas. Mario Méndez Acosta. 
  • 23 de junio de 2014. Fantasmas en el teatro I. El fantasma del Hotel Alsace de Vicente Quirarte y sus hermanos: “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde, El fantasma de la ópera de Gastón Leroux. (Proyección del video de la obra preparado por TV UNAM). Por Vicente Quirarte y Eduardo Ruiz Saviñón.
  • 30 de junio de 2014. Fantasmas en el teatro II. Otra vuelta de tuerca de Henry James y su traslado al teatro en Los inocentes de William Archibald. Por Vicente Quirarte, Eduardo Ruiz Saviñón y Roberto Coria.

jueves, 31 de octubre de 2013

Un hijo distinguido del Halloween

Para acercarse a Ray Bradbury*
Roberto Coria

Ray Douglas Bradbury dejó de respirar la mañana del martes 5 de junio de 2012, a los 91 años de edad. Me enteré del hecho cuando me encontraba en un congreso de ciencias forenses, a través del mensaje que me envió mi amigo Bernardo Esquinca, otro de sus devotos y discípulos. No puedo evitar decir que esto me produjo un profundo pesar. Aunque nunca lo conocí físicamente, lo hice desde mi infancia a través de su talento e incontables creaciones que incendiaron mi imaginación. A pesar de las complicaciones propias de su edad, Bradbury partió de la mejor manera posible: en su hogar de California, rodeado de sus seres amados, con el orgullo de saberse uno de los autores más importantes de la narrativa estadounidense del siglo XX. El presidente de su país, Barak Obama, hizo una declaración oficial tras su deceso:
Para muchos estadounidenses, la noticia de la muerte de Ray Bradbury evocó inmediatamente imágenes de su obra, grabada en nuestras mentes desde una edad temprana. Su talento como narrador modificó nuestra cultura y amplió nuestro mundo. Ray entendió que nuestra imaginación podría ser utilizada como herramienta para una mejor comprensión, un vehículo para el cambio y una expresión de nuestros valores más preciados. No hay duda de que Ray Bradbury seguirá inspirando a muchas generaciones con su escritura. Nuestros pensamientos y oraciones están con su familia y amigos.

Que esta charla se lleve a cabo el 31 de octubre, fecha de la festividad celta que marcaba el final de las cosechas y el inicio del inverno, ocasión celebrada entre las culturas paganas europeas hasta la irrupción del cristianismo es especialmente relevante si leemos dos de sus textos fundamentales. Uno es su tercera publicación, El país de octubre (1955), una maravillosa antología de cuentos macabros que honran a esta festividad. El otro relato es su novela de 1972 El árbol de las brujas. No peco al decir que la parada final del viaje casi antropológico de 8 niños se encuentra en un lugar que casi todos conocemos:
Estaban suspendidos sobre una isla en ese lago de México.
Allá abajo oyeron ladridos de perros en la noche.
En el lago iluminado por la luna vieron unos pocos botes que se movían como insectos acuáticos. Oyeron tocar una guitarra y un hombre cantó con una voz melancólica y aguda.



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*Extracto te de lo que leeré hoy en Fiction for the masses, homenaje a Ray Bradbury en la FES Acatlán. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Atenta invitación

El canon Frankenstein

Curso interdisciplinario
Cine, Historia, Ciencia y Literatura

Coordinadores: Vicente Quirarte y Roberto Coria

Septiembre-Diciembre de 2013


Duración: 48 horas
(12 sesiones de cuatro horas cada una los sábados de 10 a 14 horas)


Antecedentes. “El sueño de la razón produce monstruos”, escribió Francisco de Goya en una de sus más inquietantes litografías de los Caprichos, concebida cuando sus fantasmas internos se rebelaban y le revelaban las luces de lo oscuro. Contemporáneamente,  Mary Shelley creaba el personaje de Víctor Frankenstein, que trasciende su filiación gótica para convertirse en símbolo de quien intenta equiparar su  obra a la de los dioses o la Naturaleza: crear un hombre, dar la vida a otro ser.
En tiempos de estudios de género, clonación e ingeniería genética, la novela de Mary Shelley dista de ser una ficción para el consumo efímero. Aquella joven de dieciocho años, testigo y protagonista del huracán que modificaba hábitos, países, voluntades, tuvo la lucidez para hacer cabalgar su pesadilla -jaca nocturna- en los campos de la ciencia y la filosofía, y crear una obra aún inquietante,  lo cual demuestra que la recepción de su novela -como corresponde a un clásico- necesitaba del tiempo para apreciar  más claramente las relaciones peligrosas -y en su novela fatales- entre la imaginación y el conocimiento científico.

Objetivos: El presente curso interdisciplinario pretende estudiar la novela de Mary Shelley y las  transformaciones discursivas que ha tenido a través del tiempo en diferentes ramas del conocimiento.

Temario

7 de septiembre
  • Una mujer llamada Mary Shelley y un monstruo llamado romanticismo. Vicente Quirarte (IIB-UNAM)
  • El cónclave de Coligny: Byron, Shelley, Polidori & Ce. Lectura de Guillermo Henry


14 de septiembre
  • Lectura comentada de la novela. Vicente Quirarte y Roberto Coria.
  • Película: Gothic de Ken Rusell.


21 de septiembre
  • El homúnculo alquímico como antecedente de Frankenstein. Vicente Quirarte y Roberto Coria.
  • Película El Golem (Der Golem), Paul Wegener, 1920. Ángel Miquel


28 de septiembre
  • El hombre artificial en la literatura. José Ricardo Chaves (IIFL-UNAM)
  • Frankenstein, primera novela de ciencia ficción. Bernardo Fernández, Bef.


5 de octubre
  • Antropología del cerebro. La conciencia y los sistemas simbólicos. Roger Bartra (IIS-UNAM).
  • Intervenir clínicamente el cerebro humano. Fernando Chico Ponce de León.


12 de octubre
  • Los riesgos de las metáforas: Galvani, Frankenstein y la chispa de la vida. Antonio Lazcano Araujo (FC-UNAM).
  • Frankenstein a la luz de la clonación y el mapa del genoma humano. Arnoldo Kraus (Instituto de Bioética, UNAM)


19 de octubre
  • Entre la religión y la bioética. Padre Javier Prado Galán.
  • Frankenstein en la era de los trasplantes a la luz de las ciencias jurídicas. Víctor Carrancá


26 de octubre
  • Frankenstein en el cine nacional. Pablo Guisa (Festival Mórbido).
  • La criatura y sus transformaciones en la pantalla grande. Roberto Coria.


9 de noviembre
  • Comedia, parodia y otros exorcismos. Roberto Coria.
  • Película: El joven Frankenstein (Young Frankenstein), Mel Brooks, 1974. Frankenweenie de Tim Burton, 1984.


16 de noviembre
  • NO HAY SESIÓN


23 de noviembre
  • La energía femenina en el monstruo de Mary Shelley. Marisa Belausteguigotia. (Programa Universitario de Estudios de Género, UNAM))
  • Película: La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein), James Whale. 1935.


30 de noviembre
  • James Whale, padre de Frankenstein. Novela: Father of Frankenstein de Christopher Bram. Vicente Quirarte.
  • Película: Dioses y monstruos (Gods and monsters), Bill Condon. 1998.


7 de diciembre
  • Para construir a una joven monstruo. Lectura comentada de Retrato de la artista como joven monstruo (Mary Shelley & cía) de Vicente Quirarte. Con Eduardo Ruiz Saviñón y Guillermo Henry.
  • El último hombre de Mary Shelley. Gerardo Piña y Jaime Augusto Shelley
  • Conclusiones y entrega de reconocimientos.


Duración: 48 horas (12 sesiones)
Horario: sábados de 10 a 14 horas
Fechas: del 7 de septiembre al 7 de diciembre de 2013
(7, 14, 21, 28 de septiembre; 5, 12, 19, 26 de octubre; 9, 23, 30 de noviembre y 7 de diciembre)

Informes e inscripciones:
Coordinación de Educación Continua de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Circuito Estadio Olímpico Universitario s/n, frente a la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas de Ciudad Universitaria, México D.F.
Facilidades de Estacionamiento en Estadio Olímpico (Estacionamiento 3, 4 y 8)

Teléfonos
5622-2903
5622-8222 ext. 41899 y 41900
5622-2904


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jueves, 18 de julio de 2013

Atenta invitación

Curso
4 seres fantásticos victorianos
Imparte: Roberto Coria
Duración: 12 horas (4 sesiones semanales)
Sábados 3, 10, 17 y 24 de agosto de 2013, de 11:00 a 14:00 horas.

Antecedentes: El término victoriano sirve para identificar la etapa de mayor predominio mundial del Reino Unido (1837-1901); pero también sirve para calificar a una sociedad de puritanismo extremo y normas rígidas cuyo conservadurismo puede interpretarse como una reacción de temor ante un proceso de cambio acelerado y profundo. Tradición e innovación, prosperidad y miseria, aislamiento e imperialismo, hacen del reinado de Victoria un período de extraordinaria complejidad que repercutió en sus manifestaciones artísticas y culturales.
La etapa final de este contrastante momento engendró personajes, reales y ficticios, que perviven hasta nuestros días y se han constituido como verdaderos mitos integrados al imaginario colectivo del hombre. Muchos de estos seres fueron utilizados como una metáfora para retratar y criticar la ideología de estos tiempos. Robert Louis Stevenson (1850-1894), en su estupenda novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde plasma la dualidad característica de muchos miembros de la nobleza victoriana: la imagen de pureza impoluta y el espíritu mezquino carente de escrúpulos. Por su parte Bram Stoker (1847-1912) en su inmortal obra Drácula narra la lucha del instinto contra la razón y utiliza al vampiro como una figura liberadora de la temible y censurada sexualidad femenina. Herbert George Wells (1866-1946) cristaliza el terror hacia la irrupción de lo ajeno en La guerra de los mundos, obra que desencadenó una histeria colectiva en Estados Unidos en 1939 cuando un joven llamado Orson Welles la dramatizó en una emisión radiofónica.
Los seres fantásticos victorianos continúan afectando la imaginación de artistas contemporáneos. En su ingenioso y laureado Año de Drácula, el escritor Kim Newman brinda una historia alternativa que reúne a los más importantes personajes de este periodo; en sus páginas cohabitan Sherlock Holmes, John Merrick, Jack el destripador, Oscar Wilde, el Dr. Mureau y la misma reina Victoria. Hace unos años los hermanos Hughes nos brindaron con su filme Desde el infierno uno de los mejores acercamientos al misterio del asesino de Whitechapel y, tal vez, una de las mejores recreaciones del ambiente de esa época.

Objetivo: Examinar el origen, evolución e importancia de la literatura fantástica en el periodo victoriano del Reino Unido, a través del análisis de sus más emblemáticas obras literarias y sus adaptaciones cinematográficas.
Dirigido a: Público en general, escritores, cineastas, estudiantes de ciencias de la comunicación, literatura, arte, sociología e historia, así como personas interesadas en la literatura y el cine de fantasía y horror.

Contenido temático:
1.      Introducción. En los días de la reina Victoria. El imaginario victoriano. La doble moral. El puritanismo contra el instinto. Yo es otro. El doble en la obra de Stevenson y Wilde, del Extraño caso del Dr. Jekyll y el Señor Hyde al Retrato de Dorian Gray.
2.      Maestros del Ghost story. Aferrarse a la tradición. ¿Qué es un fantasma? La lógica contra la otredad. Receta para escribir una historia de fantasmas. La casona o mansión como escenarios. Los autores de lo fantasmal. Fantasmas en el cine.
3.      H.G. Wells y el horror que llegó del espacio. El temor al cambio. Breve guía sobre invasiones alienígenas. El aspecto de los seres extraterrestres. Orson Welles y el gran pánico de 1938. Variaciones fílmicas de La Guerra de los mundos.
4.      Jack el destripador. En el principio fue la sangre. Breve esbozo histórico del asesinato serial. Jack el destripador, un caso de estudio. Retrato psicológico del asesino de Whitechapel. El Destripador de la nota roja a las bellas artes.
Películas sugeridas:
1.                  El Hombre Elefante (The Elephant Man, 1980), de David Lynch
2.                  Los inocentes (The innocents, 1961), de Jay Clayton.
3.                  El secreto de Mary Reilly (Mary Reilly, 1996), de Stephen Frears.
4.                  Desde el Infierno (From Hell, 2001), de Albert y Allen Hughes.
5.                  El hombre invisible (The invisible man, 1933), de James Whale.
6.                  La guerra de los mundos (War of the worlds, 1953), de Byron Haskin.
7.                  Cuento de hadas, una historia verdadera (Fairy Tale, a true story, 1997), de Charles Sturridge.
8.                  La Liga de los Caballeros Extraordinarios (The League of the Extraordinary Gentlemen, 2003), de Steve Norrington.
9.                  La Dama de Negro (The woman in black, 2012), de James Watkins.

Informes e inscripciones:
Garko, café cultural
Insurgentes Sur 1793. Local 103. Del. Álvaro Obregón. Col. Guadalupe Inn, estación del metrobús Francia. C. P. 01020, México, D. F.
Tel. 5661 9175
http://www.garko.com.mx
https://twitter.com/GarkoCafe
Costo: $800.00
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Roberto Coria es investigador en literatura y cine fantástico. Imparte desde 1998 cursos, talleres, ciclos de cine y conferencias sobre estos mundos en diversas casas académicas. Es asesor en materia literaria de Mórbido. Escribió las obras de teatro “El hombre que fue Drácula”, “La noche que murió Poe” y “Renfield, el apóstol de Drácula”. Es conductor y autor de los podcast y blog Horroris causa.


lunes, 22 de abril de 2013

Vampiros y libros.

Alberto Chimal, Daniela Tarazona, Mónica Brozon, Rowena Bali, Bernardo Esquinca y su servidor hablaremos de vampiros y otros monstruos en "Los fabuladores y su entorno", organizado por la Dirección de Literatura y la Dirección General de Atención a la Comunidad Universitaria de la UNAM, a partir de hoy y hasta el 26 de abril, en diferentes sedes y horarios. Yo visitaré mi alma mater, la Escuela Nacional de Artes Plásticas el jueves 25 de abril a las 17:00 horas, en la Sala de Video coonferencias. No se lo pierdan.

lunes, 11 de marzo de 2013

Texto para la presentación de Amor, zombis y otras desgracias


Esto es lo que leí el pasado 2 de marzo, para seguir a tono con los zombis. 
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Durante las dos últimas décadas, los zombis son personajes increíblemente arraigados en la cultura popular. Todos nos hemos angustiado, desde la seguridad de nuestros asientos, ante el drama del grupo de sobrevivientes –que se parecen a ustedes y a mí- en la teleserie The Walking Dead o pasado interminables horas aniquilándolos en la serie de videojuegos Resident evil. No discutiré en este momento sobre su origen en el folclor afroantillano y sus brillantes representaciones en el séptimo arte, me quedo por hoy en la literatura. En el terreno de las letras contemporáneas es un monstruo poco visitado, salvo notables excepciones como Max Brooks –con su Guía de Sobrevivencia Zombi y su novela Guerra Mundial Z-, John Ajvide Lindqvist –con su perturbadora novela Descansa en paz- o Seth Grahame-Smith –con su curiosa Orgullo y prejuicio y zombis-. Precisamente como una aportación notable se erige Amor, zombis y otras desgracias (Alfaguara juvenil, 2012) de José Luis Trueba Lara. A él tengo el placer de conocerlo desde hace varios años en su faceta de editor –hizo posibles las primeras publicaciones de mi buen amigo Rafael Aviña-, académico y biógrafo de nuestro mutuo amigo Vicente Quirarte (El Hombre Araña también escribe poesía, Porrúa, 2005). No sólo nos une una fascinación por la cultura criminal y el que los expertos llaman “cine truculento”. Publicó Crónica negra del crimen en México (Plaza y Janés, 2001), una espléndida y selecta recopilación de la nota roja nacional. Mi reencuentro con él ocurrió de manera inesperada: tuve el honor de presentarlo con pretexto de su nueva creación durante el pasado Festival Mórbido, en la espléndida Biblioteca Publica Gertrudis Bocanegra de Pátzcuaro.
Sobre el motivo de que estemos reunidos esta tarde sólo puedo decir que Amor, zombis y otras desgracias es una estupenda novela juvenil, que no sólo es afortunada desde su ingenioso título, sino por abrevar de una cultura cinematográfica que todos los diletantes del horror pueden identificar. A través de un lenguaje ágil, que no pierde el tiempo en detalles innecesarios y alterna las voces narrativas, conocemos la historia de Jorge Antonio, un chico de 16 años que se muda de casa con madre, su padre Harry, y su insufrible hermanita, e ingresa a la secundaria Instituto Científico y Cultural de México. Ahí conoce a UV, uno de los más notables creyentes en teorías de conspiración que recuerdo, y a Alicia, una jovencita huraña y llena de pircings. El héroe vive los infortunios propios de la edad, esos que casi todos conocimos: está condenado a la marginalidad por sus extravagantes gustos, es víctima del abuso de sus compañeros –hoy le llamamos bullying- y cae presa de un amor imposible –la bella y banal Bárbara-. Por si fuera poco, todo ocurre en medio del Apocalipsis zombi. Acertaron si descubrieron en lo que dije una serie de homenajes, de la obra seminal de George Andrew Romero hasta la primera entrega de la saga de acción sobrenatural W. S. Anderson.
Pero su atractivo no reside exclusivamente en lo anterior. La novela está narrada en una forma muy familiar para los adolescentes: mensajes de Twitter y Facebook, mensajes SMS de celular, videos de Youtube, entradas de blog y páginas de Internet, archivos adjuntos de correo electrónico, videograbaciones, recortes de periódico, comunicados de prensa y entradas de diario, al más puro estilo epistolar con el que Bram Stoker ensambló su creación más perdurable. Todo en un ambiente doméstico como la gran Ciudad de México, con episodios tan reconocibles por recientes -¿recuerdan la epidemia de Influenza AH1N1 con sus restricciones y la forma en que afectó la vida de la urbe?-.

Hay dos cosas que debo agradecer a Amor, zombis y otras desgracias:

1. Se trata de una historia de zombis a la vieja usanza, respetuosa del monstruo como nos lo ha presentado el séptimo arte. Existe una tendencia a la innovación, a desligarse del canon, donde nuestros personajes son llamados “caminantes”, o cosas similares. Es cierto que otros calificativos pueden ser apropiados, como “infectados”. Pero yo, como Max Brooks, siempre los llamaré zombis. Y abre su maravillosa novela Guerra Mundial Z afirmándolo:        
Para mí, siempre será “La Guerra Zombie,” y aunque algunas personas pueden discutir acerca de la exactitud científica de la palabra zombie, me gustaría invitarlos a encontrar otro término que tenga una aceptación tan universal para las criaturas que estuvieron a punto de provocar nuestra extinción. Zombie sigue siendo una palabra devastadora, con un poder sin igual para conjurar un sinfín de recuerdos y emociones, y son precisamente esos recuerdos y emociones los que forman el tema principal de este libro.
Esto lo demuestran sus consejos prácticos para enfrentar una invasión zombi, contenidos en su capítulo IV de la segunda parte del texto, en la más pura escuela del señor Brooks o el Manual de combate zombi, de Roger Ma. En lo personal, prefiero la brevedad de Trueba Lara.
Y sobre la cultura cinematográfica, su afortunada filmografía pone a prueba los conocimientos del lector y lo invita a hacer descubrimientos afortunados. El autor incluye títulos que parecerían ajenos al tema, como Hombres de negro (Barry Sonnenfeld, 1997). Uno podría preguntarse por qué el autor sugiere una cinta de extraterrestres. La respuesta es simple: el Agente J (Will Smith) pregunta a su mentor K (Tommy Lee Jones) si busca información sobre el caso que indagan. Por respuesta éste se dirige hacia el puesto de periódicos más cercano. Toma tres tabloides que tienen los encabezados más extravagantes e irrisorios –aquí sería el Alarma o el Semanario de lo insólito-. El novato le cuestiona sobre la seriedad de esos impresos. “Son el mejor periodismo de investigación”, responde el veterano. “Lee el New York Times si quieres. A veces aciertan”. La cultura del sospechosismo, dirían algunos.

2. Los zombis, como en toda buena historia de su clase, ponen en manifiesto lo mejor y lo peor de las personas. El drama de supervivencia de sus protagonistas es el que nosotros podríamos vivir en una circunstancia semejante. La valentía, la solidaridad y la nobleza son virtudes que nuestros héroes ponen a prueba en todo momento, sea para recorrer los siniestros túneles del metro –arriesgándose por partida doble- o para acompañar a su amiga en el “arresto domiciliario” al que la castiga su madre. El autor también hace evidente la incapacidad de las autoridades para enfrentar la contingencia, con sus soldados temerosos cuyo jefe ordenaba disparar “a la jeta” a los enemigos o el maquillaje mediático. Al final nos recuerda las desventajas de la condición humana ante un evento extraordinario y nos plantea una pregunta inquietante: “¿conviene enamorarse ante el fin del mundo?”.

Su autor deja abiertos detalles que propiciarían una secuela. Si mi razonamiento es acertado, espero que se presente en la edición XXXV de esta Feria de Minería. Por lo pronto el libro fue el primero que devoré en este 2013. Un calificativo muy apropiado ante estas circunstancias.  

martes, 15 de enero de 2013

Libros para devorar


Durante las dos últimas décadas, los zombis son personajes increíblemente arraigados en la cultura popular. Todos nos hemos angustiado ante el drama del grupo de sobrevivientes –que se parecen a ustedes y a mí- en la teleserie The Walking Dead. Ya he discutido su origen en el folklore afroantillano y sus brillantes representaciones en el séptimo arte, por lo que no les desgastaré recordándolos. Pero en el terreno de las letras contemporáneas es un monstruo poco visitado, salvo notables excepciones como Max Brooks –con su Guía de Sobrevivencia Zombi y su novela Guerra Mundial Z- y John Ajvide Lindqvist –con su perturbadora novela Descansa en paz-. Precisamente como una aportación notable se erige Amor, zombis y otras desgracias (Alfaguara juvenil, 2012) de José Luis Trueba Lara. A él tengo el placer de conocerlo desde hace varios años en su faceta de editor –hizo posibles las primeras publicaciones de mi buen amigo Rafael Aviña-, académico y biógrafo de nuestro mutuo amigo Vicente Quirarte (El Hombre Araña también escribe poesía, Porrúa, 2005). No sólo nos une una fascinación por la cultura criminal y el que los expertos llaman “cine truculento”. Publicó Crónica negra del crimen en México (Plaza y Janés, 2001), una espléndida y selecta recopilación de la nota roja nacional, desde Las Poquianchis hasta Los Narcosatánicos de Matamoros. Mi reencuentro con él ocurrió de manera inesperada: tuve el honor de presentarlo con pretexto de su nueva creación durante el último día del pasado Festival Mórbido, en la espléndida Biblioteca Publica Gertrudis Bocanegra de Pátzcuaro. Y el honor provino de dos fuentes.
Amor, zombis y otras desgracias es una estupenda novela juvenil, que no sólo es afortunada desde su ingenioso título, sino por abrevar de una cultura cinematográfica que todos los diletantes del horror pueden identificar, como lo demuestra su acertado corolario que incluye títulos indispensables en nuestra formación. A través de un lenguaje ágil, que no pierde el tiempo en detalles innecesarios, conocemos la historia de Jorge Antonio, un chico de 16 años que se muda de casa con madre, su padre Harry, y su insufrible hermanita, e ingresa a la secundaria Instituto Científico y Cultural de México. Ahí conoce a UV, uno de los más notables creyentes en teorías de conspiración que recuerdo, y a Alicia, una jovencita huraña y llena de pircings. El héroe vive los infortunios propios de la edad: está condenado a la marginalidad por sus extravagantes gustos, es víctima del abuso de sus compañeros y cae presa de un amor imposible –la bella y banal Bárbara-. Por si fuera poco, todo ocurre en medio del Apocalipsis zombi. Acertaron si en las líneas anteriores descubrieron una serie de homenajes, de la obra seminal de George Andrew Romero hasta la primera entrega de W. S. Anderson de su saga de acción sobrenatural.
Pero su atractivo no reside exclusivamente en lo anterior. La novela está narrada en una forma muy familiar para los adolescentes: mensajes de Twitter y Facebook, mensajes SMS de celular, videos de Youtube, entradas de blog y páginas de Internet, archivos adjuntos de correo electrónico, videograbaciones, recortes de periódico, comunicados de prensa y entradas de diario, al más puro estilo epistolar con el que Bram Stoker ensambló su creación más perdurable. Todo en un ambiente doméstico como la gran Ciudad de México, con episodios tan reconocibles por recientes -¿recuerdan la epidemia de Influenza AH1N1 con sus restricciones y la forma en que afectó la vida de la urbe?-. Al final nos recuerda las desventajas de la condición humana ante un evento extraordinario y nos plantea una pregunta inquietante: “¿conviene enamorarse ante el fin del mundo?”.
Su autor deja abiertos detalles que propiciarían una secuela. Me ha revelado incluso su próxima existencia, así que seguramente tendré el placer de presentarla en el próximo Festival. Por lo pronto el libro fue el primero que devoré en este naciente 2013. Un calificativo muy apropiado ante estas circunstancias.  

viernes, 1 de junio de 2012

Cordial invitación. "El vampiro" en escena

En 1819 John William Polidori, secretario y médico particular al poeta George Gordon Lord Byron, publicó un cuento titulado El vampiro, que tiene el mérito de establecer el más claro antecedente del vampiro literario. Ahora llega a nosotros en el concepto de radioteatropera, adaptada y dirigida por Eduardo Ruiz Saviñón, con la actuación de los talentosísimos Mauicio Davison -como el malvado Lord Ruthven- y Elena de Haro, acompañados por Luz Angélica Uribe, Ricardo Castrejón y Mario Alberto Hernández. Se presentará el 14 y 15 de junio a las 20:00 horas y el 16 de junio a las 19 horas en la Sala Julián carrillo de Radio UNAM, Adolfo Prieto 133, colonia Del Valle (Metrobús Amores). La entrada es libre. No pueden perdérsela.

martes, 29 de mayo de 2012

Palabras pendientes


El viernes pasado se presentó por segunda vez una antología que es una auténtico deleite. Su antologador y uno de sus autores me invitaron para acompañar la ocasión, pero el trabajo no me permitió estar allí. De haber sido posible, habría dicho algo así:

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Presentar El abismo. Asomos al terror hecho en México (Ediciones SM, 2011), la estupenda antología de Rodolfo JM, en este Museo del Templo Mayor, recinto donde se encuentran los cimientos de nuestra cultura, puede parecer inapropiado a simple vista. Pero tiene en realidad mucho sentido.
El horror y la fantasía son géneros poco explorados por los creadores del país, mayormente porque siguen considerándose por la gran mayoría y muchos estudiosos como temas menores y banales. Pese a que han alcanzado momentos brillantes gracias a la pluma de prodigios como Bernardo Couto, Amparo Dávila, Juan José Arreola, Francisco Tario, Emiliano González, el recientemente extinto Carlos Fuentes –que ahora está en todas partes en secreto, como dijo Jaime Sabines-, mis queridosVicente QuirarteAlberto Chimal –aquí presente-, Bernardo Fernández BEF, Ricardo Chávez Castañeda, Ricardo Bernal, Doris Camarenay Norma Lazo, pocos escritores mexicanos se han atrevido a explorarlo. Esa es una de las virtudes iniciales del texto que nos reúne, sólo que el antologador reúne a las nuevas voces de la narrativa nacional del tema, desde Rafael Villegas, Calos Alvahuante, Pepe Rojo, Alejandro Badillo, F. G. Haghenbech, entre muchos. Es una propuesta que rinde un declarado tributo a las viejas colecciones de Editorial Bruguera o Martínez Roca, volúmenes entrañables que incendiaron la imaginación de los autores aquí contenidos y de generaciones enteras de devotos. Su otro acierto es que sus historias se desarrollan en un entorno fácilmente reconocible: los rincones oscuros de esta urbe, la provincia mexicana, la aparente paz del hogar. Todos se alimentan de la vasta tradición e imaginario de nuestro pueblo.
Como todo libro de su tipo, hay historias que los lectores preferirán sobre otras. Todas tienen el mérito de haber sido escritas con buen oficio y convicción en los fulgores de lo oscuro. Brillan para mi tres relatos: Samaná de Bernardo Esquinca, cuento que inicia en el Centro Histórico de esta ciudad y tiene claras influencias de las imágenes oníricas de David Lynch y las pesadillas de Stephen King,  Post mórtem de Omar Delgado, donde las costumbres funerarias de muchas localidades de la República son el resorte para el horror y Mar del Norte de Alejandro Pérez Cervantes, que recuerda a dos figuras indispensables de mi formación, tan opuestas entre sí: Gregorio Cárdenas Hernández, conocido por su infame vocación como El estrangulador de Tacuba, y Alfonso Quiroz Cuarón, el más reputado Criminólogo mexicano.
El resultado es un libro disfrutable de principio a fin, que nos arrancará los más genuinos sustos. Finalizo expresando mi gratitud a Ediciones SM por apoyar este tipo de proyectos, mi más grande enhorabuena a todos los autores, a la pasión y entusiasmo de Rodolfo JM y su buen tino para ensamblar esta Liga de Caballeros –y Damas- Extraordinarios y sobre todo a ustedes, los lectores, por creer en lo maravilloso que, aunque intangible, está siempre cerca de nosotros.

viernes, 2 de marzo de 2012

Presentación de la segunda edición de El hombre que fue Drácula

Ayer fue un día maravilloso. La Sala Bernardo Quintana del Palacio de Minería, dentro de la XXXIII edición de la Feria Internacional del Libro, estaba abarrotada de devotos del teatro y Bram Stoker para atestiguar la presentación de la segunda edición de El hombre que fue Drácula, suma de la pasión de muchos talentos. Fue una ocasión verdaderamente emotiva, pues estuve rodeado de grandes amigos y miembros de mi familia –carnal y no consanguínea-. He aquí lo que dije, tras recibir las generosas palabras de mis cofrades y de ponerme por un momento en los zapatos de uno de mis autores elementales.
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Presentación de la segunda edición de El hombre que fue Drácula
Roberto Coria

Es un honor que me acompañen a presentar por segunda ocasión uno de los trabajos que más satisfacciones me han brindado, de nueva cuenta en este maravilloso Palacio de Minería, a la luz de nuestra Universidad Nacional. Primeramente quiero agradecer a mis Maestros –mis hermanos de elección- Vicente Quirarte y Eduardo Ruiz Saviñón por guiarme pacientemente en esta travesía, por enriquecerla con su sabiduría y pasión. El poeta dijo que “escribir es el más solitario de los oficios”. Tiene razón, pero yo tuve la mejor compañía posible.
La novela “Drácula” es parte imprescindible de mi primera educación sentimental. Por eso la historia conjetural de los acontecimientos que llevaron a Bram Stoker a escribirla era una idea irresistible. El hombre que fue Drácula es un homenaje al teatro, la imaginación, la capacidad creadora y, sobre todo, a la amistad. Como el grupo de valientes que se unió para derrotar al vampiro, este texto es la suma de las pasiones de muchos individuos. Ésta se vio recompensada cuando le mereció a Eduardo el Premio a Mejor Dirección de la Asociación de Periodistas de Teatro en 2008 y a Nicolás Núñez ser nominado a Mejor Actor por su interpretación de Henry Irving, el más grande actor de su tiempo, el hombre que fue Drácula.
Bram Stoker dedicó su creación más memorable, la que significó un viaje de siete años, no al todopoderoso Irving, ni a su amor no consumado Ellen Terry o a sus consanguíneos, sino a su amigo Hall Caine, quien no sólo creyó en su talento sino le demostró que la imaginación puede hacer realidad los sueños. Yo dediqué este trabajo a tres mujeres formidables. Dos están aquí esta tarde. Una dio alas de murciélago a mi imaginación y la otra me acompaña a volar con ellas todos los días. 
Por lo que respecta a la obra de teatro debo agradecer a los formidables Nicolás Núñez, Luis Miguel Lombana, Elena de Haro, Priscilla Pomeroy, Antonio Monroi y Guillermo Henry –quien generosamente compartió su talento con nosotros- y al perro Fédor. Porque Eduardo se atrevió a romper una máxima de la dirección escénica: nunca trabajes con niños ni perros. También expreso mi gratitud a Ana Luisa Campos, Abraham Feria, Sergio Villegas, a nuestros eternos Armando Matturano y Manuel Núñez NavaNuria Marroquín, Víctor Colunga, Enrique Singer, Aarón Fitch y Delia de la O de Teatro UNAM, a los maravillosos Mauricio Davison y Germán Robles –ellos develaron la placa de la primera temporada- y a la planta técnica del teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, sin cuyo entusiasmo no podría llevarse a cabo el que Hugo Gutiérrez Vega llama “el milagro cotidiano de la puesta en escena”. Sobre la edición que hoy nos reúne, agradezco a mis editores Maricela de la Torre y Guillermo Palma de Libros de Godot, quienes confiaron en el texto desde sus inicios, al gran Hugo Gutiérrez Vega, Víctor Grovas Hajj y al propio Vicente por compartir entrañables textos sobre Bram Stoker, a la Embajada de Irlanda, a la Universidad Nacional Autónoma de México y a todos ustedes, por regalarme su tarde para mantener vivo el legado de uno de mis autores indispensables. 
Mucho se ha criticado a Bram Stoker en tiempos recientes: se ha dicho que su prosa es torpe, llena de adjetivos, que sus historias son previsibles. Yo pienso que el autor de una obra maestra, una que se mantiene tan vigente como el día de su primera publicación, que nunca ha estado fuera de circulación y que ha inspirado a tantos artistas y lectores, es un gran escritor. 
Para finalizar, comparto con ustedes algo que a simple vista no parecería relevante en una actividad como esta. Mañana se cumplirá un año de la muerte física de Mina, una golden retrieber maravillosa –aunque nunca supimos su verdadera raza-. Cuando me encontró le di inmediatamente el nombre de la heroína del señor Stoker, una mujer virtuosa, independiente, valerosa. Una sobreviviente. Cuando hace varios años Eduardo nos informó del deceso de Donovan, su leal amigo y compañero, recordó cómo Lord Byron calificó de forma póstuma a su perro Boatswain, “una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y que tuvo todas las virtudes de los hombres y ninguno de sus defectos”. Esta tarde es para ti, Mina, cuyo nombre honra al autor irlandés en el centenario de su ingreso a la inmortalidad. Stoker me enseña cotidianamente que aún en los momentos más adversos la vocación del escritor y la fantasía nos dan fortaleza para emprender todos los viajes.