lunes, 21 de diciembre de 2015

Sucedió una navidad

Nos guste o no, prácticamente todas las personas de mi generación vimos en el verano de 1990 la película aquí bautizada como Mi pobre angelito (Home alone), fenómeno de taquilla escrita por el desaparecido genio John Hughes y dirigida por el entonces novato Chris Columbus (autor de los guiones de Gremlins y El joven Sherlock Holmes). La premisa era simple. En los días previos a la navidad, una numerosa familia olvida a Kevin McCallister (Macauley Culkin), su pequeño y angelical hijo de ocho años, antes de salir de viaje a París. El menor toma esto de manera cándida –incluso disfruta la situación- hasta que debe defender su lujosa casa suburbana de Chicago de dos pobrediablezcos ladrones (Joe Pesci y Daniel Stern), utilizando todo tipo de hilarantes –para nosotros- recursos, hasta que la unión del clan es restablecida. Su impresionante éxito económico propició dos años después una igualmente redituable secuela directa, así como otras dos que nada tenían que ver con la historia original. Y creo que no debemos ser tan severos. La saga –sobre todo sus dos primeras partes- son un producto para las fechas navideñas, inofensivo, desechable.
La idea se recicla 25 años después –muchos creativos lo están haciendo- en la serie de cortometrajes para Internet :DRYVRS, dirigida en su primer episodio por Jack Dishel y Kerry Harris, escrita y creada por el primero. Culkin, hoy un hombre de 35 años, vuelve a encarnar al otrora inocente Kevin. Sólo que, como en la vida real, es un adulto inestable, traumatizado por su experiencia del pasado. Es que el error de sus padres, divertido como lo presentaba el guión de Hughes, podría ser legalmente sancionado en nuestra era. En la legislación mexicana, por ejemplo, figura el delito de “abandono de infante” y estoy seguro que, de ser conocido por las autoridades de su país, habría ocasionado consecuencias severas.  Culkin es el conductor –reemplaza a su esposa- de un servicio de transporte tipo Uber que narra sus vivencias a su desconcertado cliente: “Es la maldita navidad, toda tu familia se va de vacaciones y olvidan a su maldito hijo de ocho años. Y lo dejan sólo en casa, por una semana. Y defiendo mi casa de dos intrusos sicópatas. Era sólo un niño. Todavía tengo pesadillas con ese tipo calvo, persiguiéndome, hablando como Sam Bigotes, “voy a arrancarte las uñas”, “voy a agarrarte, pequeño travieso”. Todo está salpicado humor negro, con referencias de las películas, desde su partitura –usada como ring tone- hasta anécdotas. “El comer una rebanada de pizza era una guerra”. Kevin, de ser “víctima” se convierte en “victimario”, como todo buen psicópata. Todo culmina en un baño de sangre al más puro estilo de Quentin Tarantino, con el famoso grito de su tierna niñez.
En definitiva es una muy breve alternativa, de sólo cinco minutos de duración, para enfrentar la melcocha de estos días con la frente en alto.

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