domingo, 31 de enero de 2010

¿La Reina Victoria es la pluma tras Alicia?

Es impensable comprender “Las aventuras de Alicia en el País de las maravillas” sin contextualizarla históricamente. Todos sabemos que es uno de los mejores especímenes de la literatura fantástica victoriana, ese período de bonanza económica, científica y cultural del Reino Unido, mismo que recibió el nombre de su soberana Alejandrina Victoria, quien en 1837 asumió las riendas de su país y en 1887 añadió a su título monárquico el grado de “Emperatriz de la India”. También sabemos que el reinado de Victoria se caracterizó por su puritanismo extremo, la observancia de las buenas costumbres (la hora del té, los juegos de mesa y demás) y la represión de los instintos humanos en todas sus formas. Por ello resulta curiosa la hipótesis que ha formulado una computadora en California –como apunta el apéndice a la edición de El barco de Papel (Madrid, 2000) del libro- que señaló que, por las similitudes en su redacción, “Las aventuras de Alicia en el País de las maravillas” fue escrita por la mismísima Reina Victoria, y que Charles Dodgson/Lewis Carroll no es más que un prestanombres. A pesar de comprender las incontables circunstancias tras la composición de “Alicia”, si analizamos cuidadosamente la biografía de Dodgson/Carroll, la idea no deja de ser intrigante pues la historia puede leerse como una crítica a las costumbres sociales y políticas de su era (el parlamento, sus juegos, la ceremonia del té, etcétera). La similitud más notable, la Reina de Corazones (no confundir con la Reina Roja de “Alicia a través del espejo”) es la soberana a quien se atribuye la escritura del texto, ansiosa de cortar cabezas como Victoria cortaba tajantemente muchas de sus conversaciones, disfrutaba del cricket y la hora del té.
¿Sería capaz Victoria de un ejercicio de autocrítica disfrazado del humor –aparentemente inocente- de un libro para niños? En lo personal, no lo creo. Ustedes decidan.

jueves, 28 de enero de 2010

El extraño caso del profesor Dodgson y el señor Carroll

Todos conocemos a Lewis Carroll a través de su creación más perdurable, las dos novelas sobre la infante Alicia y sus viajes a otros mundos. Siempre he pensado que para comprender cabalmente una obra debes examinar la vida del artista que la concibió. Charles Lutwidge Dodgson nació el 27 de enero de 1832 –como ya apunté- en el seno de la familia de un pastor protestante y una madre tradicionalmente victoriana. Tercero de once hermanos, tímido, sensible y ligeramente tartamudo, creció para convertirse en un estudiante modelo y, eventualmente, en profesor de matemáticas del Christ Church College de Oxford. La tarde del 4 de julio de 1862, la misma en que una nación celebraba un aniversario más de su independencia del Imperio, Dodgson paseaba en barco en compañía de su amigo el reverendo Robinson Duckworth y las tres hijas de Henry George Lidell, nuevo decano de su escuela. Propenso a crear imaginativas historias, Dodgson concibió un relato que por insistencia de Alice, la segunda de las hermanas Lidell, aterrizó en el papel y se convirtió en una de las historias más influyentes de la era moderna, objeto de incontables visitas e interpretaciones. Sin advertirlo, al mismo tiempo que Dodgson dejaba fluir su imaginación, nacía Lewis Carroll. Dodgson reservó su nombre real para su faceta de eminente profesor de matemáticas, mientras Lewis Carroll podía desafiar los dogmas e incursionar en el llamado nonsense literario. Más allá, a través de Lewis Carroll podía recuperar su infancia, esa que nunca abandonó a pesar de crecer e instalarse en el mundo de los adultos. En este sentido, muchos autores plantean un caso de doble personalidad más que la mera elección de un seudónimo de escritor. De ser así representaba el viejo duelo entre la lógica y la imaginación.
Dodgson murió de afecciones respiratorias el 14 de enero de 1898 en el hogar de su hermana, a días de celebrar su cumpleaños 66. Pero él, como muchos de los autores que aquí he recordado, es eterno. Vive cada vez que abrimos sus libros y gozamos sus historias. Consiguió, al final, perdurar como el niño que siempre fue.

martes, 26 de enero de 2010

Feliz no cumpleaños, señor Carroll

El 27 de enero de 1832 nació en Daresbury, Cheshire, Charles Lutwidge Dodgson, quien al crecer y abrazar la vocación literaria adoptó el nombre de Lewis Carroll. Su seudónimo se deriva de la traducción de sus nombres al latín (Charles, Carolus, y Ludwidge, Ludovicus o Luis, convenientemente invertidos). Recordar y celebrar el cumpleaños de este reputado matemático y hombre de letras es especialmente relevante este 2010 ante el inminente estreno de la nueva adaptación fílmica de su novela clásica “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” (1865) a cargo del talentoso Tim Burton. Por Internet y en algunos cines han circulado ya imágenes y carteles de este evento cinematográfico que todos esperamos con ansia. Del artífice de este proyecto, el señor Carroll, hablaré profusamente en ocasiones venideras. Por lo pronto le deseo un muy feliz no cumpleaños, dondequiera que se encuentre.

domingo, 24 de enero de 2010

Ahora, otra de zombis

Los zombis son los monstruos que más me asustan. Significan la pérdida del intelecto, el espíritu y la individualidad. Son la alienación, el terror de las masas. Sobre la cinta canónica del tema, La noche de los muertos vivientes (Romero, 1968), reproduje en este blog la Charla de Café que ofrecí en la Cineteca Nacional con motivo de su 35 aniversario. Por los zombis (y un fallido testimonio visual del que recién hablé) interrumpí mi euforia holmesiana, que retomaré en breve.
La otra película que vi el pasado fin de semana fue Tierra de zombis (Zombieland, 2009), ópera prima de Ruben Fleischer. Si bien ha quedado demostrado que las fases de cine de horror se caracterizan por el origen, desarrollo, desgaste y parodia de un tema, como sucedió con las series clásicas de los Estudios Universal, Tierra de zombis representa el matrimonio de géneros que mantiene vigente y fresco un subgénero muy popular de estas películas. Ya el talentoso Peter Jackson nos ofreció un ejemplo de las posibilidades de la comedia de zombis en 1992 con su sanguinolentamente divertida Dead alive (o Tu mamá se comió a mi perro, según los traductores españoles) o el británico Edgar Wright con su inteligente y graciosa Desesperar de los muertos (Shaun of the dead, 2004). La premisa de la película de Fleischer es la misma de incontables especímenes que hemos devorado en el pasado: un brote de zombis diezma a una nación entera (Estados Unidos en este caso), posiblemente al mundo entero. El origen del Apocalipsis es, ahora, una hamburguesa contaminada. Siempre pensé que McDonalds sería la perdición de la humanidad, pero la idea es abrumadora por posible si consideramos la penetración que esta multinacional tiene en el mundo entero y por los alarmantes índices de obesidad en el vecino país del norte (y en el propio México). El drama de supervivencia se centra en el antisocial universitario Columbus (Jesse Eisenberg), el socarrón y enternecedor Tallahassee (Woody Harrelson, espléndido) y las hermanas Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin, alias Pequeña Miss Sunshine), todos estratégicamente nombrados como ciudades para evitar crear lazos sentimentales. El éxito de la cinta no sólo reside en el guión de Paul Werrick y Rhett Reese, quienes utilizan hábil y respetuosamente las convenciones del cine de zombies –con todo y la obligada desnudista reviniente-, en su sólido elenco o en las hilarantes situaciones que plantea (la utilidad de abrocharse el cinturón de seguridad o la conveniencia de mantenerse en forma), sino en evitar el tinte paródico que resta a los monstruos seriedad y capacidad de aterrorizarnos. Los guionistas incorporan 33 reglas para sobrevivir en la Tierra de zombis del título, que guardan una evidente relación con las que Max Brooks enunciara en su libro La guía de sobrevivencia de zombis. Los objetivos que persigue este cuarteto de huérfanos (“todos somos huérfanos en la Tierra de zombis”) no sólo es el instinto básico de conservación: Columbus busca a sus padres perdidos, las hermanas llegar a un idílico parque de diversiones y Tallahassee encontrar y comerse el último twinkie en la tierra (“en México los llaman Los Submarinos”). La cereza en el pastel es la inesperada y efímera aparición de una popular figura y una emblemática comedia sobrenatural de la década de los ochenta. Tierra de zombis ha demostrado ser un éxito de crítica y taquilla, por lo que es de esperarse una secuela que, deseo, no tenga el miserable destino de otras franquicias. La fórmula aún no se agota, así que espero los productores no maten a la gallina de los huevos (o los zombis) de oro.
Recientemente hablé de zombies con pretexto de esta película con mis amigos Carlos del Río y Roberto Ortiz en su podcast Cinemanet. Nos acompañaron dos diletantes del cine oscuro: Antonio Camarillo y Diego Menéndez. Una verdadera sesión que no deben perderse.

jueves, 21 de enero de 2010

En complemento

El 19 de enero de 1868, en un modesto hotel vienés, nació Gustav Meyer, quien años después adoptó el apellido Meyrink en honor a sus antepasados maternos. Meyrink abrazó el quehacer literario y otras aficiones que incluían el esoterismo y el ocultismo. Estas últimas le ocasionaron problemas judiciales que le llevaron al borde de la ruina económica. Fue un gran lector de Edgar Allan Poe, E. T. A. Hoffman y H. P. Blavatsky. Entre sus innumerables relatos –cuentos y sátiras, fundamentalmente- destaca su primera novela, “El Golem”, escrita en 1915. Su trama transcurre en una Praga ruinosa pero majestuosa, poblada de secretos ancestrales y tradiciones mágicas. La novela, fantástica a primera vista, plantea un dilema moral y filosófico, similar al que casi cien años atrás planteara Mary Shelley con su “Frankenstein”: el Gran Rabino crea una enorme figura de arcilla, el Golem del título, que cobra vida cada vez que le coloca un papel entre los dientes en el que están escritas misteriosas palabras mágicas hebreas. El Golem era fiel a su amo hasta que éste, con instrucciones cabalísticas, suspendía el hechizo. Pero algo, para no variar, salió mal…
La trama de la novela de Gustav Meyrink capturó la imaginación de la naciente industria cinematográfica alemana. En 1920 el director Paul Wegenner y el escritor Henrik Galeen la adaptaron en una película emblemática de la llamada corriente expresionista. Recientemente fue recreada en dibujos animados en un especial de noche de brujas de la familia Simpson.
En el siguiente comentario, Zombieland.

martes, 19 de enero de 2010

Dos cumpleaños.

Sobra recordar que hoy, 19 de enero, cumplen años dos escritores elementales de mi formación sentimental. El primero es Edgar Allan Poe, de quien he hablado ampliamente en este blog. El segundo es un gran lector suyo, el austriaco Gustav Meyrink, a quien debemos, entre muchas obras, la novela "El Golem".

Hasta el más allá, mis mejores deseos y gratitud.

lunes, 18 de enero de 2010

Flashback fantasmal

Ahora retrocedamos un poco y hablemos de fantasmas.
El pasado fin de semana vi un par de pendientes cinematográficos. El primero fue Actividad paranormal (Paranormal activity, 2007), una modesta e independiente cinta escrita y dirigida por Oren Eli que se ha erigido en un éxito de crítica y taquilla similar al Proyecto de la Bruja de Blair (Myrick y Sánchez, 1999). Precisamente de ella abreva recursos ya establecidos por el italiano Ruggero Deodato en su notable Holocausto caníbal (1980) y retomados con éxito por los españoles Paco Plaza y Jaumé Balagueró en la joya de 2007 [Rec] o en la pirotecnia fílmica Cloverfield (Reeves, 2008). Las intenciones de Actividad paranormal, buenas en principio, no logran cristalizar en una propuesta ágil y atractiva. La historia se centra en la pareja yuppie Katie y Micah, acechada en su hermosa casa californiana por una entidad sobrenatural (fantasma o demonio) y en la imprudente bitácora videográfica que el segundo hace. La falla y defectos de la película radican en el tedioso uso del testimonio visual, recurso que pretende ser original y luce desgastado cuando no se emplea creativamente. El desenlace, fatal y previsible, no impidió que la cinta recaudara más de 6 veces su “humilde” costo de 15 millones de dólares. Esto promete el inicio de una franquicia que espero no conozca la oscuridad de las salas de cines. Esa posibilidad en verdad me asusta.