miércoles, 23 de diciembre de 2009

Máscaras y vampiros

El vampiro debe actualizarse para conservar su capacidad de atemorizarnos, no bastan reinterpretaciones para jóvenes lectores. Un vampiro adaptado a nuestra época es presentado por Mark Rein Hagen en el prólogo de su exitoso Vampire, the Masquerade, cimiento del popular juego de rol que se ha erigido como una de las más elaboradas propuestas para explicar la estructura y entorno del monstruo, lo que Guillermo del Toro calificara como biología vampírica. Esta obra, lejos de su valor como forma de entretenimiento, es una excelente pieza de narrativa, recomendable para todo estudioso del tema. A continuación reproduzco la parte donde uno de estos seres explica su fisiología a una joven mujer que está por recibir el Beso oscuro.
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No obstante que nuestra apariencia exterior se asemeja mucho a la de los vivos, hay algunos de nosotros que insistimos en que el Cambio transforma a su sujeto en otras especies –Homo Sapiens Sanguineus, Homo Sapientissimus y Homo Vampiricus ya han sido adoptados como nombres para esta nueva raza...
Los grandes cambios físicos son temas de todos conocidos, por lo cual hemos dejado que permanezcan en el dominio de la ficción popular. Los dientes caninos son en efecto largos y puntiagudos, adecuados para desgarrar y posteriormente succionar la sangre. Sin embargo, alcanzan su extensión total sólo en el instante del ataque, mientras que en otras ocasiones se mantienen retraídos en las encías gracias a la contracción de un tejido flexible en su base. De otra manera, se dificultarían el habla y la secreción de saliva. Algunos, de un clan decadente, carecen de los medios para contraer sus colmillos y resultan fácilmente identificables.
Para alimentarnos, básicamente necesitamos morder, retirar los colmillos de la herida y comenzar a beber. Si lamemos la herida después de beber, no quedará ningún rastro de ella. De hecho, si lamemos cualquier herida que hayamos causado con nuestras garras o colmillos, podemos curarla completamente.
Nuestra piel, como la del vampiro cinematográfico, se encuentra invariablemente pálida. Se debe, en parte, a nuestra aversión a la luz del día, pero también a nuestro permanente estado de muerte. Darüber noch später (Sobre eso, más tarde).
Nuestro apetito está motivado por la subsistencia, de ello no puede caber duda. De tal hecho, y de amargas experiencias con los alimentos que más he disfrutado en mis tiempos mortales, parece que las entrañas de un vampiro han perdido su facilidad para la digestión. Pocas veces se ve a un vampiro sobrado de peso, y casi todos descubren, después del Cambio, una nueva esbeltez. Al no ser requeridos, presumiblemente los órganos se atrofian.
El cuerpo del vampiro permanece como estaba en el instante de la muerte. El cabello y las uñas continúan creciendo durante algunos días, como lo hacen en un cadáver fresco, pero eso es todo. Si deseo que mi pelo o mis uñas sean mas cortos, debo cortarlas cada tarde después de levantarme. Conjeturo que el cuerpo de los vampiros está en realidad muerto, y detenido en su proceso degenerativo sólo por el poder del Cambio. La piel se vuelve un poco más tirante sobre los huesos, como les sucede a los muertos recientes.
Los pulmones de un vampiro ya no respiran –aunque muchos han aprendido a fingir la respiración para andar entre los vivos- porque la sangre fresca de la presa provee la pequeña cantidad de oxígeno necesaria para mantener en actividad los tejidos muertos. Sólo un vampiro joven o inexperto toma sangre de la vena yugular, donde casi se halla al fin de su viaje y llena de impurezas; es preferible la sangre de la arteria carótida, limpia y plena...
Así como los pulmones ya no respiran, el corazón ya no late. De algún modo, la sangre de la presa se difunde a través del cuerpo por un proceso de ósmosis, en lugar de fluir por las venas y arterias. Esto puede verse en el hecho de que cuando un vampiro llora –lo cual en verdad hacemos, y con más frecuencia de lo que un mortal supone- las propias lágrimas son de sangre. Si se corta la garganta de un vampiro, se encontrarán las venas vacías. La clausura y el atrofiamiento de los vasos sanguíneos más próximos a la piel es otra causa de la pálida complexión que caracteriza al vampiro, aunque en el instante posterior a que un vampiro se alimenta es posible ver un tinte rosáceo.
La sangre de la presa...parece tener algunas propiedades notables. Somos capaces de sanar de nuestras heridas con una rapidez asombrosa. Aún sentimos dolor y un reflejo envía sangre al área afectada; tal como ocurre con los vivos, la sangre se difundirá en el tejido afectado y alcanzará una coloración púrpura. La excepción a esta regla es la estaca tan querida por escritores y cineastas. Esta causará un cierto estado de trance o parálisis, pero no provocará la muerte. Por qué ocurre esto no lo sé, pues el corazón ya no late y no es necesario bombear el flujo sanguíneo. He escuchado varias explicaciones míticas a este fenómeno, pero confieso mi incapacidad para explicarlo racionalmente.
El cuerpo ya no produce ni regenera su propia sangre, y depende por completo de la presa para la obtención de sangre fresca y los nutrientes que la ciencia ha encontrado en ella. Algo en la sangre...merced al Cambio, estimula la llama de la Vida y evita su terminación, pero para impedirla se necesitan regulares infusiones de sangre fresca. Y cuando un vampiro es destruido, la degeneración es asombrosamente rápida, como si el Tiempo cobrara la deuda de décadas o siglos. Nada queda sino polvo, por lo cual resulta imposible un estudio anatómico y mucho hay que dejarlo a la conjetura.
Somos capaces de curar nuestras heridas mediante la sangre con la cual nos alimentamos. Podemos utilizarla para regenerar miembros y órganos, con el tiempo y el espacio necesarios. La regeneración nos devuelve siempre al estado físico que teníamos en el instante de morir, incluyendo el largo del cabello, la forma del rostro, el peso –todo. Cuando el cuerpo resulta herido, se regenerará a partir del mismo molde una y otra vez. Ya estamos muertos, y por lo tanto no podemos morir excepto por obra de las fuerzas de la vida. El Sol eterno y la llama primigenia.
Queda sólo una última cuestión in re corporis, un tanto lasciva, que trataré de responder con la mayor delicadeza posible. A través de la tradición popular, el vampiro se ha convertido en una de las más poderosas figuras románticas –y más que románticas-. Si bien el acto amoroso es físicamente posible para el vampiro de cualquier género, los impulsos asociados y los estímulos han muerto junto con la carne. Con un esfuerzo de la voluntad podemos hacer que vuelvan todos estos impulsos, obligando a la sangre a dirigirse a áreas determinadas, del mismo modo en que curamos una herida, pero eso es todo. El éxtasis del Beso reemplaza cualquier otra necesidad dentro de nosotros. La sangre es el único objeto de nuestro deseo.
Vivir como vampiro es vivir con el horror...El Ansia nunca puede ser plenamente saciada. La llamamos Ansia, pero el término es lamentablemente inadecuado. Los mortales conocen el hambre, incluso la inanición, pero eso no es nada. El Ansia reemplaza a casi cualquier otra necesidad, cualquier otro impulso conocido por los vivos –comida, bebida, reproducción, ambición, seguridad- y es más urgente que una combinación de todos.
Más que un impulso, es una droga, a la cual nacemos con una desesperanzada adicción. Al beber sangre no sólo garantizamos nuestra sobrevivencia, sino experimentamos un placer más allá de cualquier descripción. El Ansia es un éxtasis físico, mental y espiritual que ensombrece todos los placeres de la existencia mortal.
Ser un vampiro es estar atrapado por el Ansia. Tal es la paradoja de nuestra vida. Es la maldición de mis semejantes.
Toma mi brazo, querida. ¿Todavía no tienes miedo?
Deberías.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Vampiros en habla hispana

En el pasado reciente hablé de la estupenda antología Ajuar funerario (Páginas de espuma, 2004) del escritor peruano Fernando Iwasaki. Del libro les presento, con la amable autorización del autor, su aportación a la literatura vampírica, ejemplo de la minificción en habla hispana. Confirma una máxima: la historia de vampiros de calidad no requiere imprescindiblemente de etiquetas para referirse al monstruo.
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Monsieur le revenant
Fernando Iwasaki

Todo comenzó viendo televisión hasta la medianoche, en uno de esos canales por cable que sólo pasan películas de terror de bajo presupuesto. Luego vinieron el desasosiego y los bares de mala muerte, las borracheras vertiginosas y las cofradías siniestras de la madrugada. Por eso perdí mi trabajo, porque dormía de día hasta resucitar en la noche, insomne y hambriento.
No es fácil convertirse en un trasnochador cuando toda la vida has disfrutado del sol y de los horarios comerciales, pero la noche tiene sus propias leyes y también sus negocios. Así caí en aquella mafia de hombres decadentes y mujeres fatales. Malditos sean.
Siempre regreso temeroso de las primeras luces del alba para desmoronarme en la cama, donde despierto anochecido y avergonzado sobre vómitos coagulados. Tengo mala cara. Me veo en el espejo y me provoca llorar. Lo del espejo es mentira. Lo de los crucifijos también.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Drácula a la americana

Stephen King, uno de los autores contemporáneos más vendidos y exitosos, equivalente al horror de una Big Mac con queso –en palabras de un respetado experto-, escribió en su primera época una historia que puede resumir su trama en cinco palabras: Drácula viaja a Estados Unidos. Esto no demerita en forma alguna el resultado de la novela de 1975 La hora del vampiro (o El misterio de Salem´s Lot, según nuevas ediciones). En ella un señorial vampiro europeo, Kurt Barlow, pretende apoderarse de Jerusalem´s Lot, un pintoresco pueblo de Maine. Para impedirlo un atormentado escritor –como en muchos relatos de King- conforma un ecléctico equipo de cazadores de vampiros que incluye a un sacerdote alcohólico, un profesor de secundaria, un incrédulo galeno y un niño detentor de la fantasía –como ocurre en muchas otras historias de King-. También hay una damisela en peligro: Susan, un antiguo amor del héroe. El enemigo dista mucho del nosferatu de piel azul y exasperante mutismo que conocimos en la adaptación televisiva de Tobe Hooper (1979). Está mejor representado en el remake de Mikael Salomon (2004) por el otrora androide Rutger Hauer, modelo e inspiración para Anne Rice y su Lestat de Lioncourt. A continuación reproduzco la carta que el vampiro dejó a sus perseguidores cuándo éstos creyeron haberlo acorralado, misiva que confirma la compulsión por escribir de algunos hijos de la noche. Nótese la traducción española de Marta Guastavino.
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4 de octubre

Estimados y jóvenes amigos:
¡Qué amable de vuestra parte haber venido por aquí!
No soy en modo alguno adverso a la compañía, que ha sido uno de mis más grandes placeres durante una vida larga y, con frecuencia, solitaria. Si hubierais venido por la noche habría tenido el mayor placer de recibirlos personalmente. Sin embargo, como sospechaba que podríais preferir haceros presentes durante el día, me pareció mejor no estar.
Os he dejado una pequeña prenda de mi aprecio; alguien muy próximo y querido para uno de vosotros está ahora en el lugar donde yo pasaba mis días hasta que decidí que otro refugio podría resultarme más simpático. Es una muchacha encantadora, señor Mears, muy apetitosa, si me permite usted la pequeña broma. Como ya no la necesito, os la he dejado para que con ella os vayáis entusiasmando para lo que vendrá después. Para abriros el apetito, si os parece. Así veremos qué tal os sienta el aperitivo antes del plato fuerte que esperáis hallar, ¿verdad?
Jovencito Petrie, tú me privaste del servidor más fiel y más ingenioso que haya tenido jamás. De manera indirecta, hiciste que yo me convirtiera en causante de su ruina, al dar motivo para que mis propios apetitos me traicionaran. Indudablemente, le atacaste por la espalda. Me causará un gran placer vérmelas contigo. Aunque creo que empezaré por tus padres, esta noche… o mañana por la noche… ya veremos. En cuanto a ti, entrarás a integrar el coro de niños de mi Iglesia como castratum.
Respecto del Padre Callahan… ¿así que le persuadieron de que viniera? Me lo imaginaba. Desde mi llegada a Salem´s Lot le he observado con cierto detenimiento… como un buen jugador de ajedrez estudia las partidas de su contrincante, ¿no es eso? Sin embargo, ¡la Iglesia católica no es el más antiguo de mis contrincantes! Yo era ya viejo cuando ella era joven, cuando sus miembros se ocultaban en las catacumbas de Roma y pintaban peces en el pecho para poder distinguirse entre ellos. Yo era fuerte cuando ese estúpido club de comedores de pan y bebedores de vino que veneran al salvador de las ovejas era débil. Mis ritos eran milenarios cuando los ritos de su Iglesia aún no habían nacido. Pero nada subestimo. Conozco los caminos del bien tanto como los caminos del mal. Y no estoy saciado.
Y os venceré. ¿Cómo, preguntáis? ¿Acaso Callahan no lleva el símbolo de la Blancura? ¿Acaso él no se mueve de día tanto como de noche? ¿No hay encantamientos y pócimas, tanto cristianos como paganos, de los que mi excelente amigo Matthew Burke os ha puesto al tanto para defenderos de mí y de mis compatriotas? Sí, sí y sí. Pero yo he vivido más tiempo que vosotros. Yo no soy la serpiente, soy el padre de las serpientes.
Así y todo, decís, esto no es bastante. Pues claro que no lo es. Finalmente, “padre” Callahan, quiero decirle que usted solo se destruirá. Su fe en la Blancura es blanda y débil y cuando habla de amor se trata de una presunción de su parte. Sólo cuando habla de la botella está bien informado.
Mis buenos, excelentes amigos –señor Mears, señor Cody, jovencito Petrie, padre Callahan-, disfrutad de vuestra estancia. El Médoc es excelente; me lo procuró especialmente el difunto propietario de la casa, de cuya compañía personal jamás llegué a disfrutar. Os ruego que os consideréis mis invitados y bebáis, si aún os quedan ánimos para hacerlo cuando hayáis terminado vuestra tarea. Ya volveremos a encontrarnos, en persona, y en ese momento os daré mi enhorabuena en forma mucho más personal a cada uno.
Hasta entonces, adiós.
Barlow.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Una segunda oportunidad para Drácula, tercera y última parte.

Si es indignante que te califiquen como plagiario (cuando no lo eres), es doblemente ofensivo que cuestionen tu capacidad literaria en un planteamiento de ficción. Y en todos los ámbitos. Así hicieron Dacre Stoker e Ian Holt en la secuela oficial de Drácula, cuando refirieron que Bram Stoker simplemente llevó a la letra impresa la narración que Abraham Van Helsing le hizo como un intento de alcanzar la inmortalidad y prevenir al mundo de la existencia de los no muertos –en un principio los autores lanzaron la pista que apuntaba a un alcoholizado y seguramente drogado Jack Seward-. Bram Stoker no tiene la talla de otros escritores de su época, pero es un eficaz narrador de historias de horror que nos ofreció obras ejemplares del género. Su amor por el pasado, el folklore y la historia de su país son evidentes en las exhaustivas investigaciones que cimentaron su creatividad. Alguna vez escuché que toda obra maestra es autoría de un escritor formidable. Nada más justo en el caso del señor Stoker. Su narrativa es muy superior en calidad e ingenio a un producto comercial que busca aprovechar un poco del fenómeno Crepúsculo. Concluí mi lectura de Drácula, el no muerto por dos razones: persistencia y hacerme de elementos críticos para establecer si es una aportación valiosa al subgénero.
El crítico gastronómico Anton Ego, personaje de la entrañable cinta Ratatouille, dijo: “no cualquiera es un gran artista, pero un gran artista puede provenir de los lugares más insospechados”. Dacre Stoker no es un escritor profesional, es un maestro de educación física. Y no lo digo despectivamente. No percibo un auténtico interés artístico detrás de su obra, simplemente aprovechó su apellido y el legado de su ancestro, con resultados pobres, irrespetuosos e indignantes. Pero sin duda los económicos serán abundantes.
Sobre el previsible y decepcionante desenlace de la novela –que incluye romances inconclusos, líneas memorables de una popular space opera y el trágico viaje de un afamado trasatlántico- evito revelar detalles. Drácula, el no muerto sería remotamente disfrutable si se leyera como una historia alternativa, no como una secuela. A este respecto son mil veces más interesantes Drácula desencadenado de Brian Aldiss y El año de Drácula de Kim Newman.
Me acompaña la edición de Conaculta de la novela canónica mientras escribo estas líneas. Iniciaré mi enésima relectura como una forma de purificación y un tributo a la memoria de un autor al que debo tanto.
Una pregunta para poner punto final a este tópico: ¿alguien sabe si la secuela oficial de Peter Pan sufrió el mismo miserable destino?

lunes, 7 de diciembre de 2009

Noticias del imperio (de los vampiros)

Guillermo del Toro busca con su novela mostrar la maldad del ser humano

(AFP) GUADALAJARA, México — El cineasta y escritor mexicano Guillermo del Toro dijo que su novela 'Nocturna', que coescribió con Chuck Hogan, intenta rescatar la imagen aterradora del vampiro, distanciándose de la ideal de vampiro romántico que impera actualmente en libros y películas. De hecho "los vampiros de 'Nocturna' son tan adorables como una hemorroide asesina", se burló el director de películas como 'El laberinto del Fauno', en una presentación en la Feria del Libro de Guadalajara (en el centro de México), el mayor evento editorial del mundo hispano, ante un auditorio desbordado de estudiantes."Un vampiro, actualmente, es más bien la encarnación de la otra vertiente principal del mito vampírico, que es mito romántico; el vampiro que se vuelve como el niño malo con el que las chicas sueñan, que va a la ópera o que es vegetariano, sensible y adorable".Del Toro dijo que la idea de la novela era contrastar los actos brutales y voluntarios de maldad del ser humano con los actos brutales biológicamente compulsivos del vampiro. Queríamos "tratar de decir de alguna forma que aún con estos monstruos la maldad más profunda viene del ser humano".'Nocturna' forma parte de la llamada 'Trilogía de la Oscuridad', cuyos dos otros títulos, 'Oscura' y 'Eterna', saldrán a la luz en los próximos dos años.El mexicano, que reside en Los Ángeles (al oeste de Estados Unidos), explicó que en la primera novela querían reformular la anatomía y la biología vampírica, en la segunda empezaron a reconfigurar lo mítico y espiritual y en la tercera quisieron presentar una reformulación total del origen del vampiro.

Memoria vampírica

El pasado 20 de noviembre el diario Reforma publicó una sección especial en su suplemento Primera Fila con motivo del estreno de Luna nueva, la secuela del fenómeno Crepúsculo. Una de las personas tras la idea de vindicar al vampiro fue Mario Abner Colina, quien platicó con numerosos conocedores del tema y amablemente compartió conmigo -y ustedes- su exhaustiva investigación. Vale mucho la pena. Hela aquí.


Son leyenda
Mario Abner Colina

"¡Bienvenido a mi casa! ¡Entre libremente y por su propia voluntad", invitó el Conde Drácula a Jonathan Harker.
Atemorizado, el joven notario inglés traspasó el umbral del oscuro castillo transilvánico en Drácula, la novela de Bram Stoker. Y como él, millones de lectores, temerosos y excitados, por propia voluntad, han aceptado y siguen aceptando la tenebrosa invitación que los vampiros literarios les hacen. ¿Pero por qué?
"El vampiro transmite la idea de la juventud eterna, de la no corrupción de la carne, salir de cacería, y de, básicamente, pasarla bien de noche. Eso resulta atractivo más allá de las épocas y más allá de la literatura", señala el crítico y escritor argentino Rodrigo Fresán.
Inmortal más allá de todo rayo de sol, crucifico, estaca o agua bendita con que se le combata, el vampiro hizo su aparición en el folclor de distintas civilizaciones europeas, asiáticas y americanas, gracias a mitos como el de lilith, los súcubos o las lamias.
Su poder, incluso, logró hacerse de un espacio en mentes como Voltaire, Rousseau, o el benedictino Dom Augustine Calmet, quien aventuró un tratado sobre los vampiros. ¿Meras superticiones?
"Los vampiros existen para quienes creemos en ellos", señala Vicente Quirarte, autor del ensayo de culto Sintaxis del vampiro. "El vampiro se alimenta de nuestra imaginación y nosotros de su mito poderoso y creciente".
El siglo 19 fue el siglo del estallido de la sed vampírica. Primero con poemas como El gaiour (1813) de Lord Byron, y después, en prosa, con El vampiro (1819) de John William Polidori, asistente a la legendaria reunión de escritores en Villa Diodati, donde también nacieron seres como Frankenstein, de Mary Shelley.
"Con Polidori el vampiro adquiere el aire de seductor. Fríos ojos grises, fascinante, terrible", apunta el especialista en literatura de horror Roberto Coria.
Varney, el vampiro (1845-1847), atribuido a James Malcolm Rymer, inauguró la imagen del vampiro introduciéndose en la habitación de la doncella. Y el erótico Carmilla (1872), de Joseph Sheridan Le Fanu, hizo de una mujer, por vez primera, la asesina sedienta de sangre.
Pero apenas eran bosquejos del terror. A punto de que muriera el siglo 19, fue un irlandés de nombre Bram Stoker quien dio vida al punto de referencia para siempre, Drácula (1897).
Argumentaciones científicas, trama ubicada en fechas contemporáneas, e inspiración en el personaje histórico real Vlad Tepes, fueron algunos de los elementos que hicieron del libro, aún hoy, el más imitado y el más admirado.
"Es una novela reflexiva, con voces cruzadas. Además, en Drácula el Conde aparece muy poco. Es el mal presente siempre ausente. No sé si fue una idea meditada de Stoker o una genialidad casual", se pregunta Fresán.
No obstante, a pesar de su éxito, la capa del Conde no podía cubrirlo todo, y en el siglo 20, los vampiros comenzaron a mutar. En los 20, H.P. Lovecraft revitalizó al no muerto con relatos como "La casa maldita", con un monstruo que se alimenta de energía. Otro norteamericano, Fritz R. Leiber, crea en "La chica de los ojos hambrientos" (1949) una vampiresa de hermosura indescriptible que absorbe recuerdos de sus víctimas.
Sin embargo, una de las más grandes vueltas de tuerca del género llega en 1954 con Soy leyenda. La novela de Richard Matheson propone un mundo donde una plaga ha convertido a todos en vampiros —que no necesariamente temen a la cruz—, y hay un único sobreviviente humano.
"El mensaje es muy interesante. Neville, el protagonista, es el único humano en un mundo de vampiros. Entonces, es el anormal. Es el monstruo", comenta Coria, autor de la pieza teatral El hombre que fue Drácula.
Los 70 fueron un caldo de cultivo para obras de potencia. Con el libro La voz de Drácula (1975) de Fred Saberhagen, Drácula tuvo su revancha: el Conde hace una apología de los eventos de la novela de Stoker y despotrica contra quienes lo combatían.
El joven Stephen King, por su parte, luego de hacer sudar de miedo a todo Estados Unidos con Carrie, propuso en Salem's Lot (1975) una historia de vampiros de aires stokerianos en que Barlow, un tenebroso ser, invadía un pequeño pueblo de la Costa Este.
"A algunos les molesta que Stephen King sea un bestseller, pero este libro es maestro, una gran pesadilla sin concesiones", dice el escritor Bernardo Ruiz, autor de Antes y después de Drácula.
Una escritora de Nueva Orleans, firmando como Anne Rice, publicó en 1976 Entrevista con el vampiro, una irreverente historia de la vida privada y la psicología de los vampiros, con elementos sexuales y homoeróticos.
"Anne Rice dice que Lestat lleva el signo de la cruz en el cofre de su auto. Sus vampiros adaptan su esencia a cada época para conservar su casi omnipotencia", anota Coria.
Con novelas como El tapiz del vampiro (1980) de Suzy McKee Charnas, sobre un vampiro hecho pasar en la sociedad como un brillante antropólogo, El ansia (1981) de Whitley Striber, con una tesis que plantea que los vampiros son una especie paralela al humano con anomalías en la sangre, sagas como Necroscopio (1986) de Brian Lumley, sobre un necromante al servicio del Imperio británico que combate vampiros, o la trilogía iniciada con El año de Drácula (1992) de Kim Newman, donde un Drácula victorioso es príncipe consorte de la Reina Victoria y ha vampirizado Inglaterra, finaliza el siglo 20. Y con pocas obras a destacar, según algunos.
"El siglo 20 es abundante en el tema, pero es redundante. ¿Qué le da una nueva fuerza al mito?", se pregunta Ruiz.
En 2003, luego de esconderse brevemente en sus ataúdes, salieron a la luz. Charlaine Harris planteó comedia con Southern Vampire Mysteries, donde los vampiros conviven con los humanos y beben sangre artificial.
Déjame entrar, del sueco John Ajvide Lindqvist, cimbró en 2004 los países nórdicos con Eli, una niña vampira de 200 años que se relaciona con un adolescente de 12 objeto de burlas en un suburbio de Estocolmo.
Pero el verdadero boom estaba por llegar. Un año después, en 2005, mientras Elizabeth Kostova y La historiadora buscaban la verdad detrás de Vlad Tepes, Crepúsculo de Stephanie Meyer, una narradora que aseguraba tener miedo de leer Drácula, apasionó a millones con Bella, una chica que se enamora de Edward, miembro de una familia de vampiros que no caza humanos.
Con una mezcla de elementos de Shakespeare o Jane Austen, Meyer, en clave vampírica, planteó temas como el despertar sexual a una audiencia que había crecido leyendo las aventuras de Harry Potter y necesitaba un objeto de deseo acorde a su edad: chupadores de sangre hermosos.
La trama se convirtió en una tetralogía que vendió 70 millones de ejemplares. ¿El resultado? Libros de vampiros para adolescentes por todas partes. Vampirismo literario más que literatura de vampiros, considera Fresán.
"Quizás vivamos una edad de oro vampírica porque están de moda, pero por calidad me parece más bien una edad de plomo".
Avivados por el fenómeno, este 2009 y en tiempos de influenza, Guillermo del Toro y Chuck Hogan publicaron Nocturna, un relato que rechaza la idea romántica de los vampiros: son enfermos, horribles, y muy, muy virales.
Y, recientemente, un sobrino bisnieto de Bram Stoker, Dacre, junto con el especialista Ian Holt, revivieron a Drácula con una secuela autorizada por la familia del escritor irlandés: Drácula, el no muerto.
Los puristas ponen el grito en el cielo, mientras que las nuevas generaciones, con la emoción de la primera mordida, hacen suyo el mito sin ver demasiado hacia atrás. Pero sin importar quién tenga razón, es el vampiro el que triunfa. Ha caído la noche y los colmillos asoman, sentencia Vicente Quirarte.
"Aunque el resultado sea malo, todo texto añade un elemento por mínimo que sea. El vampiro confirma su inmortalidad".

domingo, 6 de diciembre de 2009

Aristócratas del vampirismo, tercera parte.

Un escándalo similar al de Gilles de Rais giró en torno a la condesa húngara Erzsebet Báthory (1560-1614), quien fue juzgada en 1611 por haber secuestrado y torturado hasta la muerte a un sin número de jóvenes mujeres que vivían en las villas aledañas al castillo Csejthe, ubicado en lo alto de las montañas en una región de Hungría cercana a los Cárpatos.
De acuerdo a las crónicas de la época el número de aldeanas muertas oscila entre las 80 y las 300, aunque la cantidad exacta tal vez nunca la sepamos. La Báthory tenía la extraña costumbre de beber la sangre de sus víctimas y de bañarse en el vital líquido para mantenerse bella y joven tanto como fuera posible.
Antes de embarcarse en su terrible carrera, Báthory era la flamante esposa del Conde Ferencz Nadasdy, un guerrero reconocido por su valentía. Mientras su marido se encontraba en campaña, la Báthory combatía el aburrimiento estudiando magia negra. Con la ayuda de Thorko, un sirviente que se convirtió en su hombre de confianza, comenzó a secuestrar y a torturar a las campesinas. Tras la muerte de su esposo en el año 1600, Báthory se dedicó de lleno a sus depravadas actividades, ayudada por Thorko, su enfermera Ilona Joo, su mayordomo Johannes Ujvary y su hechicera Darvula.
Por más de una década las desapariciones continuaron, y los rumores de que Báthory se encontraba detrás de todo comenzaron a propagarse. En 30 de diciembre de 1610 en Conde Gyogy Thurso, primo de Báthory, condujo a un destacamento de soldados y policías al castillo Csejthe donde descubrieron la orgía de sangre que se desarrollaba en el lugar. Encontraron docenas de cadáveres y algunas prisioneras vivas en los calabozos.
Los cómplices de Báthory fueron ejecutados en la hoguera o por decapitación, mientras su sangre real la salvó de la pena capital –su tío abuelo Esteban Báthory combatió al lado del mismísimo Vlad Drácula-. Fue condenada a permanecer cautiva en una habitación sin puertas ni ventanas en su propio castillo, donde murió el 21 de agosto de 1614, lanzando gritos incoherentes y espeluznantes.
La Báthory ha sido ligada al tema vampírico no sólo por sus hábitos sanguinarios, su condición nobiliaria o su procedencia rumana. Muchos aseguran que es descendiente, en línea directa, del famosísimo y ya mencionado Voivoda Drácula. De este parentesco se han valido novelistas como Jeanne Kalogridis –con su serie Covenant with the vampire- y más recientemente Dacre Stoker e Ian Holt con su secuela de Drácula. A propósito…