
martes, 10 de agosto de 2010
Geografía lovecraftiana

viernes, 6 de agosto de 2010
Un sueño dentro de un sueño
Lo escrito por mi amigo Rafael Aviña –que reproduje en la entrada anterior-, los comentarios unánimes de la crítica y las opiniones del público –como ustedes y yo- confirmaron que El origen (Inception, 2010), la octava película de Christopher Nolan, es grandiosa. El texto de Rafael me deja muy poco por decir. A las acertadas referencias que enunció sólo añadiría a Jorge Luis Borges. La cinta es deslumbrante. Sus efectos especiales, lo que a primera vista cautiva la atención, se encuentran al servicio de una historia intrincada, que seguram
ente sería una delicia para todo psicoanalista pues representa al subconsciente mismo. Es brillante la secuencia donde Arthur (Joseph Gordon-Levitt) pelea contra esas defensas mentales humanizadas, todo en ausencia de gravedad. Al salir del cine, uno sólo termina preguntándose cómo alguien es capaz de escribir una historia excelente –porque el guión es autoría del señor Nolan- después de coescribir algo tan bueno, casi insuperable, como Batman,
el caballero de la noche (2008), considerada por muchos como El Padrino parte II de las películas de superhéroes. Para finalizar. ¿Alguien notó el enorme parecido de Gordon-Levitt –egresado de la comedia televisiva La tercera roca a partir del sol- con el finado Heath Ledger? Lo que abre nuevas posibilidades. ¿Piensa Nolan incluir al Guasón, aunque sea brevemente, en la tercera entrega de Batman? El tiempo lo dirá. Me despido por ahora con un poema del grandioso Edgar Allan Poe, que presta título a este escrito, porque creo que la esencia del horror se encuentra en despertar una mañana y no saber si te encuentras en el mundo real o si todo es un juego de tu mente.Un sueño dentro de un sueño
Edgar Allan Poe
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueno.
Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?
sábado, 31 de julio de 2010
Espionaje en tus sueños
El absurdo duelo económico entre las principales casas exhibidoras y la distribuidora Warner Bros., en el que sólo los cinéfilos salíamos perjudicados, terminó y a partir de este fin de semana podemos ver el octavo largometraje del talentosísimo Christopher Nolan. Para abrir el apetito, he aquí la crítica que de la cinta hizo mi querido amigo Rafael Aviña, publicada en la sección Primera fila del diario Reforma el pasado 23 de julio. Ahora, a correr al cine. Los filmes de Christopher Nolan tienen que ver con la obsesión, los recuerdos, el sueño, la memoria y los actos fallidos.
Así lo muestran sus extraordinarias primeras obras: Doodlebug o Following, seguidas por Amnesia, Insomnia, El gran truco, Batman inicia y El caballero de la noche, una obra maestra que parecía insuperable.
Y es que con El origen (Inception, 2010) Nolan se encuentra a la altura de aquella y consigue una película suma de sus temas y paranoias.
Mezcla de sombrío thriller de robos corporativos y drama freudiano de ciencia ficción con endemoniadas secuencias de acción y un ritmo de vértigo, El origen es, sobre todo, un inquietante y posmoderno relato de cine negro que sucede en un profundo nivel del subconsciente.
Nolan, obsesionado con el pasado al igual que sus personajes, saca partido de esa suerte de subgénero policial noir cuyas historias exudaban fatalidad y desesperanza en universos urbanos y claustrofóbicos tendientes al crimen y la violencia, con antihéroes derrotados moralmente.
Todo esto en medio de un complejo orden del tiempo para crear ansiedad a través de una narración romántica donde imperan los recuerdos.
En la historia Dom Coff (Di Caprio) es experto en el arte de extraer los secretos del subconsciente durante el sueño, lo que lo convierte en un ladrón del espionaje corporativo.
Pero a la vez lo condena a huir y abandonar a sus pequeños hijos, acusado de la muerte de su esposa Mal (Marion Cotillard).
Ahí se entrecruzan cintas excepcionales con manejo complejo de las ideas del sueño, la memoria y el poder de la imaginación: El ciudadano Kane, Terciopelo azul, El año pasado en Marienbad, 12 monos, Amnesia, La sangre de Romeo, Matrix, e incluso episodios notables de La dimensión desconocida.
El origen es un asombroso reto a las estructuras espacio-temporales, a la física y gravedad. Una compleja obra de arte en efectos especiales, escritura dramática, diseño de producción y banda sonora. Una inmersión a otro mundo narrativo y emocional y una profunda historia de amor, obsesión, culpa y redención.
Es también un guiño al potencial del subconsciente, al impacto hipnótico del sueño y del cine mismo (la secuencia de la camioneta cayendo del puente). A partir de Inception el cine tendrá que cambiar.
jueves, 29 de julio de 2010
¿Qué es la realidad?
En uno de los mejores momentos de El día de la marmota (Harold Ramis, 1993), el agrio meteorólogo Phil Connors (un estupendo Bill Murray) se enfrenta con hastío a la cotidiana contrariedad de levantarse de la cama. Sin embargo hay algo extraño. El reloj despertador se enciende a la hora del día anterior, la melodía es la misma, el discurso de los locutores del radio le parece familiar, las personas que se cruzan con él actúan de forma repetitiva. ¿Un deja vú? En absoluto. Pronto se da cuenta que está atrapado en el mismo día, el del título, condenado a vivir una y otra vez las mismas experiencias. En principio toma todo como una inexplicable broma del destino. Eventualmente descubre el auténtico horror de su experiencia. Trata de quitarse la vida de distintos modos, con éxito, sólo para despertar nuevamente la misma mañana, a la misma
hora, con la misma canción. La película fue insólitamente bautizada –por los intelectuales del subtitulaje de México- como Hechizo del tiempo. Esto fue parcialmente certero. En el fondo subyace una comedia romántica, pues Phil experimenta un viaje que le permite redescubrir su humanidad y enamorarse, pero imaginen encontrarse en el lugar del protagonista. Su drama resume la esencia de lo fantástico y del horror.
Recuerdo esta cinta porque acaba de estrenarse –de forma absurda y limitada- El Origen (Inception, 2010), el octavo largometraje del virtuoso Christopher Nolan. Esto fue la excusa para que mi amigo Carlos del Río, conductor del podcast Cinemanet, me invitara el otro día para hablar de la percepción de la realidad y el cine. Compartí micrófonos con otros dos expertos en el tema, los críticos de cine Antonio Camarillo e Iván Morales.
Dice una expresión popular que todo depende del cristal con que se mira. La visita a otras realidades en el séptimo arte puede traducirse como una necesidad de evasión de una sociedad en crisis, un escape a mundos imposibles donde no todo es lo que parece. A pesar de contar con honrosísimos ejemplos, el cine de realidades alteradas no se ha constituido como un subgénero, sino que se nutre de la ciencia ficción, el thriller, el drama, el horror y, en algunos casos, la comedia. Utiliza un lenguaje casi onírico, incomprensible a veces, donde confluyen imágenes que parecen extraídas de una pintura de Salvador Dalí o de una película temprana de Luis Buñuel. Citemos sólo un par de ejemplos de éstos temas: Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll y Las aventuras del pequeño Nemo en el mundo de los sueños de Winsor McCay. No olvidemos algunos de los mejores episodios de La dimensión desconocida, o la muy contemporánea serie Fringe.
En una costumbre muy humana, clasificar y etiquetar todo, me aventuré a elaborar una
taxonomía que comparto con ustedes:
1. LA REALIDAD ALTERADA POR LA LOCURA. La mente es potente, decía Winnie Pooh, y esto lo demuestran citas que van de joyas expresionistas como El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1921), El club de la pelea (David Fincher, 1999), Spider (David Cronenberg, 2002), El maquinista (Brad Anderson, 2004), Identidad (James Mangold, 2003) y la muy reciente La isla siniestra (Martin Scorsese, 2010). Si vieron al menos uno de los títulos que menciono, saben de lo que hablo.
2. LA REALIDAD ALTERADA POR LAS DROGAS. Éstas no sólo destruyen, son un excelente tema para muchos artistas. Piensen en películas como El almuerzo desnudo (David Cronenberg, 1991) o Una mirada a la oscuridad (Richard Linklater, 2005). Ambas fueron adaptadas de las novelas homónimas de William Burroughs y Phillip K. Dick, respectivamente, exploradores de los paraísos artificiales y sus infiernos inherentes. De la primera, decía Nelson Rufino –el malandrín de Los Simpson-, que había “al menos dos grandes mentiras en su título”.
3. ESCAPE DE LA REALIDAD. Ofelia (Ivana Vaqueiro), en El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), se evade a un mundo fantástico, a veces horrorífico, donde las cosas son mejores que en la España franquista donde vive o su terrible padre sustituto. En Donde viven los monstruos (Spike Jonz, 2009), el infante Max se fuga a una isla poblada por monstruos en un intento desesperado por ser aceptado y para sustraerse de su familia fragmentada.
4. LA REALIDAD ALTERADA POR PROPIA VOLUNTAD. En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), Charlie Kauffman nos narra los esfuerzos de un hombre ordinario para olvidar a la que fue el amor de su vida. En La célula (Tarsem Singh, 2000), una psiquiatra (la infame Jennifer López) se adentra –literalmente- en la mente de un asesino en serie para descubrir el destino de su más reciente víctima. En El juego (David Fincher, 1997), el frío multimillonario Nicholas Van Orton (Michael Douglas) se enfrenta a un demencial divertimento donde no todo es lo que parece. En Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995), Ralph Fiennes trafica con las vivencias de otros y vuelve a vivir –obsesivamente- un amor perdido. Ir al cine, en esencia, es un escape de la realidad. Sea por diferentes motivos, el hombre encuentra razones para evadirse de la racionalidad. Este apartado incluyó cintas donde el hombre elige conscientemente este camino; el anterior es involuntario, lo que lo acerca a la locura.
5. LA REALIDAD ALTERADA POR FUENTES EXTERNAS. Misteriosa obsesión (Joseph Ruben, 2004), Ciudad en tinieblas (Alex Proyas, 1999) y la saga Matrix (hermanos Wachowski, iniciada en 1999) ejemplifican cómo entes ajenos a nosotros (sea máquinas u otros bichos) pueden incidir sobre nuestra percepción.
6. LA REALIDAD ALTERADA POR CAUSAS DESCONOCIDAS. La ya mencionada Día de la marmota representa este apartado. Las causas del día interminablemente repetido por Phil nunca quedan aclaradas. Lo que cuenta es el cambio interno que experimentó. En ese sentido, lejos de ser una maldición fue un regalo.
Omití deliberadamente a David Lynch, porque él y sus mundos oníricos –televisivos y cinematográficos- se cuecen aparte. El británico Terry Gilliam también. A los dos los estudiaré seguramente en entradas futuras. A punto de terminar este texto caigo en cuenta que dejé a un lado muchos otros títulos. En una realidad alterna, los incluí todos.
martes, 27 de julio de 2010
La noche de los muertos vivientes en el nuevo milenio
Una de las películas que nunca dejo de ver cada vez que me topo con ella en la televisión es La noche de los muertos vivientes (George Romero, 1968). Es una de las obras que más cautivaron mi imaginación adolescente, una metáfora terrible a la que he dedicado mi atención adulta a través de textos (en Amor al terror, 2008, Ediciones Shamra) y disertaciones públicas (en 2003 recordé su 35 aniversario en las desaparecidas Charlas de Café de la Cineteca Nacional). Más allá de academicismos, el zombi es uno de mis monstruos favoritos, uno que conserva su capacidad de atemorizarme, uno que me habla de un miedo fundamental: perder mi intelecto e identidad, convertirme en uno del montón.
El sábado por la noche me encontré casualmente con su reelaboración, que no suelen pasar en televisión, uno de los pocos remakes que no corrieron con la miserable suerte de otras cintas que pretendían actualizar obras clásicas del cine de horror. En esta ocasión se trató de la revisión que Tom Savini hizo en 1990, con la bendición del propio Romero y su coescritor John Russo, de La noche de los muertos vivientes. Savini era la elección ideal para esta labor. No sólo se encargó, en su faceta de habilidoso artesano de efectos especiales, del maquillaje de la saga zombi de Romero desde su segunda entrega –de hecho, desde Martin (1977)-, sino ha demostrado una gran sensibilidad –sanguinolenta- para explorar a
éstos seres, desde su aparición especial en otras reelaboraciones (El amanecer de los muertos, Zack Snyder, 2004), divertimentos (Planeta terror, Robert Rodríguez, 2007) e infamias (Los hijos de los muertos vivientes, Tor Ramsey, 2001). Respetuosamente, Savini trae el drama de supervivencia por todos conocido para las nuevas generaciones. Sólo que lo hace de manera más vigorosa e impactante, en flamante technicolor, gracias a los avances técnicos y beneficiado por un mayor presupuesto que los autores originales. Uno de sus aciertos fue que Bárbara cobrara un papel más activo en su propia supervivencia. De ser una chica casi catatónica al toparse abruptamente con el horror (en 1968), se convirtió en una mujer aguerrida, dispuesta a defenderse y acabar por mano propia con más de un zombi (en 1990). Vindica el rol femenino en las cintas de horror. Abrió el paso a una nueva generación de mujeres combativas, como una Milla Jovovich que patea muertos al por mayor en la adaptación de un conocido videojuego. La invitación a la reflexión sigue intacta. Perviven los conflictos raciales, la familia disfuncional, la desconfianza sobre nuestra clase gobernante y la crítica a la sociedad de consumo. Lo más importante también: los “seres humanos” no somos diferentes de nuestros pares reanimados. “Ellos son nosotros y nosotros somos ellos”, acepta fatalmente la superviviente en los
momentos finales de la película. Cobró sentido la otra noche que uno de mis vecinos golpeó con una escoba a un perro de la calle que buscaba cobijo de la fría lluvia. Por eso, como decía Emilio García Riera, “el cine es mejor que la vida”. Al menos los zombis sólo tienen poder en la oscuridad. Los verdaderos monstruos viven en la puerta de al lado.
viernes, 23 de julio de 2010
Donde todo inició, o cómo “descomponer” a un niño
Hoy este blog cumple un año de vida. Con casi un centenar de seguidores y más de seis mil visitas –desde que inicié la cuenta el pasado marzo-, esto es un motivo de enorme satisfacción. La ocasión no sólo me demuestra que no estoy solo, pues muchos comparten algunas de mis pasiones, también me invita a reflexionar sobre la génesis de mi fascinación por estos temas, el horror y la fantasía. Todo comenzó con los capítulos de Plaza Sésamo que veía, sentado en un pequeño sillón de hule espuma, al lado de mi hermano Quique. Éramos Enrique y Beto, colmo de las coincidencias. El hambriento lobo feroz, entrevistado por la rana René, y el obsesivo Conde Contar fueron dos de los primeros monstruos que me fascinaron. Luego vinieron los libros que me procuró mi madre y que me leía todas las noches. Siempre he dicho que ella es la responsable de que mi imaginación tenga alas de murciélago. Recuerdo cómo acudíamos religiosamente cada semana a la Comercial Mexicana de la colonia Pilares para comprar la nueva entrega de la bella colección de clásicos infantiles
ilustrados, editados por José Emilio Pacheco –cuya grandeza no conocía a mis tiernos 5 años de vida-. Acompañaron a éstos otros libros que ella adquiría en su trabajo, adaptaciones de historias similares o de películas hoy clásicas de Walt Disney. En sus páginas conocí las historias de los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen, pobladas de ogros, brujas caníbales, niños abandonados y mujeres capaces de las acciones más viles. Paralelas fueron esas excursiones memorables al desaparecido cine Continental, la catedral de mi primera educación sentimental, con las obligadas carreras por su extenso pasillo, entre interminables hileras
Precisamente con Dumbo aprendí cuán cruel puede ser el hombre con lo diferente. Luego vinieron las sesiones vespertinas frente al televisor, muchas al lado de mi abuelo materno, a quien admiraba profundamente –y sigo admirando- porque cazaba monstruos en la vida real. Inevitables fueron Los Intocables –con Robert Stack como Eliot Ness- y la vieja versión de Batman con Adam West. Hoy reconozco que su espíritu kitch atenta contra la esencia del personaje, pero era increíblemente divertida en ese entonces. Desde ese momento se convirtió en mi héroe. Cuado fui capaz de leer conocí los cómics de Batman y el Hombre Araña, así como otros clásicos de la literatura, en versiones convenientemente abreviadas e ilustradas: El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Los tres Mosqueteros, El hombre de la Máscara de Hierro, Moby Dick, Frankenstein y, sobre todo, Drácula. Algo sucedió en mi interior al conocer esa novela. Fue una especie de amor a primera vista. Gracias a ese feliz encuentro puedo comprender el estremecimiento de Julio, el niño del
cuento de Richard Matheson, al conocer por primera vez al chupasangre aristócrata. Aún hoy, aunque he estudiado otras figuras y temas, no puedo evitar una especial atracción por los vampiros. Aún conservo ese libro. Es el origen de muchos proyectos en que me he embarcado en tiempos recientes, de muchas satisfacciones e inmensas dichas. Me cuesta comprender cómo muchas madres de nuestros días censuran el deseo de sus hijos por leer obras como las que acabo de mencionar. Temen “descomponerlos”. Yo creo que, por el contrario, les beneficiarían. Les permitirían conocer, a través de metáforas, los dos lados de la moneda, el bien y el mal, elección natural que conforma nuestra personalidad y valores. ¿Cuántos de nosotros tenemos el privilegio de ser fieles a nuestras obsesiones infantiles? No permanecer en esa etapa, sino incorporar ese sentir en la vida adulta, conservar la magia y la inocencia, la capacidad de asombrarnos ante lo maravilloso. Ese es el antídoto perfecto para enfrentar los horrores cotidianos. Soy el niño que deseaba ser bombero y lo logró. Este blog es testimonio de ello.Gracias por seguirme durante un año, por sus inteligentes comentarios que enriquecen este espacio. Espero contar con su compañía durante mucho tiempo porque, como decía la grandiosa Aretha Franklin, the best is yet to come.
jueves, 22 de julio de 2010
Los remakes y la vejez
Cada generación tiene el derecho de reinventar a sus clásicos. Esta es a la vez su obligación, y nos ha entregado maravillosas e incontables reelaboraciones de obras clásicas de William Shakespeare, Joseph Conrad, Henry James o Arthur Conan Doyle. Desafortunadamente, en nuestra época el remake, –en el anglicismo original- se ha erigido como un signo de desgaste para los creativos, una falta de valor para experimentar con nuevas historias, “apostar por el caballo ganador”. También es señal inequívoca de nuestra propia vejez. Uno se vuelve conciente de su edad cuando comienzan a hacerse remakes de las películas que disfrutamos cuando niños. Acaba de estrenarse una nueva versión de Pesadilla en la calle Elm (aunque en el corazón de todos los aficionados siempre será Pesadilla en la calle del infierno), la cual conocí en su forma original en 1984 cuando tenía 11 tiernos años.
una clasificación de los remakes cinematográficos. Pueden conseguir la publicación en su Samborns favorito. Comparto este avance con ustedes luego de ver, por culpa mis compañeros de trabajo, la reelaboración de un clásico de los años ochenta, El Karate Kid. Al terminar sólo pude pensar dos cosas: Jackie Chan no es Pat Morita y éste último debe estar revolcándose en su tumba.


