Estamos instalados en el mes de la Patria. A riesgo de ser tachado de miserable, traidor o descalificativos similares, creo que no hay mucho que festejar por los inminentes bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución mexicanos. La crisis económica, la indolencia de la clase política, la violencia rampante que cunde por el país, el discurso de odio que enarbolan importantes figuras religiosas, restan lustre a estas fiestas tan publicitadas por los medios. El régimen, orgulloso de sus "logros", ha hecho llegar a nuestras casas un libro que conmemora estos episodios de nuestra historia, producido una canción alusiva a las fechas -a la que luego despojaron de reconocimiento oficial- y enviado banderitas tricolores por correo. Las autoridades
pregonan que debemos festejar a bombo y platillo y han destinado a ello cantidades obscenas de dinero. Hasta anunciaron la edificación de monumento cuya construcción estará completada hasta el próximo año. Yo creo que no se debe festejar por el simple pretexto de la ocasión. Los ideales que inspiraron a los próceres -legítimos, vigentes y más que necesarios- están corrompidos por los poderes fácticos de la nación. Pero a final de cuentas, como dijo un "terrorista" de la ficción, para vislumbrar a los verdaderos culpables sólo debemos mirarnos al espejo. Aclaro que no soy mezquino, como ha calificado el Secretario de Educación a todos los que no compartimos su visión artificialmente optimista. Prefiero considerarme realista, y a veces la realidad es terrible.
Porque afortunadamente no todo es malo, celebro la pasión, el entusiasmo y la creatividad de cientos de mexicanos que a lo largo de la historia nos han legado las más diversas e importantes aportaciones a la cultura, a la imaginación y a la inteligencia. Celebro la erudición y la sencillez de mi amigo Vicente Quirarte y sus indispensables ensayos Sintaxis del vampiro, Del monstruo considerado como una de las bellas artes y de la obra de teatro El fantasma del Hotel Alsace. A mi maestro y amigo Ricardo Bernal, la persona que me enseñó que el horror y la fantasía adquieren respetabilidad cuando los estudias de manera seria. A mi también amigo Rafael Aviña, explorador incansable de oscuridades que rebasan las de la sala del cine. A Doris Camarena, creadora e investigadora de las zonas más
Bernardo Couto, Juan Rulfo, Francisco Tario, Jorge Ibargüengoitia, Octavio Paz, Emiliano González, Amparo Dávila, Juan José Arreola, Carlos Fuentes, Carlos Enrique Taboada, José Emilio Pacheco y Guillermo del Toro, todos hijos de este país que posee una capacidad inmensa de brillar. Y sobre todo celebro a ustedes, los lectores de este blog, que demuestran con cada palabra que devoran que ese género menospreciado llamado horror puede hablar de nuestra naturaleza y acercarnos a lo maravilloso.También recordaremos el 2010 por las muertes físicas de Gabriel Vargas, Carlos Monsiváis y Germán Dehesa, pero todos ellos ocupan ya un lugar en la eternidad. Son doblemente inmortales.























